VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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Yo quisiera decir que si alguna cosa podía definirle en un primer momento esa era su alegría.
Jesús era alegre, alegre como unas castañuelas, siempre sonriendo, siempre con los ojos chispeantes de alegría. Y eso era tan normal en EL que, por sabido, no se menciona en los evangelios.- Es la alegría lo que atrae, y Jesús es una figura que aun después de 20 siglos sigue teniendo incondicionales en este mundo.

Se habla a veces de su tristeza, pero se menciona porque, justamente, era lo excepcional en ÈL, puesto, que se consideraba como algo extraordinario. Jesús era sonriente, y de risa fácil, salvo cuando se enfrentaba en la soledad a su tremendo destino. Pero eso era su problema y su carga, que con nadie compartía- Al revés ÈL había venido a vivir entre los hombres y servirles de apoyo.! Y mal apoyo podía ser un hombre apesadumbrado de cara larga!

A los hombres les daba lo mejor de sí, su tremenda alegría y su inacabable ilusión por vivir. Con sus discípulos hacía risas. Ellos comentaban todo con ingenuidad, los portentos de cada día – ¡ Y había que oír sus expresiones y comentarios¡ Jesús se reía con ellos. Hasta con Judas se divertía. A veces no se atrevían a decir todo delante de ÈL, pero siempre iban cuchicheando a sus espaldas por cosas tontas. Y más de una vez tendría que volverse, con una sonrisa para decirles : ” ¿Qué andáis murmurando entre vosotros? Una sonrisa lo gana todo, hasta al más pecador, pero la cara larga ahuyenta a todos

Su misión era la de difundir la “buena nueva”, y ÈL era su portador, su alegre portador. -Por eso, al hablar de la imagen del pastor(que es ÈL) que pierde a su oveja, y la busca, y la encuentra, dice que “la toma con gozo sobre sus hombros”, y a sus amigos les dice “alegraos conmigo..” (Lc.15, 6-7)

Y también tenía que corregir las caras largas de los fanáticos fariseos diciéndoles ” Cuando ayunéis no os pongáis tristes… sino perfuma tu cabeza y lava tu rostro. ” (Mt.6, 16-18)) Señal inequívoca, este último consejo, de que ÈL mismo habría practicado antes sus ayunos y penitencias con total alegría, pues sólo quién antes practica antes en si mismo puede luego enseñarlo a los demás.

Tampoco faltó su alegría en la última cena, horas antes de ser entregado. Aun tuvo fuerzas para decir a sus discípulos: “Estas cosas os he dicho para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea completa” . (Jn. 15,11). Por eso, orando al Padre, instantes después, le dice: “Ahora voy a ti y estas cosas las digo en el mundo para que ellos tengan en sí mi alegría colmada” ( Jn. 17,13).

Tanta fue su alegría, durante los tres años de su enseñanza, que, a pesar de los anuncios de su pasión, sus discípulos no acababan de enterarse, pues le veían alegre y tranquilo. Incluso días antes de su pasión, cuando la entrada triunfal en Jerusalen los discípulos le aclamaban como a Rey de Israel ( Lc. 18, 38-39)

   
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