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Tamayo3Sus últimos libros son: Religión, género y violencia (Dykinson, 2019, 2ª ed.); De la Iglesia colonial al cristianismo liberador en América Latina (Tirant lo Blanch, València, 2019).
El 12 de marzo participé en Lima en el Seminario Internacional “Liderazgo de la mujer: política y libertad religiosa” organizado por la Dirección de Política de Derechos Humanos y la Dirección de Asuntos Interconfesionales del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos del Perú y moderado por María Esperanza Adrianzén, directora de Asuntos Interconfesionales. En él intervinimos el viceministro Fernando Castañeda: Laura Vargas, secretaria ejecutiva del Consejo Interreligioso del Perú; Jisen Oshiro, líder la Comunidad Budista soto Zen en el Perú; Ana Jara, Notaria Pública y ex Presidenta del Consejo de Ministros y yo mismo. Resumo a continuación mi intervención en dicho Seminario.

Uno de los campos de análisis de las investigaciones feministas es el discurso androcéntrico, la organización patriarcal de las religiones y la exclusión de las mujeres del liderazgo en los diferentes ámbitos de la vida religiosa: doctrinal, moral, institucional. Es por eso que considero necesaria la elaboración de una teoría crítica feminista de las religiones, cuyas líneas programáticas voy a trazar a continuación.

1. Las religiones nunca se han llevado bien con las mujeres –tampoco hoy-, que son las eternas olvidadas y las grandes perdedoras y a quienes no se les reconoce como sujetos morales, ni como sujetos religiosos y menos aún como sujetos teológicos.
2. En las religiones impera la masculinidad sagrada patriarcal, que es necesario de-construir.

3. Las mujeres son reducidas a seres inferiores, con frecuencia se convierten en servidoras e incluso en esclavas de los dirigentes religiosos, y sus cuerpos y sus mentes son colonizados.
4. Las instituciones religiosas han ejercido todo tipo de violencia contra las mujeres: física, psicológica, religiosa, sexual, moral, simbólica, etc.
5. Sin embargo, las mujeres son las más fieles seguidoras de los preceptos religiosos, las mejores educadoras de las niñas y los niños en las diferentes creencias religiosas, y las que, por paradójico que parezca, mejor reproducen la estructura patriarcal de las religiones. Y ello no por propia iniciativa, sino por la orientación religiosa de sometimiento en la que han sido educadas.

6. Pero cada vez es mayor el número de mujeres que se rebelan contra las religiones o mejor, contra los dirigentes religiosos, sin abandonar el espacio religioso. La rebelión tiene lugar tanto a nivel personal como colectivo, tanto en el interior de las religiones como en la sociedad.
a) A nivel personal, viven la experiencia religiosa desde su propia subjetividad, sin tener que recurrir a la mediación de los varones y transgreden conscientemente las normas y orientaciones en materia de sexualidad, relaciones de pareja, planificación familiar, opciones políticas, etc., que les impone el patriarcado religioso. Y lo hacen sin conciencia de culpa.

b) En el interior de las religiones crean movimientos y asociaciones de mujeres que se organizan autónomamente sin dependencia de las autoridades religiosas masculinas, e incluso enfrentadas con ellas: Unión de Mujeres Musulmana (UMME, Mujeres y Teología, Asociación de Teólogas Españolas (ATE), Católicas por el Derecho a Decidir, Mujeres Sacerdotes en la Iglesia Romana) y elaboran su propia reflexión teológica y moral.

c) Reivindican su protagonismo en el acceso a lo sagrado, sin la mediación de los varones, la representación femenina de la divinidad, la toma de decisiones en cuantas cuestiones importantes afectan a las religiones y a la vida de las mujeres. Reclaman el ejercicio del poder y la asunción de responsabilidades en las mismas condiciones que los varones.
d) Denuncian las agresiones, las humillaciones, las esclavitudes y los abusos de los que son objeto por parte del clero: laborales, sexuales, morales, etc. Afirman con María Zambrano: “Prefiero una libertad peligrosa a una servidumbre tranquila”.

e) En la sociedad participan activamente en los movimientos feministas, apoyan sus reivindicaciones y están presentes en las ONG’s y movimientos sociales como expresión de la convergencia de las luchas por el reconocimiento de la dignidad y libertad de las mujeres en las religiones y las luchas por su emancipación mujeres y el compromiso en defensa de los sectores más vulnerables de la sociedad.
Ejemplo de dicha participación ha sido la importante presencia de mujeres y colectivos religiosos femeninos en las manifestaciones de 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Ese día un grupo de monjas sumó a la huelga feminista, que consideran su huelga. Y ello para denunciar el patriarcado y el machismo institucional que sufren las mujeres en la Iglesia católica y en la sociedad, poner fin a la pobreza de las mujeres y a la violencia contra el cuerpo de las mujeres y “tejer sororidad y visibilizar que las mujeres queremos cambiar el mundo”.

f) Responden con argumentos éticos y religiosos a los mensajes homófobos, machistas y patriarcales de partidos y organizaciones de extrema derecha, a las acusaciones de “feminazis” y “supremacistas feministas”, a las falsas noticias que transmiten y al negacionismo de la violencia machista contra las mujeres. Siguen el consejo de Simone de Beauvoir: “No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Esos derechos nunca se dan por adquiridos. Debéis permanecer vigilantes durante toda vuestra vida”.

7. Fruto de esta rebelión ha surgido una nueva manera de vivir y de pensar la fe religiosa desde la propia subjetividad de las mujeres en las diferentes religiones, sobre todo cultivada por mujeres: la teología feminista, que:
a) Parte de las experiencias de sufrimiento, lucha y resistencia de las mujeres contra el patriarcado y sus diferentes manifestaciones.
b) Recupera la memoria subversiva de las antepasadas empoderadas que han sido olvidadas o condenadas por las instituciones religiosas y que hicieron avanzar la historia hacia la libertad de los oprimidos y la emancipación de las mujeres

c) Reescribe la historia de las religiones desde la perspectiva de género deconstruyendo las figuras, prácticas y masculinidades sagradas patriarcales, y dando voz y protagonismo a las mujeres silenciadas por el patriarcado religioso.
d)  A la luz de la redefinición de la identidad y las funciones de las mujeres en las religiones, redefine la identidad y las funciones de los varones, citica las masculinidades hegemónicas y sagradas que consideran a los varones intérpretes únicos de los textos sagrados, referentes de moralidad y garantes del cumplimiento de las normas y códigos morales, y denuncia el recurso del patriarcado a la violencia contra las mujeres.

e) Frente a quienes afirman que “todo feminismo termina siendo un machismo con faldas” (Papa Francisco) y a quienes critican la ideología de género, la teología feminista utiliza las categorías feministas y de la ciudadanía inclusiva para analizar críticamente las estructuras patriarcales y los discursos androcéntricos de las religiones: género, patriarcado, autonomía, igualdad-diversidad, género, pacto entre mujeres, subjetividad, violencia de género, feminización de la pobreza, cuerpo/corporalidad, división sexual del trabajo, acción positiva, genealogía/historia de las mujeres, autonomía/justicia procreativa, feminismo decolonial, derechos sexuales y reproductivos, teoría queer, crítica de la razón patriarcal, diversidad sexual, crítica de las masculinidades hegemónicas y sagradas, democracia paritaria, fraternidad-sororidad (Luisa Posada), empoderamiento, etc.

f) Lucha contra la concepción patriarcal de la Divinidad por amor a la Deidad más grande, según la teóloga alemana Dorothee Sölle, que traduce la expresión del maestro Eckhart “por eso pido a Dios que me libre de Dios”, “como “por eso pido a Dios que me libre del Dios de los varones”1. La propia teóloga alemana se pregunta indignada:

“¿Por qué los seres humanos adoran a un Dios cuya cualidad más importante es el poder, cuyo interés es la sumisión, cuyo miedo es la igualdad de derechos. ¡Un ser a quien se dirige la palabra llamándole ‘Señor’, más aún, para quien el poder por sí solo no es suficiente, y los teólogos tienen que asignarle la omnipotencia! ¿Por qué vamos a adorar y amar a un Ser que no sobrepasa el nivel moral de la cultura actual determinada por varones, sino que además la desestabiliza?”2.
g) La lucha contra la concepción patriarcal de la Divinidad requiere des-masculinizar la Divinidad, des-virilizarla, ya que como afirma la intelectual feminista Mary Daly, “Si Dios es varón, el varón es Dios”. Y la divinización del varón desemboca en opresión de las mujeres y de los sectores más vulnerables. Peor todavía, el patriarcado religioso legitima el patriarcado político, que convierte a las mujeres en personas subalternas, inferiores, dependientes, sin identidad personal.

   
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