VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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Tamayo3El 7 de noviembre de 2015 tuvo lugar en Madrid una manifestación contra la violencia de género que contó con la participación de medio millón de personas, muchas de ellas jóvenes. Inmediatamente después volvió a hacerse presenta la violencia contra las mujeres que regó de sangre las calles y los hogares. La violencia de género, lejos de cesar, avanza a pasos agigantados. Es quizá la manifestación más cruel del patriarcado, que hace estragos por su desprecio a la vida, peor aún, por el odio a la vida de las mujeres. La gran paradoja es que el patriarcado responde sistemáticamente de manera violenta a los avances del feminismo, una de las pocas revoluciones pacíficas de la historia.

Estamos ante un verdadero terrorismo patriarcal. En los últimos años se han producido 800 feminicidios en España. Este año ha habido 48 asesinatos de mujeres. Diez años después de que en España entraran en vigor los juzgados especializados en la violencia de género y con dos leyes vigentes: una de igualdad de género otra contra la violencia de género, el terror machista contra las mujeres no se detiene. No conviene olvidar que la ley contra la violencia de género no está presupuestada, ni se estudia en las escuelas, ni se incentiva. Falta, por tanto, una educación (más9 igualitaria en las escuelas. Y lo más grave es que no se considera un problema público, como se refleja en el lenguaje al calificarla como “violencia doméstica”.

A responder a esta situación dramática viene el libro Religión, género y violencia (Universidad Internacional de Andalucía, Sevilla, 2010), del que es director y coautor dirigido Juan José Tamayo, que dirige la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid, cuya lectura recomendamos. En él se constata una relación quizá más estrecha de lo que parece entre la violencia contra las mujeres y las religiones. Estas se han llevado –y siguen llevándose- mal con las mujeres, que son las grandes olvidadas y perdedoras, reducidas a sujetos subalternos y a objeto de diferentes tipos de violencia: física, religiosa, psicológica, simbólica, sexual, étnica, social, estructural, etc.

El libro intenta responde desde diferentes perspectivas a estas preguntas que sirven de punto de partida: ¿Son violentas por naturaleza las religiones? ¿Hay una relación intrínseca entre ellas y la violencia? ¿Qué papel juegan las instituciones religiosas y sus líderes en la violencia que se ejerce sobre los colectivos de personas diferentes en función de su género, habilidades, poder adquisitivo, en definitiva sobre aquellos consideradas no-personas por el patriarcado?

Encontramos aportaciones muy interesantes sobre los motivos que perpetúan la violencia contra las mujeres y las estructuras que la mantienen. Las cosmovisiones que sustentan las religiones aportan una mirada discriminatoria valorando los roles masculinos en detrimento de los femeninos.
Aunque las lecturas críticas y liberadoras de las religiosas quieren recuperar las tradiciones igualitarias que se encuentran en sus inicios, son muchos siglos de discriminación los que apoyan y siguen apoyando estructuras patriarcales y de subordinación de las mujeres negándoles el acceso a los espacios sagrados, a los lugares de toma de decisiones, e infravalorando las teologías feministas de la liberación.

Encontramos, en cambio, un apoyo, incluso una sacralización, por parte de las religiones, de la globalización realmente existente y, sobre todo, del capitalismo, que impone unas leyes de mercado crueles que crean sociedades desiguales, donde el tener trabajo ya no es signo de poder acceder a la sociedad del bienestar. No digamos nada de los que ni siquiera pueden salir de la situación de desempleo que está creando bolsas inmensas de pobreza en los países desarrollados.

Uno de las propuestas más importantes del libro para corregir esta situación discriminatoria de las religiones hacia las mujeres es una hermenéutica feminista de los textos sagrados y la elaboración de una interpretación interreligiosa en perspectiva de género para ayudar a “la construcción de religiones y sociedades no sometidas a las discriminaciones que imponen el patriarcado, el sexismo, el colonialismo, el nacionalismo, el clasismo y el etnocentrismo”, -ismos todos ellos en rizoma y complicidad, como afirma Juan José Tamayo. El director y coautor de la obra analiza la dialéctica paz y violencia en las tres religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam, a partir de un texto del filósofo Martin Buber en el que considera la palabra “Dios” “la más vilipendiada de todas las palabras humanas”.

La obra se enriquece con interesantes aportaciones interdisciplinares en torno a la violencia de género. Cabe destacar el estudio sobre el papel de las religiones en la sacralización del mercado; las perspectivas históricas de la relación entre las mujeres y la religión, el análisis de la inferiorización y la opresión de las mujeres como una invariante cultural que es necesario superar; la reflexión sobre la violencia de género en los medios de comunicación; el análisis de la ley de igualdad efectiva entre mujeres y hombres, el proceso de deconstrucción y reconstrucción de los textos fundantes de las religiones, a partir de La Biblia de la Mujer (1895-1898), pionera en los estudios hermenéuticos feministas.
La lectura de esta obra no puede ser más oportuna coincidiendo con la celebración de efemérides tan importante, cual es el día contra la violencia de género, que se celebra en todo el mundo.

   
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