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images2Después de las crueles dictaduras militares que ocasionaron decenas de miles de desaparecidos y de muertos en América Latina, se impuso con fuerza las políticas económicas de corte neoliberal. Antes, los pobres morían por las balas, ahora por el expolio de sus recursos y por hambre.
En medio de esta pseudo-democracia fue despertándose la conciencia de los pueblos latinoamericanos. Es así como emprendieron un proceso de liberación del dominio extranjero principalmente de Estados Unidos. Se eligieron gobiernos progresistas que promovieron políticas a favor del pueblo, de los campesinos, de los indígenas, de los afrodescendientes y de los trabajadores en general, con el fin de mejorar su calidad de vida y fomentar la igualdad. Algunos de estos países se inspiraron en el espíritu del libertador Simón Bolívar como Venezuela, Bolivia y Ecuador. Otros gobiernos como Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Honduras se aliaron a ellos. Todos llegaron al poder mediante elecciones democráticas.

Estos gobiernos, en medio de sus desaciertos e incluso errores, hicieron logros considerables en materia de educación, salud pública, equidad, desarrollo comunitario y democracia participativa en beneficio de las grandes mayorías. Redujeron la pobreza, el analfabetismo, la desnutrición y mortalidad infantil. Son logros reconocidos por el PNUD, Unesco, OMS y FAO. Todos estos gobiernos respetaron, desde el principio, la propiedad privada de los medios de producción. Pero impulsaron proceso de redistribución de la riqueza con un fuerte sentido social y de autonomía frente al imperialismo norteamericano y de las grandes corporaciones internacionales.

Venezuela impulsó la creación del ALBA (Alianza Bolivariana para las Américas) al que se unieron estos países y algunos de Centroamérica como Nicaragua y Honduras. Lo cual exasperó a Washington, al FMI, al Banco Mundial, a las multinacionales y a toda la derecha nacional e internacional, que no toleran ningún experimento sociopolítico que no esté bajo su control.

Es por eso que Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil y Argentina han sido blanco de ataques de la derecha nacional e internacional. En Honduras dieron golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya. En Paraguay desbancaron al presidente Fernando Lugo. En El Salvador obstaculizan las reformas que el gobierno del FMLN trata de impulsar.

En Centroamérica, sobre todo en Honduras y Guatemala, los planes de la derecha y de los poderes económicos se han impuesto con fuerza expoliando los recursos de los campesinos, sobre todo la minería e hidroeléctricas, reprimiendo y asesinando a muchos de sus líderes.

La revolución bolivariana de Venezuela está siendo descaradamente hostigada. El objetivo de los líderes de la derecha nacional e internacional y de Estados Unidos es generar disturbios y violencia, para preparar un plan de intervención militar. Han creado un caos alimentario de manera que suscite un descontento generalizado entre la población. Los alimentos han sido producidos, pero no han sido colocados en los centros comerciales por los grandes empresarios, ligados a la oposición. Por lo tanto, el boicot no está en la producción sino en la distribución de estos bienes.

No cabe duda que el presidente Maduro ha tenido errores y desaciertos en su gestión política, pero esto no justifica lo que está haciendo la oposición con el apoyo de la derecha internacional. Venezuela está siendo víctima, asimismo, de una agresión sistemática y política de carácter diplomático. Los gobiernos de Madrid, Bogotá y Washington son los epicentros de la campaña contra Venezuela, pero Estados Unidos y más ahora con Donald Trump es el principal foco en donde se gestionan todas las presiones sobre los gobiernos de América Latina y el Caribe.

En Argentina, con la salida del gobierno de Cristina Fernández y la subida al poder del ultra neoliberal Muricio Macri apoyado por la derecha internacional, se están llevando a cabo despidos masivos y privatizaciones de servicio públicos que afectan a los más pobres.

En Brasil la ultraderecha no ha querido esperar a las elecciones, que probablemente perdería y es por eso que dieron un golpe palaciego contra la presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores. Con los cambios de gobierno sobre todo en Argentina y en Brasil se despeja el camino para una intervención en Venezuela. Se está impulsando el aislamiento internacional al gobierno del presidente Maduro, presentándolo como un dictador enfrentado al Congreso. La oposición y la derecha internacional están pidiendo a gritos una intervención de la OEA para exigir al presidente Maduro su renuncia.

Estados Unidos no cesa los ataques contra Bolivia. Apoyada por los medios de comunicación, la derecha boliviana intenta opacar los logros de la revolución democrática y cultural impulsada por el presidente Evo Morales mientras obedece a los planes de la embajada estadounidense para desprestigiar los logros de las políticas sociales y desestabilizar el proceso bolivariano.

Los Comités Óscar Romero denuncian el cerco en que se encuentran los países, tildados de “bolivarianos” y progresistas, que son difamados, acorralados por el gran capital y los medios de comunicación de la derecha internacional, señalándolos nos sólo de corruptos sino también de dictadores. Denuncia los planes de desestabilización que se gestan contra estos países que buscan una mayor justicia social y, concretamente contra la República Bolivariana de Venezuela.

Los Comités Oscar Romero de Europa, fieles a la espiritualidad del santo arzobispo salvadoreño, hacen un llamado a la opción por la vida y a la reconstrucción de la esperanza de los pobres. Y para ello urge un respeto a los proceso de liberación que los pueblos latinoamericanos han escogido. Es una exigencia radical de la fe cristiana.

   
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