VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Benjamín Forcano11. ¿Cuál es el tema?
Se trata de dar con la diana, de modo que nadie se quede sin entenderlo. Y el tema va de sabernos atrapados por un sistema de vida inompatible con el Evangelio: el sistema capitalista neoliberal. El obstáculo mayor lo representa el mismo sistema, que erige en propietarios a una minoría de productores, los consagra dueños y crean su máquina mediática para interiorizar ese sistema en el yo de la gente y lo sanciona como derivado de la voluntad de Dios.

Muchas de las limitaciones y sufrimientos que nos rodean, no son efecto del fatalismo o de la voluntad de los dioses, sino de ese sistema que canoniza el egoismo, la avaricia y la ley del más fuerte.
El problema se plantea con fuerza cuando dicho sistema lo confrontamos con el proyecto de Jesús, antítesis del egoismo, de la desigualdad , de la injusticia y de la enemistad de unos con otros.
La realidad del cristianismo se inicia en Jesús, se desarrolla con su vida y culmina en el duelo sostenido con el imperio de Roma y el sanedrín de Jerusalén. Ambos, por distintas razones, se unieron para descalificarlo, perserguirlo y crucificarlo.

Conviene pues convenir: ¿Hablamos del cristianismo originario o del cristianismo histórico? ¿De cuál partimos para analizar el momeno presente?
Creo estar en esto la clave para entrar a hacer luz sobre lo que pasó en el desarrollo posterior del cristianismo:un caminar fiel a su origen fundacional y otro en alianza con el poder político. Historia ésta de ayer y de hoy, en la que no es difícil reconocer a seguidores y traidores.

2. El proyecto de Jesús
La vida pública de Jesús comienza con el bautismo en el Jordán . El compromiso que ahí toma es el de crear una sociedad nueva , basada en unas relaciones de justicia y amor, una sociedad alternativa, consciente de que tendrá intereses y poderes que intentarán impedírselo. Jesús cuenta con esa oposición, pero sabrá superarla: nunca separará su fidelidad a Dios de su entrega a los hombres y de vencer el afán de dominar a los demás.

La causa que Jesús predica y para la que vive, es el reino de Dios, que hace posible una sociedad nueva, basada en la justicia y el amor, digna del hombre.
La sincronía perfecta entre Dios y Jesús, permite la comunicación definitiva entre lo humano y lo divino, en El encuentra su lugar natural el amor de Dios por la humanidad. Quien quiera conocer de verdad a Dios, no tiene sino conocer a Jesús y hacer lo que él hizo. Nadie como él puede contarnos quién y cómo es Dios.

El resto debiéramos saberlo: Jesús anuncia su Buena Nueva en su sociedad, en medio de la política existente y dentro de las instituciones judías. Y en un tiempo en que era enorme la expectativa de la llegada del reino de Dios, que sería inaugurado por el Mesías. Todos esperaban ese reinado desde diversas visiones y actitudes. Todos coincidían en lo mismo: el reinado de Dios sería el régimen teocrático de Israel, con eliminación del poder romano y con su posterior dominio a través de las instituciones tradicionales: Monarquía, Rey, Templo.

3. Amar a Dios y al prójimo como a uno mismo es estar dentro del reino de Dios.
El evangelista Marcos dice que cuando Jesús se va a Galilea lo hace “para pregonar de parte de Dios la Buena Noticia. Se ha cumplido el plazo, ya llega el reinado de Dios. Enmendáos y creed en la Buena Noticia” (Mr 1, 14). Y Mateo añade: “Quien esto hace –amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo- está dentro del reino de Dios” (Mt 12, 29-34). Y Marcos lo confirma : “El que pierda su vida por mi y la Buena Noticia, la salvará” (8,34-38)

Y a los discípulos, que discutían sobre quién sería el más grande en ese reino, Jesús les dijo avergonzados: “El que entre vosotros quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (Marcos 9,33-35); “Os aseguro que cualquiera se haga tan poca cosa como este chiquillo, ése es el más grande en el reino de Dios; y el que acoge a un chiquillo como éste por causa mía, me acoge a mí” (18, 3-5); Y Lucas: “El que es de hecho el más pequeño de todos vosotros , ése es grande (9,48).

4. Jesús de Nazaret traicionado y condenado
¿A quién puede extrañar que Jesús acabara siendo crucificado? Justo en la capital de Jerusalén, a la vista de los más altos dirigentes religiosos, enseña y actúa como un hombre libre y enseña a ser libre y liberarse de todas las opresiones creadas por los hombres.
Esa libertad le lleva a revolucionar la magen que de Dios poyectaban los guias religiosos de Israel. El conflicto era inevitable, pues criticaba de arriba abajo su sistema, el sistema que ellos habían montado y que controlaban: docrina, prácticas, ritos. Jesús anunciaba una nueva imagen y relación con Dios de la que brotaba una sociedad más igualitaria, más justa y más pacífica. En realidad, removía los cimientos de la sociedad judía.

Lógicamente , el conflicto era ineludible, los dirigentes no lo toleraban e iban a calumniarlo, juzgarlo y condenarlo.
Ante ese conflicto, Jesús se empeña en ir a adelante, y sabe muy bien que Dios no le va a ayudar milagrosamente, sino que le a va a dejar solo, como le pasa a cualquier otro ajusticiado; a su Dios no le corresponde intervenir en un mundo que ha creado libre, y que va a respetar al máximo, lo cual le desposee de la grandeza y omnipotencia que la teología helénica y hebrea le habían otorgado.
El Dios de Jesús es otro, tan respetuoso con lo que El ha creado, que aparecerá como anonado, limitado, vulnerable, pobre, derrotado y no como el Dios ligado a la fuerza y el poder. ¡Un escándalo!

Y unos y otros, ante la ausencia de ese Dios omnipotente y justiciero, la aducirán como prueba de que Dios no estaba con él y su mensaje era falso.
Por otra parte, se negará lo evidente y se enseñará que su muerte ignominiosa fue exigida por Dios mismo, como pago a la ofensa recibida y que requería para ser debidamente saldada la sangre y muerte de una víctima de valor infinito: Dios lo habría sacrificado por nuestro pecados.
La verdad es otra: la muerte de Jesús tiene causa en su modo de vida, que subvierte el poder político y religioso de Roma y de Jerusalén y que le dan sentencia de muerte, no en la voluntad de Dios.

5. Un retrato de la vida y comportamiento de Jesús
En tiempos de Jesús , lo normal era vivir conforme al grupo. Sin embargo él comenzó por no dejarse impresionar por la erudición de los Escribas, discrepaba de ellos, cuestionaba la Tradición, la autoridad, todo supuesto inamovible.

Jesús aparece como un hombre que tiene el valor que le dan sus convicciones, sin rastro de miedo,sin temor a originar escándalo, o a perder su reputación e incluso la propia vida. Se mezcla con los pecadores y parece disfrutar de su compañía, se mostraba tolerante respecto a las leyes, no parecía sublevarse ante lo que los dirigentes de su pueblo consideraban la gravedad del pecado. Y era naural su trato con Dios.
No poseía buena reputación, se le clasificaba como a un pecador más, era amigable su trato con las mujeres y también con las prostitutas, le importaba un comino el prestigio a los ojos de los demás, no buscaba la aprobación de nadie.

Sus adversarios le reconocían ser honrado y audaz (“Sabemos que eres sincero y que no te importa de nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios” ( Luc 12,14). Nunca pudieron acusarle de hipocresía o miedo, pero al mismo tiempo le acusaban de estar poseido por el demonio, de ser un borracho, un glotón, un pecador y un blasfemo.
Jesús no recabó para sí otra cosa que designarse y ser designado como el “hijo del hombre”, sinónimo de humano y lo hacía así en lugar de decir yo. Simplemente pretendía afirmar su identificación con el hombre en cuanto hombre. Sorprende a los dirigentes cuando dice que el “hijo del hombre” es dueño del sábado, tiene poder de perdonar los pecados y padecerá violencia a manos de los hombres.

Las señas de la identidad de Jesús son su hmanidad, sin que necesite ningún título, función o dignidad. Encomienda a sus discípulos que nadie debe dejarse llamar Rabbí, Padre, Preceptor, pues lo definidor de todos es la hermandad: “Todos vosotros sois hermanos”. Y actuó con una autoridad ajena por completo a la ejercida por los grandes de este mundo: “Sabéis que los jefes de las naciones las dominan y que los grande les imponen su autoridad. No será así entre vosotros; al contrario, el que quiera hacerse grande, sea servidor vuestro y el quiera ser primero, sea siervo vuestro” (Mt 2º0, 25-27).
Jesús alaba a todo aquel que realiza la liberación, no le importa quién sea, con tal que la gente sea liberada (Cfr. Albert Nolan, “¿Quién es este hombre”, ST, 1981, pp. 192-204).

6. El programa de Jesús
A Jesús es fácil reconocerlo por su programa:

. Hay que amar incluso al enemigo.
. Hay que perdonar y ser misericordioso.
. Hay que practicar la justicia y esta limpio de corazón.
. Hay que ser sinceros, ecuánimes y veraces.
. No se debe tolerar la exclusión y humillación de nadie.
. Hay que aborrecer el orgullo y la dureza de corazón.
. Hay que tener preferencia por los más pobres yolvidados.
. No hay que apetecer mandar sino servir.
. Hay que trocar la avaricia por el compartir.
. Es detestable el dinero obtenido a base de explotar a los demás.
. No hay divisoria entre el amor a Dios y a los hombres, pues ambos son una misma cosa.
. No se puede contraponer el acá al allá, la muerte a la resurrección, pues si Dios es el principio de todo lo creado, es también su fin.

7. El estilo de vida que define a los discípulos
El estilo de vida del Nazareno –no unos ritos o unas prácticas ocasionales- es lo que define a los verdaderos discípulos. Y el estilo es una unidad de vida coherente, no una cosa de horas o de días, de espacios privados o públicos, para cuando las cosas van bien o van mal, sino para todo momento y lugar.
Si Jesús no hubiera vivido como vivió, si no hubiera defendido los valores que defendió, si se hubiera dejado comprar por la fama, el dinero o el placer, si no hubiera sido coherente, no hubiera tenido que afrontar la pasión y crucifixión y seguramente habría llegado a viejo, habría muerto pacíficamente en la cama y no violentamente en la cruz.
La causa de Jesús fue, pues, simple: crear con todos una familia nueva, sin exclusión ni discriminación de nadie, en igualdad, viviendo y tratándose como hermanos y, en todo caso, sabiendo que la grandeza de sus seguidores está en el servir, en ser los últimos en el beneficio y no en el mandar.
El lo resume todo en el amor a Dios y al prójimo como a uno mismo. Su máxima utopía es ser buenos como Dios, amar como Dios, dar la vida por las personas que amamos.

   
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