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ccpCastillo2Querido Pepe:
Me han pedido que en nombre de Comunidades Cristianas Populares de Granada diga unas
palabras en este acto en el que todos queremos mostrarte nuestro cariño y nuestro
agradecimiento por todo lo que has significado a lo largo de muchos años y continúas
significando para nosotros hoy también. En mi caso concreto, y claro está en el de Tere, tuvimos
la suerte de conocerte poco después de nuestra llegada a Granada en un grupo a través del cual
llegamos a conocer CCP.

Por aquellos días publicaste tu libro “Símbolos de Libertad” y en
nuestra copia nos regalaste una dedicatoria que decía: “A Tere y Pío, los de la hora de nona y
amigos ya, con mi afecto y amistad, Pepe Castillo” y está fechada el 31 de Enero de 1981. Va a
hacer ya cuarenta años que gozamos de tu afecto y amistad porque cuando tu los das, uno puede
estar seguro de que, por tu parte, es para siempre. Hay aquí hoy personas que seguramente son
de sexta, o tercia o laúdes, personas mas cualificadas que yo para agradecerte tu permanente
afecto y amistad, pero ya que ellas lo han querido así, reconozcamos que cuarenta años no es un
tiempo corto para poder expresar en nombre de todos nuestro cariño y nuestro agradecimiento.
Muchos nos han envidiado, y con razón, porque los de Granada – solían ellos decir – teníamos a
Pepe Castillo.

En parte, decir eso era falso, porque tu has sido de todos y has estado disponible
para todos los que han llamado a tu puerta. Pero en parte es verdad, porque tu has tenido tus
raíces en Granada y ello ha permitido que fuéramos los de Granada quienes hemos disfrutado,
en nuestras eucaristías en nuestros encuentros y en tus charlas, de tu saber, de tu sinceridad, de
tu honestidad con el Evangelio, pero sobre todo de tu presencia. Porque nos has ayudado a
saber ser críticos, a quitar los miedos, a disfrutar de la vida como algo que también Dios quiere y a buscar en Jesús esa humanidad que El supo hacer realidad y que nos interpela desde un fondo
que la hojarasca de veinte siglos de historia han añadido y con frecuencia impide escuchar su
mensaje. Tu nos acercaste a la realidad de América Latina y en particular del Salvador; mis hijos
recuerdan, aún sobrecogidos, tu relato sobre Ellacuría y quienes con él sufrieron el zarpazo del
odio y la injusticia.

Contigo hemos celebrado bautismos en arroyos de nuestra preciosa sierra,
contigo hemos aprendido a vivir los símbolos de libertad, contigo hemos llorado la marcha de
nuestros santos, pues ellos son nuestro modelo de referencia: Diamantino, Pilar Traver, Miguel
López y muchos otros que no quiero empezar a enumerar por miedo a olvidar injustamente a
alguno. Contigo sufrimos el desprecio a tu trabajo por parte de una jerarquía que, encastrada en
sus propios privilegios, no supo ver el valor de la honestidad intelectual que siempre te ha
caracterizado.

Contigo nos alegramos el día que la Universidad de Granada te concedió el título
de Doctor Honoris Causa; no era poco que fuera la Universidad quien sabía valorar lo mucho que
nos habías dado a todos, aunque aquellos a quienes mas habías dado no supieran nunca
agradecerlo. Me equivoco, nos llenamos de alegría cuando el Papa Francisco te llamó y te dijo lo
mucho que apreciaba tu trabajo y ahora nos llena de esperanza leer tu nombre en la lista de
teólogos que participan en la plataforma de apoyo a Francisco y que habéis llamado “Teología
para una Iglesia en salida”.

Déjame terminar con algo mas personal, ya que a esto se arriesgaban
quienes me pidieron estas palabras. Nunca olvidaré el tiempo en que juntos preparamos y
llevamos cabo aquel Master puntual que la Universidad de Granada ofreció sobre “Ciencias de
las Religiones”. Creo que a partir de entonces nos conocimos y apreciamos mas, si es que cabía.
Fue una buena idea y tiempos vendrán que, quizás con mas suerte y apoyo, otros podrán dar a
esa idea la estabilidad y continuidad que merece.

Aquí acabo, Pepe. Los CCP de Granada hemos vivido, reído y llorado contigo, hemos compartido
alegrías y tristezas, son experiencias que solo pueden generar cariño y amistad. ¡Nos has dado
tanto! Pero sobre todo nos has dado algo que en mi opinión no tiene precio. Siempre nos has
hecho sentir que somos parte de la Iglesia, críticos sí, pero dentro de ella porque somos Iglesia.
Cómo podemos terminar si no es diciéndote: ¡GRACIAS, MUCHAS GRACIAS, PEPE!

   
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