VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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Tamayo3XVIII Jornada Andaluza de Teología (24-26 de noviembre de 2016)
Queridas amigas, queridos amigos
Muchas gracias por invitarme a desarrollar el tema “Hacia un tiempo de síntesis. Dios, Tierra y ser Humano” en la XVIII Jornada Andaluza de Teología. Hasta que no me puse a prepararlo no fui consciente de la complejidad del título primero y de su desarrollo después. De los cuatro temas que se tratan en estas Jornadas, quizá sea el más denso y difícil de abordar, ya que requiere un tratamiento en el que han de intervenir diferentes disciplinas. Es un tema que no puede tratarse a la ligera, pero tampoco con un grado tal de abstracción que aleje del objetivo de estas Jornadas, que es escuchar el triple grito: el de la Tierra maltratada y explotada irrespetuosamente por los seres humanos, el de los Pobres, convertidos en desechos humanos y el del Dios sensible a los dos gritos anteriores, a los que responde solidaria y liberadoramente. Intentaré, por tanto, hacerlo lo más asequible posible, pero sin caer en simplificaciones. Creo responder así a la invitación.

La exposición se desarrolla en cinco partes. Primero analizaré algunos de los fenómenos más importantes que impiden o dificultan la síntesis entre Dios, la Tierra y la Humanidad. A continuación haré una reflexión, con base en la filosofía, sobre los tres elementos que componen la realidad. En tercer lugar intentaré fundamentar teológicamente la síntesis Dios-Tierra-Humanidad teniendo en cuenta el análisis que hace la encíclica Laudato Si. Posteriormente expondré las líneas fundamentales de una visión unitaria de los tres elementos siguiendo algunos documentos claves en esta materia: la Carta de la Tierra y la Declaración del Bien Común de la Tierra y la Humanidad y la Laudato Si. Terminaré con la propuesta de la necesidad de un diálogo intercultural, interreligioso y eco-humano como mediación necesaria para conseguir la síntesis entre los tres elementos y como respuesta, por nuestra parte, a los tres gritos y gemidos.

I. FACTORES QUE IMPIDEN LA SÍNTESIS ENTRE DIOS, LA TIERRA Y LA HUMANIDAD
Creo necesario partir de la realidad y analizar aquellos factores o fenómenos que dificultan, impiden o frustran la síntesis a la que hace referencia el título de esta conferencia. No me es posible hacer un análisis exhaustivo de los mismos. Me centraré en aquellos que considero más importantes y que vosotrxs podéis ampliar en los trabajos de grupo: teocentrismo, antropocentrismo, patriarcado, fundamentalismo, imperialismo, capitalismo, xenofobia y racismo, cientismo y dualismos. Resumo a continuación las características de cada uno de estos fenómenos

1. Teocentrismo
– Dios en el centro, como Señor absoluto, protagonista único de la historia y de la naturaleza.
. Dios, rival del ser humano.
– Defensa de los derechos divinos frente a los derechos humanos.
– Dios es caracterizado con los atributos de la Omnipotencia, Omnisciencia, Omnipresencia y Providencia y en alianza con los poderosos.
– La Tierra es creación-criatura de Dios y debe estar sometida a su voluntad
– El Ser humano es criatura de Dios, sin proyecto propio.
– Dios se presenta con caracteres masculinos.
– El Dios de las religiones monoteístas es universal.

2. Antropocentrismo
– Dios es desplazado y colocado en los márgenes.
– El ser humano ocupa el lugar de Dios, se encuentra en el centro y se convierte en dueño y señor del universo.
– Defensa de la dignidad y de los derechos humanos en detrimento de la dignidad y de los derechos de la Naturaleza
– La Naturaleza es propiedad del ser humano, que puede usar y abusar de ella a capricho, explotarla y depredarla.
– La relación del ser humano con la Tierra es de sujeto a objeto, no de sujeto a sujeto.

3. Androcentrismo-Patriarcado
– Es un sistema social de dominación del varón basado en la masculinidad hegemónica en todos los ámbitos: políticos, sociales, culturales, familiares, económicos…
– Defiende y justifica la inferioridad, desigualdad, subordinación y discriminación de las mujeres con base en la naturaleza (naturalización de las desigualdades)
– Establece una socialización diferente de los niños y de las niñas y una división sexual el trabajo.
– Practica la violencia contra las mujeres como instrumento sistemático y estructural de dominación.
– Elabora una ética sexista basada en los “valores” patriarcales e impone a las mujeres una moral caracterizada por estos comportamientos: soportar, aguantar, perdonar, sacrificarse por y cuidar de.

4. Fundamentalismo
– Tiene su origen religioso de la palabra y se extiende a otros campos. Por eso puede hablarse de fundamentalismo religioso, político, étnico-cultural, económico, etc.
– Absolutiza lo relativo.
– Eterniza lo histórico.
– Simplifica lo complejo.
– Universaliza lo participar.
– Generaliza lo local.
– Niega la diversidad y e impone la uniformidad.
– Niega toda posibilidad de interpretar los textos sagrados, los descontextualiza, los entiende en su sentido liberal y los considera válidos y normativos en todo tiempo y lugar.

5. Imperialismo, sistema de dominación política
– Genera el colonialismo.
– Niega la igualdad dignidad de los seres humanos
– Establece una jerarquía entre los pueblos: superiores e inferiores, civilizados y bárbaros.
– Discrimina a las personas y a los pueblos en función de la etnia, la cultura, la lengua, el color de la piel, la geografía, las costumbres.
– Desprecia los valores de los pueblos originarios.

6. Xenofobia y racismo
– Rechaza al diferente, a los otros, a las otras.
– Considera la nacionalidad como único criterio de ciudadanía y de reconocimiento o negación de los derechos humanos: los reconoce a los nacionales, los niega a los extranjeros, quienes son tratados como ciudadanos de segunda, de tercera o como no ciudadanos.
– Exige la asimilación a la cultura nacional y la renuncia a la cultura del inmigrante.

7. Capitalismo
– Sistema de dominación económica que niega los tres elementos de la realidad: Tierra, Dios, Ser Humano.
– Es y actúa como una religión monoteísta que sustituye a Dios por el Capital, a quien rinde culto de manera permanente y por cuya defensa provoca guerras.
– El protagonismo en las relaciones humanas lo tiene el mercado: educación mercantil, ocio convertido en negocio. La vida se reduce a mercado
– Considera al ser humano solo como homo oeconomicus, sin espíritu, ni conciencia moral.
. Niega la fundamentación antropológica y la universalidad de los derechos humanos y los reduce a uno solo el de propiedad: quienes más riqueza acumulan, más derechos tienen. La única fundamentación de los derechos humanos que reconoce la económica.
– Se rige por la razón instrumental, económica, mercantil, contante y sonante.
– No considera la Tierra como casa común y bien común, sino como propiedad privada, objeto de explotación y depredación.
– Se muestra insensible al sufrimiento eco-humano.

8. Cientismo
– Modelo de conocimiento que considera la ciencia como única y exclusiva candidata a la verdad.
– Impone dictatorialmente su método de acercamiento a la verdad a todos los campos del saber y del conocimiento humano.
– Impone el modelo de desarrollo científico-técnico de la modernidad como único válido para todos los pueblos.
– Desprecia y niega valor a los saberes que no se atienen al saber científico.
– Conocer es poder y dominio sobre la naturaleza.

9. Dualismo
– Entiende la realidad formada por dos elementos separados, independientes, jerarquizados, con superioridad de uno sobre otro, en conflicto y oposición: cuerpo/alma, materia/espíritu, cielo/tierra, trascendencia/inmanencia, sagrado/profano, divino/humano, más alalá/más allá, individuo/comunidad, persona/sociedad, masculino/femenino

II. FUNDAMENTACIÓN FILOSÓFICA DE LA SÍNTESIS DIOS-TIERRA-HUMANIDAD: HACIA UNA SUPERACIÓN DEL DUALISMO Y LA BIPOLARIDAD

A continuación expongo la fundamentación filosófica de la síntesis Dios-Tierra-Humanidad, inspirándome en la obra de Raimon Panikkar La intuición cosmoteándrica (Trotta, Madrid, 1996). Sustituyo el concepto “cosmoteándrico”, que tiene carácter patriarcal por “teo-antropo-cósmico”. No se trata de una sutileza puramente lingüística, sino de ser coherente con mi compromiso intelectual en el uso de un lenguaje inclusivo.

El carácter holístico de la realidad reconoce la existencia de tres elementos que conforman una unidad diferenciada, pero no jeraquizada y menos aún en oposición. Tal concepción pretende superar tanto la reducción de la realidad a un solo elemento como la esquizofrenia o bipolaridad del dualismo. Reconoce la complejidad de lo real y la existencia de grados en ella. Lo real no es una tabla rasa, sino que tiene muchos pliegues, muchas partes no superpuestas o yuxtapuestas, sino relacionadas esencialmente con el todo.

“Un alma sin cuerpo –afirma Panikkar- es ujna pura entelequia; un cuerpo sin alma es un cadáver; la voluntad sin razón es una mera abstracción, y la arzón sin voluntad, una construcción artificial de la mente…Un ser puramente inmaterial es una abstracción, tanto como lo es un ser exclusivamente. El espiritualismo monista es algo tan unilateral como el materialismo monista… No existe ningún alma incorpórea ni dioses desencarnados, así como no existe materia, energía, ni Mundo espacio-temporal sin las dimensiones conscientes y divinos. Sin la dimensión espacio-temporal, la realidad no existiría. Todo sería un sueño de un soñador inexistente. Sin la materia y la energía, sin el espacio y el tiempo, el pensamiento y el discurso humanos serían imposibles” y “Dios y la conciencia carecerían de sentido y serían la nada absoluta” (p. 81.87).

Analicemos a continuación los tres elementos de la realidad.
1. Todo ser tiene una dimensión trascendente e inmanente, trasciende todo, incluso a sí mismo. Es inagotable, insondable, no tiene límites. Tal dimensión de la realidad no es una estructura que superponga a todo ser, sino que es un principio constitutivo de todas as cosas.
2. Todo ser es pensable y está relacionado con el conocimiento humano. Es la dimensión constitutiva de la conciencia que tiene todo ser.
3. Todo ser está en el mundo, comparte su secularidad y está en contacto con la tierra. La dimensión cósmica es constitutiva del ser.

III. FUNDAMENTACIÓN TEOLÓGICA DE LA SÍNTESIS

La encíclica Laudato Si. Sobre el cuidado de la Casa Común, del papa Francisco, ofrece una fundamentación teológica de la síntesis Dios-Tierra-Humanidad, partiendo de los relatos de la creación del Génesis. Del relato bíblico del Génesis se deduce la existencia de tres relaciones vitales del ser humano: con Dios, con el prójimo y con la tierra (n. 66), relaciones que se rompen por el pecado, se tornan conflicto del ser humano con la tierra (Gn 3, 17-19) y a las que Francisco de Asís devuelve la armonía con su canto a las criaturas. Las manifestaciones del pecado que provoca la triple ruptura son hoy: el carácter destructivo de las guerras, las diversas formas de violencia y maltrato, el abandono de los más frágiles y los ataques a la naturaleza (n. 66).

La encíclica cree que se ha producido una incorrecta interpretación e inadecuada aplicación, por parte de los cristianos, de la expresión bíblica “dominad la tierra”, al presentar al ser humano como dueño, señor y dominador absoluto de la tierra y de todas las criaturas. Distingue dos tradiciones en el Génesis: a) aquella en la que Dios encarga al ser humano la tarea de dominar la tierra, interpretada como dominio absoluto: es la fuente sacerdotal (Gn 1, 28-30); b) la invita a “labrar y cuidar” el jardín (Gn 2,15). Es esta la que privilegia la encíclica: cíclica: “Mientras ‘labrar’ significa cultivar, arar o trabajar, ‘cuidar’ significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza” (n. 67).
Hace una crítica del antropocentrismo en sus diferentes modalidades:
-del antropocentrismo moderno porque “paradójicamente ha terminado colocando la razón técnica sobre la realidad” (n. 115) y dañando toda referencia común y todo intento por fortalecer los lazos sociales (n. 116).
– de la presentación inadecuada de la antropología cristiana que pudo respaldar una concepción equivocada sobre la relación del ser humano con el mundo, llegando a transmitir “un sueño prometeico de dominio sobre el mundo que provocó la impresión de que el cuidado de la naturaleza es cosa de débiles” (n. 116)

– del antropocentrismo despótico (n. 68).
Tras la crítica del antropocentrismo, la encíclica reconoce el valor de las cosas por sí mismas, no en relación con el ser humano, ni subordinándolas a su interés, ni permitiendo sul uso caprichoso y arbitrario (n. 69).
Basándose en la tradición bíblica, la encíclica exige a los seres humanos asumir la responsabilidad ineludible para con la tierra, que concreta las siguientes actitudes y prácticas:
.- respetar las leyes de la naturaleza y los equilibrios entre los seres del cosmos y cuidar no solo de los seres humanos, sino también de los demás seres vivos, p. e., atender al asno o al buey del hermano caído en el camino, no tomar a la madre echada sobre los pichones o sobre los huevos, que encontremos en el camino (Dt 22,4.6).

-. Conceder un día de descanso semanal de los animales domésticos junto con el ser humano.
.- Dar descanso a la tierra cada siete años (Lv 5, 1-4).
– Celebrar el Jubileo cada 49 años, como año del perdón universal, del restablecimiento de la justicia, del reajuste de la propiedad, del reparto equitativo de los bienes, del reconocimiento de que el don de la tierra con sus frutos pertenece al pueblo y de que los frutos de la tierra tienen que compartirse con las personas más vulnerables: pobres, huérfanos, viudas, extranjeros (Lv 19, 9-10) (n. 71) .

La laudato Si, en fin, reconoce el derecho de la tierra a ser feliz. Me parece una idea luminosa que no se he nunca expuesta en documento alguno del alto magisterio eclesiástico

IV. DE LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS A LA CARTA DE LA TIERRA Y A LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DEL BIEN COMÚN DE LA MADRE TIERRA Y DE LA HUMANIDAD

Hoy convergen diferentes crisis de carácter planetario y todas ellas entrelazadas: alimentaria, ecológica, financiera, política, ética, económica, etc., que amenazan gravemente el futuro de la Tierra y de la Humanidad. Una respuesta a dichas crisis planetarias se encuentra en la Carta de la Tierra, la encíclica Laudato Si. Sobre el cuidado de la Casa Común y la Declaración Universal del Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad. Esta última fue aprobada en la Asamblea General de la ONU durante el periodo 2008-2009 icbajo la responsabilidad del representante de Nicaragua el ex ministro Miguel d’ Escoto, que ocupó durante ese periodo la presidencia. tras numerosas consultas a científicos, políticos, politólogos e intelectuales. La Declaración supone un avance significativo sobre la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU de 1948.

La Declaración de 1948 se centraba en el reconocimiento de la dignidad y de los derechos humanos con total desconocimiento y absoluto silenciamiento de los derechos de la Tierra. Respondía a la cosmovisión occidental, como revelan su formulación conceptual y su antropología, su cosmovisión y su concepción universalista formal y abstracta. Durante los más de sesenta años de vigencia, se ha aplicado selectivamente en perjuicio de los pueblos, las comunidades y los sectores empobrecidos de la Humanidad, y se ha transgredido de manera de manera sistemática, no sólo en el plano individual, sino también, y de manera muy acusada, en el estructural e institucional, con frecuencia con el silencio cómplice e incluso con la colaboración necesaria de los organismos nacionales, regionales e internacionales encargados de velar por su cumplimiento, la mayoría de las veces para proteger intereses del Imperio y de las empresas multinacionales bajo el paraguas de la globalización neoliberal. Pareciera que los derechos humanos fueran todavía la asignatura pendiente o, en palabras del premio Nobel portugués José Saramago, la utopía del siglo XXI.

Efectivamente, como ya veíamos, el capitalismo en su versión neoliberal niega toda fundamentación antropológica de los derechos humanos, los priva de su universalidad, que se convierte en mera retórica tras la que se esconde la defensa de sus intereses, y establece una base y una lógica puramente económicas para su ejercicio: la propiedad privada, el poder adquisitivo y la acumulación de bienes. En la cultura neoliberal los derechos humanos tienden a reducirse a los títulos de propiedad. Sólo quienes son propietarios, quienes detentan el poder económico, son sujetos de derechos. Cuantos más poder adquisitivo, más derechos.

Es especialmente en el Tercer Mundo donde resulta más llamativa y creciente la contradicción entre las declaraciones formales de los derechos humanos y la negación real de los derechos humanos. La supuesta universalidad de los derechos humanos y sociales, y su aparentemente sólida fundamentación no se compaginan con su transgresión permanente en las mayorías populares del Tercer Mundo y los sectores marginados del Primer Mundo.

La Declaración Universal del Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad constituye un cambio de paradigma, que responde a la nueva conciencia plantearía y ecológica de la humanidad. Es el paso de la centralidad del ser humano en la vida del planeta y de su consideración como dueño y señor absoluto, único actor en la historia y en la naturaleza, a la consideración de la Tierra y de la Humanidad como sujetos interdependientes, que no mantienen relaciones de rivalidad, sino de interactividad dinámica y simétrica; el paso del modelo antiecológico de crecimiento de la Modernidad a un modelo sostenible de desarrollo eco-humano,. Ya no son solo la dignidad y los derechos humanos los que hay que proteger, sino el Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad.

Según la Declaración, la Tierra y la Humanidad forman una única entidad, compleja y sagrada y poseen un destino común, que hoy se ve amenazado de destrucción por la irresponsabilidad de los seres humanos. La Tierra es nuestro hogar común y la Humanidad es “parte de la comunidad de vida y el momento de conciencia y de inteligencia de la propia Tierra haciendo que el ser humano, hombre y mujer, sea la misma Tierra que habla, piensa, siente, ama, cuida y venera”.

Durante la Modernidad, se impuso el contrato social en detrimento del contrato con la naturaleza, que dio lugar al antropocentrismo y que generó un foso cada vez más profundo entre ricos y pueblos. La Declaración cree necesario articular el contrato social con el contrato natural, la dignidad de la Tierra con la de los seres humanos, la justicia ecológica con la justicia económica, la igualdad ecohumana con la equidad de género, los derechos de las personas con el interés colectivo de la humanidad.

Pertenecen al Bien Común de la Humanidad y de la Tierra:
– la diversidad biológica y la multiplicidad de culturas, lenguas, religiones, tradiciones éticas, caminos espirituales, filosofías, sabidurías, saberes, artes y técnicas.

– la hospitalidad y acogida de unos a otros como habitantes del hogar común de la Tierra; la sociabilidad y convivencia pacífica de todos los seres humanos y los seres de la naturaleza; el respeto a las diferencias como expresión de la riqueza humana, diferencias que no deben desembocar en desigualdades; la reconciliación entre los pueblos y las personas y la eliminación de toda forma de violencia, odio y venganza; la utopía de la comensalidad, que consiste en sentarse juntos en torno a la mesa común sin exclusiones, para compartir los frutos de la Tierra; la búsqueda de la paz entendida como relación armónica del ser humano consigo mismo, con sus congéneres, con la sociedad nacional e internacional, con la naturaleza y con el gran Todo; el bien vivir, que no ha de confundirse con el vivir mejor a costa de los otros.

La Laudato Si subraya la concepción holística del cosmos. Todo está relacionado (n. 70). Por eso deben compaginarse el cuidado de la tierra y el cuidado de los seres humanos, la justicia económica y la justicia ecológica, y debe evitarse tanto la violencia contra el prójimo como la violencia contra la naturaleza. “Todo está relacionado…, el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás” (n. 70).
La encíclica establece una íntima relación entre la pobreza de numerosos sectores de la Humanidad y la fragilidad de la Tierra, la degradación humana y la ambiental, el análisis de los problemas ambientales y el de los contextos humanos, la interacción entre los ecosistemas y las estructuras sociales, la preocupación por la justicia y la opción por los pobres y la preocupación por la naturaleza, la paz interior y el compromiso con la sociedad. El funcionamiento de las instituciones sociales tienen consecuencias en el ambiente y la calidad de vida.

El papa Francisco en su encíclica afirma que La inequidad afecta a países enteros y obliga a pensar en una ética de las relaciones internacional, que ha traducirse en una solidaridad internacional (n. 51). Es necesario fortalecer la conciencia de ser una sola familia humana, eliminando fronteras políticas y sociales y evitando la globalización de la indiferencia (n. 53).
Recuerda, a su vez, que el Norte tiene contraída una deuda ecológica con el Sur, que no paga, mientras que obliga a los pueblos pobres a pagar la suya. Exige al Norte que la pague limitando su consumo de la energía no renovable y aportando recursos a los países más necesitados con políticas de desarrollo sostenible (n. 52).

La Carta de la Tierra llama a los humanos a identificarnos con toda la comunidad terrestre y con nuestras comunidades locales y a asumir nuestra responsabilidad, tanto universal como local, en el sufrimiento eco-humano provocado por el desarrollo científico-técnico de la modernidad, y el modelo económico capitalista bajo la ideología neoliberal y el patriarcado.

V: DIÁLOGO INTER-CULTURAL, INTER-RELIGIOSO Y ECO-HUMANO

¿Cómo lograr el tiempo de síntesis? Mi propuesta es a través del diálogo intercultural, inter-religioso y eco-humano.
En este terreno hay que evitar el monólogo, que consiste en:
– Hablar nosotros solos, sin escuchar los gritos de sufrientes de la historia y de la naturaleza, sin escuchar la voz de Dios que habla en el silencio ni los gritos de dolor de la tierra.
– Hablar de Dios y pensar a Dios, sin hablar ni dialogar con él.
– Hablar del prójimo, sin escuchar al prójimo ni dialogar con él.
– Hablar de la Tierra, sino hablar con ella.

Es necesario el diálogo entre culturas, pero sin diálogo entre religiones, puede resultar ineficaz. Es necesario el diálogo de religiones, pero sin diálogo entre culturas, desemboca en endogamia. Ambos diálogos sin diálogo con la sociedad se torna monólogo. Los tres diálogos sin lucha por la justicia es vacío y su alianza contra la pobreza es estéril.
Los diálogos anteriores sin diálogo eco-humano, sin defensa de los derechos de la naturaleza, sin reconocimiento de su dignidad, desembocan en dictadura de los seres humanos sobre el planeta. El resultado del diálogo con la naturaleza es la afirmación de la vida.

Termino con el poema “Decidme cómo es un árbol”, de Marcos Ana, ejemplo de diálogo con la naturaleza, que quiere ser también un homenaje al poeta humanista, revolucionario, ecologista y místico laico Marcos Ana, que acaba de fallecer, me regaló unos días antes de su muerte me regaló su obra “Sino sangriento. Homenaje, a voz ahogada, para Miguel Hernández, escrito y realizado en el penal de Burgos. Otoño 1960”, con esta dedicatoria: “Para Juan José Tamayo. Salud y República en 2017”. Quizá fue muy optimista poniendo fecha tan cercana a la III República, pero le tomamos la palabra y vamos a luchar por ella”. La cita de este poema con que termino mi conferencia quiere ser un homenaje a él:

Decidme como es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire
recítame un horizonte
sin cerradura y sin llave
como la choza de un pobre
decidme como es el beso de una mujer
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo
Aún las noches se perfuman de enamorados
que tiemblan de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa?
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa
22 años, ya olvido
la dimensión de las cosas
su olor, su aroma
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque,
digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.
Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron,
no puedo seguir
escucho los pasos del funcionario.

Preparando esta conferencia y leyendo a Marcos Ana he descubierto la importancia del diálogo eco-humano, es decir con la naturaleza. Razón de más para daros las gracias por invitarme. Como dice Marcos Ana en su dedicatoria, Salud y República
Buenas tardes.
Málaga, 25 de noviembre de 2017

   
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