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Comunidad de base3En su diario del 26 de junio de 1979 (recién asesinado el Padre Rafael Palacios), Monseñor Romero narra acerca de la reunión de la comisión de pastoral. Considera que es la comisión más importante porque “la diócesis vive para la pastoral”. Es una comisión integrada por vicarios, representantes religiosas y los representantes laicos de cada vicaría. Aunque Monseñor Romero asumió como arzobispo de San Salvador en 1977, en su diario escribe que le había dado mucho gusto que “hayan recordado la semana de pastoral de 1975, que es la que ha definido la pauta que actualmente está siguiendo la Arquidiócesis, insistiendo en la formación de comunidades eclesiales de base, en la formación de dirigentes o agentes de pastoral.”

Es de recordar que en su homilía del 21 de mayo de 1978 Monseñor Romero ha dicho: ”Pienso en este instante, en esta comunidad Arquidiócesis, peregrina en estos cuatro departamentos, tan bonita, tan encantadora en su comunidades de base, donde los hombres, los jóvenes, las mujeres, se conocen cada vez más íntimamente y sienten que, en su corazón que los une, está el amor del Padre, la gracia del Hijo y la comunión del Espíritu Santo, Por eso insisto tanto, queridos hermanos, en que haya más y más comunidades eclesiales de base, No es un invento de nuestros tiempos, es la gran necesidad de que los hombres cristianos se conozcan, se amen, vivan juntos concientizándose en esta energía divina.” Y unos meses después, el 10 de septiembre de 1978, dijo:”¡Cómo no me va a llenar el corazón de esperanza una Iglesia donde florecen las comunidades eclesiales de base! ¡Y porqué no voy a pedir a mis queridos sacerdotes que hagan florecer comunidades por todas partes, en los barrios, en los cantones, en las familias!”

Reconocer a Monseñor Romero como Santo de la Iglesia nos exige también reflexionar a partir de la eclesiología de nuestro pastor mártir. En Medellín en 1968, como “recepción” conciliar desde los pobres, el episcopado latinoamericano había dicho que las CEBs son “el primero y fundamental núcleo eclesial, que debe, en su propio nivel, responsabilizarse de la riqueza y expansión de la fe, como también del culto que es su expresión. Ella es pues, célula inicial de estructuración eclesial, y foco de la evangelización, y actualmente factor primordial de promoción humana y desarrollo.” (Medellín 15,10)

El sacerdote brasileño P. José Maríns, gran conocedor y animador de las CEBs en todo el continente durante más de 50 años, escribe1 que para las CEBs es innegociable: “- Mantener como denominador común el hecho de ser una iglesia en salida, signo, fermento, primicia del Reino. – Ser, en medio del pueblo de Dios, un acontecimiento significativo, más que cuantitativo, según la lógica del fermento.

– Contar con una autonomía mínima que les permita realizar la propia misión en sintonía con el conjunto eclesial (como en un cuerpo vivo el corazón, los pulmones, el cerebro, … no sobreviven cuando son aisladas o presionadas para asumir funciones que no las suyas). Las CEBs no pueden, por tanto depender del capricho de las autoridades eclesiásticas de turno que desconocen o violentan la identidad eclesial y función específica de las CEBs, como primer nivel eclesial. – Capacitarse para tener visión global y acción local, haciendo más propuestas que denuncias. Sin confundir rapidez con eficacia. Tampoco cantidad con calidad. – Defender a los más necesitados, identificando, discerniendo y acogiendo sus valores y ayudándolos a ser sujetos de su futuro. – Formar “minarías Abrahámicas” (Helder Camara). – Considerar cómo las ramas de la calabaza se mantienen unidas con sus fuentes de vida, no perdiendo nunca con la tierra, superando los obstáculos girando, si es necesario, sin enredarse sobre si mismas.”

Retomando el dinamismo de la semana de pastoral de 1975 y del liderazgo eclesial profético de Monseñor Romero, puede ser importante que se cree en las diócesis una secretaría especializada en apoyo a y para la promoción de comunidades eclesiales de base. En el 50 aniversario de las CEBs que nacieron desde la Zacamil nuestro arzobispo pidió perdón por el abandono y rechazo que las CEBs hemos sufrido, también de parte de sacerdotes y obispos. Al mismo tiempo constatamos que en muchas parroquias hay semillas comunitarias que pueden sembrarse en la realidad de las y los pobres y que pueden germinar con la luz de una sólida formación bíblica actualizada y la fuente del agua viva que es Cristo presente en los rostros sufrientes del pueblo. Monseñor Romero creyó que las CEBs eran parte fundamental de una verdadera transformación de la Iglesia. No dudemos en dejarnos guiar por el Espíritu para que el pueblo de Dios sea el sujeto del Reino. (22 de julio de 2019)

   
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