IMG_2564_optLa división de la izquierda es un tópico muy manido pero también podemos ver que es un tópico con una base muy real. Y en la vida real, cuando vemos que un fenómeno se repite una y otra vez, lo lógico es pensar que alguna causa tiene que haber para esas repeticiones. La frecuencia con que se dan estas divisiones en la izquierda ¿no nos debería llevar a preguntarnos si no habrá alguna raíz que explique por qué surgen todas estas ramas enfrentadas? ¿Alguna base en la que se apoye el recurrente fenómeno de la división?

Buscando esa base podíamos pensar que en el anarquismo, con su exaltación de la libertad individual, no es extraño que aparezcan posturas muy distintas, y que nadie quiera ceder para deponer la suya, o para buscar un entendimiento con las otras posturas. Pero también dentro del campo de la izquierda que se puede considerar más o menos heredera de Marx, encontramos esas divisiones y enfrentamientos, aunque aquí tendríamos que pensar en motivos muy distintos.

Es bastante conocido que Marx consideraba la economía como una ciencia natural, sujeta a unas leyes que pueden ser descubiertas haciendo un análisis científico de la evolución de las sociedades. El resultado es la tesis del socialismo científico. Llegaremos al socialismo  gracias a una evolución que está prevista en las leyes de la economía. En esta visión no tiene ningún papel un socialismo ético, y Marx lo rechaza como un idealismo pernicioso.

Las consecuencias de esta tesis son claras: en una visión clásica de la ciencia, la que tenía Marx, cualquier problema de física o de matemáticas tiene una solución correcta y sólo una, una solución diferente sería errónea. Cuando enfocamos los problemas sociales con esta visión fácilmente  se tiende a pensar que la solución que nosotros vemos, la que responde al análisis de la situación que hemos hecho, es la única correcta y que todas las demás, de una manera u otra, están equivocadas. El conocido libro de Dolores Ibárruri El único camino expresa  bien  esta forma de pensar. Cuando se piensa que el camino para alcanzar un objetivo es único, los que van por otro camino, aunque sea un camino paralelo y con el mismo objetivo, son unos desviacionistas, que perjudican el avance por el camino correcto y, por tanto, hay que combatirlos.

También el hecho de que la ética y la moral no tengan ningún papel en el pensamiento de Marx facilita el que los intereses personales y los egos tomen el protagonismo y, recubiertos con los planteamientos políticos más presentables, lleven a un enfrentamiento cainita. Algo que personas metidas en el mundo de la política, pero que conservan el sentido moral, ven como muy frecuente.

Para alejarnos de estos planteamientos básicos tendríamos que volver a una concepción de la economía como una ciencia humana, sujeta por tanto a las decisiones humanas, y sometida a las exigencias de la moral y la ética. El que no se trata de una ciencia natural, en la cual los resultados pueden preverse en función de los parámetros existentes, lo dejan muy claro los repetidos y graves errores cometidos por los economistas convencionales. Por otro lado, la física actual nos da una imagen de las profundidades del mundo físico  muy distinta a la que regía en tiempos de Marx.

En la física cuántica el principio de indeterminación de Heisenberg nos dice que es imposible conocer al mismo tiempo todos los datos que se refieren a una partícula subatómica. Si lo que miramos es la sociedad humana con toda su complejidad, tendremos que admitir también un principio de indeterminación. Nadie es capaz de abarcar todos los factores que influyen en la evolución de la humanidad  de tal manera que pueda señalar sin dudas el camino correcto por el que debemos avanzar.

En el mundo cuántico también nos encontramos con que la explicación de determinados fenómenos depende del experimento  que hagamos. Según esto,  la luz podemos verla como un chorro de partículas o como un frente de ondas. El principio de complementariedad  de  Bohr nos dice que las dos cosas son ciertas, que la luz que percibimos está formada al mismo tiempo por corpúsculos y por ondas.

¿No podían estos principios orientarnos para gestionar nuestras diferencias en el campo de la política? ¿Puede pensar alguien que su postura es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? Nos ayudaría mucho a resolver nuestras diferencias y nuestras  divisiones si nos convenciéramos de que nadie tiene la solución perfecta para todos los problemas, y que la diversidad de opciones no tiene que llevarnos al enfrentamiento, sino que debemos  mirarlas como opciones complementarias que enriquecen el campo común.

Claro que en el mundo cuántico también rige el principio de exclusión de Pauli. Hay órbitas prohibidas para los electrones que giran en torno al núcleo del átomo. El actuar en política movidos por los intereses personales y los egos sería la principal órbita prohibida.

   
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