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A raíz de haber sido condenado un hombre joven por haber prestado su rostro como modelo a Jesús de Nazaret, me pregunto por qué se le niega la libertad de imaginar a su Jesús al igual que lo han hecho miles de artistas a lo largo de la historia.
Pienso que el Jesús de Nazaret del siglo XXI (conviene no olvidar, a quienes creemos en su resurrección, que es El Viviente) sigue siendo el amigo de los pobres, de las gentes sencillas y quizás, en lugar de artesano, ejercería hoy de aceitunero en solidaridad con un joven que, de buena fe, lo ha imaginado con un piercing y ha conseguido un impactante rostro de dolor que incluso supera el original.

Cuenta la leyenda que al gran imaginero castellano Gregorio Fernández, autor de una impresionante talla del Nazareno que procesiona la tarde del viernes santo en Valladolid, se le apareció Jesús y le preguntó: “Dónde me miraste que tan bien me retrataste?” a lo que el escultor contestó: “En mi corazón, Señor.”
Me escandaliza que se haya condenado a nueve días sin su escaso sueldo a este joven cuyo único “delito” ha sido dar vida, con los medios del siglo XXI, a un Jesús crucificado al que, al igual que Gregorio Fernández, quizás también vio en su corazón.

   
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