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Tamayo3El 9 de febrero de 2019 familiares, colegas, amigos y amigas de diferentes organizaciones de las que formó parte –Asociación Pro Derechos Humanos, Comisión española de Ayuda al Refugiado, Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII- hemos celebrado en Madrid un acto cívico en memoria del filósofo, teólogo y activista de los derechos humanos José Antonio Gimbernat, figura clave en la defensa de los derechos humanos.

En el homenaje intervinimos:
– José Antonio Martín Pallín: ex fiscal del Tribunal Supremo, magistrado emérito del mismo; fue presidente de la Asociación Pro Derechos Humanos de España.
– Carlos Berzosa, ex rector de la universidad Complutense de Madrid y actual presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).
– Francisca Sauquillo, presidenta del Comisionado para la Memoria Histórica en el Ayuntamiento de Madrid y presidenta del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad.
– Heidi Wieczorek-Zeul, fue presidenta de las Juventudes Socialistas, ministra de Cooperación Económica y Ayuda al Desarrollo de la República Federal de Alemania de 1998 a 2005 con Gerhard Schröder y con en la Gran Coalición Socialdemócrata-Cristiana entre 2005 y 2009 y hermana de Mechthild Zeul, esposa de José Antonio Gimbernat.
– Dominic Angeloch, doctor en filosofía. jefe de redacción de la revista Psyche y amigo de José Antonio.

A continuación ofrezco el texto de mi intervención en dicho homenaje en dos entregas.
El 29 de diciembre nos ha dejado el teólogo y filósofo José Antonio Gimbernat Ordeig, de 82 años, repentinamente, sin poder despedirse de cuantas personas, familiares y amigos, hemos compartido con él experiencias, ideas y proyectos de liberación y de solidaridad con los sectores más vulnerables de nuestra sociedad y del mundo entero. Ha muerto un compañero entrañable, amigo de sus amigos e incluso de sus adversarios, porque enemigos no tenía ninguno, tras una vida dedicada a la defensa de los derechos humanos, el compromiso por un cristianismo liberador y la elaboración de una teoría critica de la sociedad y de la religión, aplicada a la situación española en el tránsito de la dictadura a la democracia y del nacional-catolicismo al Estado no confesional, no hecho realidad del todo.

José Antonio y yo nos conocimos hace 39 años, concretamente en 1980, en un Congreso Internacional de Teología sobre la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada hacía un año en la ciudad mexicana de Puebla de los Ángeles. Empezaba lo que el teólogo Karl Rahner llamó “la larga invernada” en la Iglesia católica, que se prolongó siete lustros más. Fue un congreso muy plural, que reunió a algunos de los principales cultivadores de la teología de la liberación, como Leonardo Boff y a sus seguidores, como José Antonio yo, y a los más enfervorizados detractores de la teología de la liberación, como el arzobispo argentino Monseñor Quarrachino, entonces secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).

Fue allí donde iniciamos una relación de amistad y sintonía con el teólogo brasileño Leonardo Boff, que en mi caso dura hasta hoy. Desde entonces José Antonio y yo hemos mantenido una estrecha amistad y una larga e intensa colaboración en artículos y obras colectivas, participación en Congresos y encuentros interdisciplinares. La última vez que nos encontramos fue en la presentación de la novela Noviembre, del escritor salvadoreño Jorge Galán, en torno al asesinato de Ignacio Ellacuría, cinco compañeros jesuitas de la UCA y dos mujeres trabajadoras domésticas. Terminada la presentación nos invitó a cenar a Margarita y a mí. En ella lamentamos no vernos con más frecuencia, rememoramos momentos inolvidables de nuestra amistad y nos comprometimos a repetir tan grato encuentro con Mechthild. Tristemente ese programado encuentro no se produjo y bien que lo lamento.

Gimbernat tenía una sólida formación intelectual interdisciplinar que inició en el Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid y continuó en la Compañía de Jesús -donde ingresó a los 17 años- con los estudios de filosofía y teología, primero en Granada y después en Fránkfort (Alemania). La formación frankfortiana le marcó de por vida hasta el punto de que el alemán fue su segundo idioma, e incluso el primero en sus investigaciones. A ello contribuyó su posterior matrimonio con la psicoanalista Mechthild Zeul.

En el Instituto Fe y Secularidad, creado por la Compañía de Jesús después del Concilio Vaticano II para entablar un diálogo con el Ateísmo Contemporáneo, llevó a cabo estudios de filosofía de la religión y sociología de la religión relacionados con la teología, en colaboración, entre otros, con José Luis López Aranguren, Alfonso Álvarez Bolado, Andrés Tornos, Justo Pérez del Corral, José Gómez Caffarena, Juan Luis Pintos, que fueron pioneros en estas disciplinas en nuestro país. Buena muestra de su dedicación a estos estudios son las colaboraciones en la magna y rigurosa obra Sociología de la religión y teología. Estudio bibliográfico, del Instituto Fe y Secularidad (Editorial Cuadernos para el Diálogo, Madrid, 1975). Dichos estudios continuaron en el Instituto de Filosofía, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), del que fue investigador durante dos décadas.

Gimbernat era un profundo conocedor de la Escuela de Frankfurt y, muy especialmente, de Jürgen Habermas, uno de los principales representantes de la segunda etapa de la misma, como demuestra su edición del libro La filosofía moral y política de Jürgen Habermas, que recoge las conferencias de un ciclo sobre el filósofo alemán dentro de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid en El Escorial el año 1994. El libro se completa con las dos intervenciones de Habermas en dicho curso: una, sobre el nexo conceptual e interno entre teoría del Derecho y Democracia, y otra, de repuesta a algunas objeciones planteadas a su ética discursiva.

En el terreno de la actividad sociopolítica, se caracterizó por la defensa de los derechos humanos, sobre todo de los colectivos inmigrantes, refugiados y desplazados, por la lucha en favor de la independencia de los pueblos saharaui y palestino y la denuncia de países dictatoriales donde no se respetan los derechos humanos, como Guinea Ecuatorial. Dicha actividad la llevó a cabo en la Asociación Pro Derechos Humanos de España y la Federación de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos de España, de las que fue presidente durante varios periodos y a las que no ahorró esfuerzos intelectuales y organizativos. Es esta, sin duda, la actividad con la que más comprometido estuvo durante casi cuatro décadas y a la que más dedicación prestó. Decir José Antonio Gimbernat remite a la defensa de los derechos humanos en sus diferentes vertientes: políticos, sociales, culturales, ecológicos, etc.

   
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