VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Después de la triste y muy sublevante comprobación de que, alrededor del año 70, una vez muertos Pedro y Pablo, los “dirigentes” de aquel momento optaron, supuestamente, por cambiar el mensaje cristiano, basado en “hacer el bien”, por un mensaje más moderado, menos comprometido y más fácil, consistente básicamente en “creer”, a pesar de que yo lo tenía clarísimo, intenté asegurarme más.

Conviene no olvidar que el cambio, o “la adaptación a las circunstancias”, se hizo nada menos que falsificando el sermón inicial del apóstol Pedro en su primera exposición pública, en los años 30, a través del libro-montaje “Hechos de los apóstoles”. Y esto se hizo para dar a entender que el modelo “light” que se divulgaba no era nada nuevo, sino que el mismo apóstol Pedro ya lo había planteado así 40 años atrás. ¡Mentira, con toda seguridad!!!

(Y todavía, para decirlo todo, que no quisiera decirlo, tenemos que confesar que la tarea de rebajar (para decirlo de modo suave) al apóstol Pedro…, el mal autor (o autores) llega a atribuirle dos graves crímenes (5: 1-11). ¿Que más le podría haber hecho???)

Se me ocurrió seguir todas las intervenciones orales de Jesús a lo largo de los 4 textos evangélicos, para ver cuántas veces Jesús había aconsejado, pedido, etc., “hacer” y cuántas se había referido más bien a “creer”.
El resultado es el siguiente:
226 intervenciones orales (hago constar que, cuando aparecen varias intervenciones seguidas referidas a una misma escena, he contado solo una; y que no puedo asegurar que no me haya descontado algunas veces, pero el resultado, exacto o muy aproximado, es este).

51 intervenciones aconsejando, directamente o indirectamente, “hacer”: hacer cosas positivas, o, a veces, no hacer cosas negativas.
8 intervenciones aconsejando o pidiendo “creer”. (Las 8 son de Marcos o bien de Juan.)
El resultado es bien claro. Lo importando para Jesús era “hacer el bien”. La creencia ya se daba por supuesta, y, en todo caso, no era lo fundamental.
Pero quisiera precisar una cosa todavía más importante: ¿a qué se refería cuando proponía “creer”?

Expongo las 8 peticiones de creer, una por una:
Creed en la Buena nueva.
Ten solo fe (que tu hija se curará).
Todo es posible a quien cree (ante la posible curación de un chico epiléptico).
Tened fe en Dios (a los apóstoles, ante la dificultad, para ellos, de hacer un milagro).

La obra que Dios quiere es esta: que creáis en aquel que él ha enviado.
Será en provecho vuestro, para que creáis (sobre la resurrección de Lázaro).
Si crees, verás la gloria de Dios (refiriéndose a la resurrección de Lázaro).
Creéis en Dios, creed también en mí.
Algunas se refieren a hechos concretos. Referidas al hecho abstracto de CREER, en Dios o en Jesús, es decir: la forma tradicional y “notable”, la que se ha considerado siempre como básica…, solo habría 4, o, visto todavía con más precisión, solo 2.

Decididamente, Jesús no estaba por creer, sino por hacer. Hacer el bien es el núcleo, el aspecto fundamental, del mensaje cristiano. Creer también, pero no como lo primero, y no como cosa imprescindible. Una persona que haga el bien y no crea es mucho más cristiana que una que “crea”, vaya a misa, etc., si se queda solo con esto.

Pues resulta que los “dirigentes” que, ya desaparecidos los principales apóstoles, debían de ir tomando el mando en las diferentes comunidades, sobre todo las más importantes (Antioquía, Alejandría, Roma, Corinto…), para conseguir relaciones más pacíficas con las estructuras sociales-familiares, fueron adoptando una religión basada en creer en Dios, en Jesús, y en varias creencias, que con el tiempo irían aumentando hasta ser una larga lista, en la asistencia a actos de culto, en la obediencia a los “representantes de Dios”, y en el “consejo” de ayudar a los necesitados.

Esta sería, al correr de los siglos, la versión oficial de una Iglesia rica, poderosa… Siempre acompañada por la versión cristiana, que, en las diferentes épocas, daría lugar a movimientos renovadores, como por ejemplo: cluniacences, cistercienses, carmelitas, valdeses, albigenses o cátaros, franciscanos, dominicos, protestantes, jesuitas… Tras un vacío importante, correspondiente a les efectos del Concilio de Trento, vendrían la JOC y otras organizaciones obreras cristianas (la joya de la corona de la Iglesia más moderna), en Catalunya, ¡tan poco conocidos!, a principios del siglo XX, los llamados “sindicatos del padre Palau”, otros movimientos no tan obreros como Acción católica, parte del escultismo, y sin olvidar nunca los curas-obreros de la Francia de 1950.

Y siempre, siempre, con un mismo denominador común: la versión oficial ha sido la más poderosa y mayoritaria, en buena relación con los otros poderes (que precisamente con este fin se había hecho la “adaptación”).
Y ya últimamente: el Concilio Vaticano II, la corriente de la Teología de la Liberación, en Sudamérica, y dos papas buenos (de un total de ocho papas en poco más de un siglo: 1900-2020). Y ahora mismo, las comunidades cristianas de base, la gran esperanza para la humanidad del futuro. No sé si para la Iglesia, pero sí para la humanidad.

   
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