images2¿En nombre de quién hablan los obispos españoles …cuando hablan?

Han sido muy comentadas unas recientes declaraciones del secretario de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, en que expresaba sus reservas sobre el proyecto oficial de un Ingreso Mínimo Vital en apoyo de las personas más vulnerables que se prolongara en el tiempo. Pero también el resto de esas declaraciones dan una imagen que no es lo que se esperaría de un seguidor de Jesús de Nazaret

Hablando de los jóvenes y el trabajo reconoce que “niveles de vida ganados por sus abuelos o sus padres difícilmente van a poder sostenerse”. Por ello, considera que “es bueno que oigan una llamada al sacrificio, a la entrega, al trabajo, a no rebajar sus esfuerzos”. Parece un eco del principio de la meritocracia que difunde el neoliberalismo: “Si te esfuerzas y trabajas duro, tendrás éxito” ¿No sería bueno que oyeran también una llamada para trabajar por un mundo más justo, más humano? Sí, sería bueno que la oyeran, pero difícilmente la van a oír de unos obispos que parecen no tener nada que decir ante un mundo cada vez más desigual, más injusto. Ante esta realidad parece que su alternativa es apelar al tradicional ascetismo: Sacrifícate que Dios te premiará en la otra vida.

También aparece una visión muy cuestionable del problema ecológico. Afirma “No hay que convertir a la Tierra en un ídolo porque esta Tierra produce estos virus a los que es necesario combatir”. No, nadie trata de convertir a la Tierra en un ídolo, lo que se pretende es que sea realmente la Casa común. Una Casa Común cuidada de forma que toda la humanidad pueda vivir en ella de una manera digna.  Lo que es un ídolo en la sociedad capitalista es el dinero. Y es el culto al dinero el que maltrata la Tierra, y esa Tierra maltratada es la que produce estos virus. Nos lo advierten los científicos, que nos avisan de que, al invadir los ecosistemas forestales, destruir los hábitats de muchas especies y manipular las plantas y los animales para obtener beneficio económico fomentamos la aparición de nuevas enfermedades. Pero de este ídolo la gran mayoría de nuestros obispos habla muy poco.

Está muy bien el pedir a los grupos políticos que “sacrifiquen sus intereses ideológicos”, y apelar a su papel central en estos momentos, pues “no tiene la misma responsabilidad cualquier ciudadano que los políticos, con la información que reciben, sobre todo los que están en la gestión pública de cada momento”. Está muy bien hacer un llamamiento a la responsabilidad de los políticos, pero ¿y la responsabilidad de la Iglesia? Los seguidores de Jesús de Nazaret ¿no tienen nada que decir cuando desde ámbitos económicos y políticos se prefiere arriesgar la vida humana antes que la economía?

Es positivo que se invite al clero a ejercer la caridad dedicando parte de sus ingresos para atender las graves carencias que tantos y tantas sufren con motivo de la pandemia. Pero sería mucho más necesario hacer un llamamiento a una justa distribución de la riqueza. El Papa Francisco en su encíclica Laudato si nos dice; “El principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes y, por tanto, el derecho universal a su uso es una «regla de oro» del comportamiento social y el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social»”.

Cuando hoy la pandemia ha aumentado extraordinariamente el número de personas que sobreviven de la forma más penosa, el más elemental espíritu evangélico está clamando por una redistribución de la riqueza, de esa riqueza que algunos acumulan sin límites. ¿Son sensibles los obispos a este clamor?

Desde Redes Cristianas nos hubiera gustado escuchar del secretario de la CEE alguna palabra de acompañamiento dirigida a esta sociedad afectada muy fuertemente por el dolor y el miedo; nos hubiera gustado encontrar alguna autocrítica sobre las aportaciones directas que los mismos obispos  están recibiendo del Estado de una manera “demasiado prolongada en el tiempo”; y, también,  alguna propuesta profética capaz de unir el esfuerzo de los cristianos y cristianas españoles en algún proyecto ilusionante que nos ayude a salir de la pandemia siendo mejores personas, más justas y más solidarias. Somos muchos los cristianos y cristianas en España que, frecuentemente, no nos sentimos representados en las palabras y gestos de los obispos. Al no ser elegidos por las comunidades cristianas, sino nombrados desde fuera, les pediríamos que disciernan mejor cuándo y en qué temas están hablando en nombre de las comunidades o en nombre propio. Criticar la mínima justicia que institucionalmente se pretende hacer a los pobres chirría demasiado con la vida y el Evangelio de Jesús.

   
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