VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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La Cátedra Ferrater Mora de Pensamiento Contemporáneo de la Universidad de Girona ha contado la semana pasada con la visita virtual de la filósofa Judith Butler, profesora de la Universidad de California en Berkeley, que ha impartido cuatro lecciones sobre el tema. que lo ocupa en el presente: ¿Vida habitable, mundo habitable? [Vida vivible, mundo habitable?]. En constante referencia a la situación de la pandemia mundial, ha reflexionado sobre cuáles son los elementos que, a pesar de todo, hacen que valga la pena vivir y cuáles son las condiciones que hacen habitable el mundo sin perder de vista que no solo la especie humana es un ser humano huésped.

La propuesta filosófica de Judith Butler llegó al público en general a principios de la década de 1990 gracias a su crítica a la concepción esencialista de la identidad de género, según la cual solo hay dos sexos que corresponden a ciertos atributos genitales. Segundo Problemas de género (1992), la identidad de género es performativa, es decir, es el resultado de operaciones lingüísticas y simbólicas que forman marcos normativos de significado en virtud de los cuales algunos sujetos, también por su elección sexual, son reconocidos y otros, en cambio, son excluidos , segregados e incluso ejecutados, mientras que algunos cuerpos son considerados normales y otros, a su vez, abyectos.

Somos relaciones más que individuos
Desde la primera década del nuevo siglo, su preocupación gira en torno a la condición vulnerable del sujeto, de cualquier sujeto, por el hecho de tener, de ser, de vivir un cuerpo y, por tanto, por el hecho de haber nacido ya en dependencia. . de otro, porque la propia vida no es tan propia, porque, a primera vista, necesariamente ya está en manos de alguien más que se ocupa de ella. La fuerte tesis que Judith Butler defiende desde esta concepción de la vulnerabilidad como condición de vida es que somos relaciones más que individuos. Y así desaloja para siempre del paradigma kantiano al yo erigido y autónomo que encuentra en su voluntad y en su razón todo lo que necesita saber y actuar. El lugar que deja este yo pasa a ser ocupado por la interdependencia.

Sin abandonar por completo ninguno de los temas que han sido centrales en la construcción de su obra teórica -particularmente el género en sus declinaciones feministas y queer- y al mismo tiempo que hace alarde de lo que ella llama promiscuidad intelectual, Judith Butler se ha desplegado en el marco de las lecciones de La Cátedra Ferrater Mora algunos de los aspectos de la noción de vulnerabilidad declinaron como interdependencia y que se viene desarrollando entre la ética y la filosofía política durante los últimos veinte años, desde que publicó Vida precaria: el poder del duelo y la violencia (2004), escrito como reacción a los ataques a las Torres Gemelas en 2001.

Cuando las muertes no cuentan
En compañía de Hannah Arendt y Emmanuel Levinas, afirma la interdependencia como forma de afrontar la condición vulnerable del cuerpo que constituye la esfera pública frente al otro, otro que muchas veces desconocemos. Así forja su reflexión actual, que hemos podido presenciar en los últimos días, donde se pregunta por el valor de la vida, tanto en términos individuales – en el contexto del movimiento Black Lives Matter como del asesinato sistemático de hombres negros en Estados Unidos -como en términos colectivos- aludiendo al movimiento Ni Una Menos, que desde 2015 denuncia la violencia machista y su carácter estructural en América del Sur. Se manifiesta el valor nulo de la vida de algunos sujetos, de algunos cuerpos cuando sus muertes no cuentan, cuando se niega el derecho al duelo, a llorar individual y colectivamente la pérdida que conllevan. En un retorno a las aproximaciones teóricas a la fenomenología de Max Scheler y Merleau-Ponty, en las que se formó como estudiante de doctorado, mirando al mundo, Judith Butler se pregunta, como hizo Kierkegaard en el siglo XIX, sobre las formas en que El trágico mundo de Antígona ya pone de manifiesto la trama del mundo de hoy con el que estamos entrelazados.

Antígona, como siglos después la hermana de George Floyd, en el funeral masivo celebrado en Minneapolis en su memoria, hace visible la vida cuyo valor ha sido negado, prescindible. La trágica estructura del mundo se manifiesta donde, a pesar de haber tratado de afirmar la vida, a pesar de haber buscado el valor más alto, se daña.

La novedad de la consideración de Butler sobre el valor de la vida, inspirada por Derrida, radica en hacerla significar más allá del ámbito económico. El valor, por tanto, no se refiere a una operación de previsión o anticipación, ni dice medida alguna, sino que es la figura de lo que él llama “incalculabilidad”. Sólo afirmando la incalculable naturaleza del valor no se puede aprovechar la vida como una mercancía para sacar provecho de ella, comerciar con ella, explotarla. Solo así no podrá quedar atrapado en los dispositivos del bio y el necropoder, como denunciaron Michel Foucault y Achille Mbembe respectivamente, también fieles socios de Judith Butler.

Las lecciones plantearon muchas preguntas y muchas fueron respondidas por la invitada. Uno, sin embargo, permanece y lo hace en medio de una estimulante paradoja. Judith Butler insistió en que solo es posible defender la equidad como un valor en el mundo que entretenemos si primero afirmamos para todas las vidas el mismo derecho al duelo. Queda por ver, y ciertamente es parte del enigma que informa la vida política al mismo tiempo que todas las políticas de la vida, cómo es posible distribuir equitativamente el valor de la vida si se afirma con razón que este valor es incalculable.

   
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