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Como todos los años, el día 29 de diciembre tuvimos la fiesta de reyes con la familias de los presos de la cárcel de Navalcarnero, y esta vez era ya la décima fiesta que desde la capellanía de la cárcel celebrábamos. Fue como siempre una día muy especial de convivencia entre todos, un día en el que tanto los presos, como los funcionarios, los trabajadores sociales y los voluntarios de la capellanía llegamos a olvidarnos de dónde estábamos para entrar en un mundo diferente, donde no había rejas, ni cárcel sino lo que había era personas que querían compartir un rato de fiesta, de alegría y de esperanza.

Por unas horas, apenas tres, los ruidos de las rejas al abrirse y cerrarse se cambiaron en las voces, las carreras y las ocurrencias inocentes de los niños; fue un día donde de nuevo, como cada año, la cárcel se vistió de humanidad y de sonrisa y entre todos fuimos capaces de teñir de futuro un lugar donde a menudo solo se respira dolor y sufrimiento. Quizás esto ha sido todos los años pero desde mi punto de vista, este año se ha palpado más, con toda su realidad, que en la cárcel hay seres humanos necesitados de esperanza, de alegría y de cariño, y que nosotros desde la capellanía es lo que intentamos: hacerles descubrir que no están solos, que sus vidas merecen la pena, que son queridos, y que el mismo Dios les abraza y les quiere a pesar del delito que hayan podido cometer.

Durante todos estos años es lo que siempre nos hemos planteado desde todo el equipo de voluntarios: que la fiesta de reyes fuera un día tan especial que todos pudiéramos disfrutar de él, y donde descubriéramos que cada vez que humanizamos la prisión estamos haciendo realidad también el proyecto del Reino del que habló Jesús de Nazaret. Preparar todo lo de este día supone un esfuerzo por parte de todos, pero que al final da su fruto cuando ves las caras de padres y niños, cuando los ves fundirse en besos y abrazos y cuando descubres que ese día todos somos iguales, porque el amor y la humanidad nos une a todos en un mismo deseo.

Comenzamos a preparar la fiesta con la solicitud del permiso para llevarla a cabo a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias en Madrid, hacia finales del mes de octubre, y bueno después de mucho insistir nos vino por fin aprobada a finales de noviembre, y en menos de un mes teníamos que tener todo preparado, sobre todo la cuestión de los permisos de las familias, que siempre nos traen de cabeza porque los problemas familiares de los chavales que están en prisión son muchos. En cuanto llegó el permiso nos pusimos a trabajar, y como siempre también hay que decir que desde el propio centro había una gran ilusión, fue unos de los trabajadores sociales el que más se volcó desde el comienzo para estructurar lo que iba a ser la fiesta y para estudiar cada una de las instancias que nos iban llegando. Pusimos carteles anunciando la fiesta en cada uno de los módulos, lo dijimos en las misas y se decía que entre los chavales lo comentaran para poder tener pronto el numero adecuado de familias; este año nos permitían la entrada de 25 familias como tope y bueno había que llegar a conseguirlas. La manera de acceder a la fiesta era simplemente haciendo una instancia a la capellanía de la cárcel, donde se ponían los datos de la madre de los niños, y de los niños que iban a acudir, dos como máximo y con edades comprendidas entre 1 y 10 años. Las condiciones que se ponían a los internos era que no salieran de permiso ( porque si salían de permiso veían a sus hijos en la cárcel y se trataba de beneficiar a los que no los veían fuera), que no tuvieran partes por mal comportamiento y que los hijos fueran de ellos y no de su pareja o persona con la que convivían.

Parecen condiciones como muy elementales pero que luego son difíciles de cumplir en muchos casos, porque los problemas familiares de las personas en prisión so muchos o porque el comportamiento de ellos allí tampoco es el adecuado y tiene partes. De tal modo, que si siempre nos cuesta encontrar a un número determinado de familias para poder pasar, este año ha sido aun mas difícil y solo hemos contado con catorce familias, frente a las veintiocho del año pasado. Y justamente por eso siempre recogemos más instancias de las que nos piden porque luego al estudiarlas desde seguridad siempre se ven reducidas; este año de las 27 instancias que se presentaron solo fueron 14 las que cumplían los requisitos, incluso dos familias a última hora no vinieron.

Pero además en la cárcel hay que luchar en esta actividad como en otras con algo duro: la desidia y la desgana que en muchas ocasiones allí se respira; la cárcel llega a anularte tanto que casi todo te da igual, como que a veces las cosas no te importan porque se cae en la dejadez mas absoluta, y por eso es necesario cada día recuperar la ilusión y las ganas de vivir; siempre les digo a los chavales cada día que voy por allí que no pueden abandonarse, que son importantes, que su vida merece la pena, que por mucho tiempo que tengan que estar allí o por el delito que hayan cometido siguen siendo personas y que esa dignidad nadie se la puede quitar. En ocasiones les cuesta hasta lavarse o cuidarse y es necesario recordarles que tienen que seguir adelante, que no están solos.

A veces, con dolor, cuando alguien te abraza tienes que decirle que se duche, que no puede estar sucio, y cuando te dice que para qué se va a lavar estando allí, tienes que recordarle que es importante su vida en sí misma, incluso llegar a decirle que si no se ducha no te abrace; recuerdo a chavales que ante eso me han llegado a decir: no, te prometo que mañana cuando vengas estaré duchado y limpio pero por favor no dejes de abrazarme, y con lágrimas en los ojos le he vuelto a decir que por supuesto que le abrazaría una y mil veces y que solo lo que quería era que recuperara su dignidad como ser humano. Esta desgana y desidia hace que en muchas ocasiones no se enteren de lo que se hace en la prisión, muchos te dicen que no sabían lo de la fiesta; dos días antes de llevarse a cabo la jornada recibimos tres instancias de tres chavales que no sabían nada, lo cual parece un tanto inaudito, como si no vivieran allí, pero es real. Incluso en ocasiones cuando les falta algún papel para el permiso tenemos que ser casi nosotros los que se lo hagamos y nos preocupemos y no porque ellos no quieran sino porque en el fondo casi no tienen ni capacidad para hacerlo. Pero esta es la cárcel y contra eso hay que luchar cada dia y en cada momento. Sobre todo recordarles que están presos pero que no son presos, que son personas llamadas a la libertad y a recuperar todo lo que han perdido.

Por eso el esfuerzo de la fiesta es mucho pero la recompensa por el día es mucho mayor. Después de recoger todas las instancias, es necesario que el equipo de seguridad las estudie para ver cuáles son viables, y al final después de comprobar todo, se nos pasa la lista definitiva con las familias que pueden acceder al centro para celebrar la fiesta. Como digo este año eran solo catorce familias, que si bien luego se incorporaron tres más, fueron otras tres las que no pudieron asistir ese día, dos de ellas porque a última hora no se presentaron sin saber por qué.

Como cada año, cuando me dieron la lista yo era el que pasaba por cada uno de los módulos para decirles a los padres que tenían el permiso para poder ir. Era un momento bonito, todos me daban las gracias, pero recuerdo la cara especialmente de felicidad de uno de los muchachos, dominicano, que actualmente trabaja en cocina, grandote él, padre de dos niños, que cuando se lo dije sonrió de manera especial como un niño cuando se le da un regalo; fue una sonrisa que no olvidare, porque la cara como que se le iluminó, el chaval además se llama de apellido “Mesa Feliz” y fue él mismo el que me dijo: sabes me has dejado como mi apellido, Feliz, porque creo que va a ser un día muy especial donde voy a disfrutar con mis hijos, y se les escaparon las lágrimas por las mejillas; va a ser un día muy especial, me siguió diciendo, hace mucho tiempo que no disfruto de ellos y necesito estar con ellos, estaba sujetando el carro de la comida porque ya era la hora de comer, y enseguida lo soltó y se me acercó, me dio un beso y solo me dijo, gracias; fueron unas gracias, una sonrisa y unas lágrimas que no olvidaré, porque en esos gestos y en esas palabras una vez más se me hizo presente el Dios de Jesús, el Dios humano-divino que en aquel hombre volvía a nacer, volvía a hacerse humano, y yo también me sentí Feliz viendo el rostro de aquel hombre.

Este año además habían querido colaborar en la fiesta tres educadoras del modulo terapéutico ( el modulo donde están los chavales que quieren dejar la droga) que se brindaban para preparar los juegos con los niños en el polideportivo, y luego para hacer de pajes en el momento de entrega de regalos con los reyes. Ellas iban a ser las encargadas de amenizar y llevar adelante el desarrollo de toda la fiesta, y así lo hicieron. Pero es cierto que la fiesta la llevamos a cabo entre todos: en la cocina los chavales prepararon los roscones y el chocolate para la merienda, los payasos que como siempre nos iban a hacer pasar un rato bueno de risas y esperanzas, los trabajadores sociales y el equipo de dirección preocupándose de todos los permisos y la organización, la capellanía preparando los regalos y ocupándose de que todo estuviera a punto, las educadoras amenizando, los ordenanzas del polideportivo preparando las mesas, los voluntarios con los adornos en le polideportivo y en el salón de actos, los que hacían de reyes magos con los trajes y preparativos…. Un trabajo en equipo donde todos teníamos algo que hacer y todos nos sentíamos especialmente implicados en un objetivo común: hacer que la fiesta fuera un éxito y todos pudiéramos disfrutar de ella.

Por fin llegó el día esperado. Por la mañana llevamos todos los juguetes y regalos para pasarlos por los controles de seguridad y fuimos todos los voluntarios de la capellanía para preparar todo. Ese día también dejan pasar desde el centro a más personas para que puedan disfrutar de la fiesta. Y yo especialmente siempre animo a que puedan ir y pasar el día, sobre todo porque me parece que es la manera de quitar mitos de la cárcel, es la manera de poder descubrir que en la cárcel hay seres humanos que sufren, que ríen, que disfrutan, pero que merece la pena por encima de todo descubrirles como tales, que en sus dolores y en sus esperanzas están los dolores y las esperanzas del mismo Dios; y es impactante cuando vas la primera vez, muchos repiten año tras año, pero todos cuando salen cuentan y dicen lo que han visto, y sin duda que es la mejor publicidad; todos sabemos de la cárcel por lo que nos dicen los medios de comunicación o por lo que se habla en la calle, cuando pasamos dentro vemos otra realidad que no coincide para nada con la que nos han contado, y descubrimos un mundo muy especial. Por eso la mejor manera de conocer la cárcel es ir y visitarla y en este día especialmente, porque es descubrir la cárcel desde la normalidad y la sonrisa de un niño que tiene a su padre en prisión, que rie y llora cuando se despide de él, pero que es como todos los niños del mundo. Y un padre que se enternece con sus hijos y que cuando tiene que despedirse rompe también a llorar como hacen todos los padres del mundo porque podrá ser un delincuente pero su corazón sigue siendo tan humano y tan entrañable como el de cualquiera. Este año entre los voluntarios que vamos habitualmente y las personas que iban por primera vez llegamos a ser 22, y además de edades y maneras de ser muy diferentes, pero yo creo que todos quedamos impactados por el día y la realidad que allí compartimos.

Después de pasar también nosotros todos los controles de seguridad, llegamos a la zona llamada “sociocultural” donde están las salas comunes, las clases, el polideportivo y el salón de actos. Estuvimos toda la mañana adornando todo para la fiesta, con las cadenetas, con los globos, las piñatas, que todo estuviera a punto para por la tarde; también nos ayudaron los que iban a hacer de reyes y los ordenanzas del polideportivo y de la cultural. Y entre adorno y adorno daba pie para comentar, para hablar, para reir, para en el fondo seguir sintiéndonos PERSONAS, y reconocer que todos somos “de la misma pasta”.

Cuando se fueron a comer los chavales pasadas la una del mediodía, también salimos nosotros para comer en la cafetería de la misma cárcel y también fue un rato de encuentro entre todos nosotros comentando todo lo que había sido la mañana; pusimos en común, sobre todo con la gente nueva, cómo nos habíamos sentido y que habíamos experimentado; todos coincidían en haberse sentido especialmente agusto y como descolocados porque no esperaban encontrarse así una cárcel, debido a los mitos a que hacía alusión y que todos antes de entrar tenemos. Tuvimos un rato de sobremesa amplio antes de comenzar la fiesta como tal y de volver a pasar a la prisión.

Hacia las cuatro de la tarde comenzamos de nuevo a pasar todos los controles de seguridad para poder volver a entrar, también habían llegado ya los payasos que como siempre participan en nuestra fiesta y que compartieron con nosotros la comida. Como éramos muchos tardamos bastante y temíamos que llegaran al polideportivo las familias antes que nosotros. Cuando estábamos pasando, se escuchaba por los micrófonos de la cárcel que no dejaran pasar a ninguno de los presos por la M-30 justamente porque iban a pasar las familias, y por protocolo de seguridad se intenta que no se encuentren en todo el recinto carcelario con ningún preso diferente a los de las familias. Cuando llegamos al polideportivo ya estaban allí esperando los catorce muchachos de la cárcel a sus familias, con gesto de impaciencia y a la vez con la alegría que supone poder encontrarse en breve con sus seres mas queridos, y junto a ellos, los tres reyes magos y los ordenanzas. Y enseguida llegaron por fin las familias….

Es un momento muy especial el del encuentro, a diferencia evidentemente de la despedida. Es para todos emocionante: todo son abrazos, caras de sonrisas, alguna que otra lágrima de emoción pero sobre todo entusiasmo y vida, mucha vida la que se respira en ese encuentro. Todos los niños y madres se reúnen con los padres y todos comienzan a correr por el polideportivo y a poder disfrutar. En ese momento es cuando al verles todos los esfuerzos que ha supuesto la organización de la fiesta se nos olvidan, es tanta la alegría que se percibe que damos por bien empleadas todas las energías gastadas: un año más comprobamos que había merecido la pena organizar la fiesta, porque seguíamos descubriendo que desde ella la cárcel cobraba humanidad y esperanza, y nosotros, desde nuestra opción concreta cristiana, la vemos como un signo especial del Reino al que apunta Jesús de Nazaret; la fiesta de reyes en la cárcel es sin duda uno de los signos de los que habla Jesús en el Evangelio cuando le envían a los discípulos de Juan para ver si El es o no el Mesías, es un signo que habla por sí solo; los cojos andan, los ciegos ven… y diríamos desde ahí que los presos y sus familias se sienten como tales seres humanos, se sienten felices y sienten que lo importante en sus vidas no es lo que han hecho sino que siguen siendo seres humanos queridos, amados por un Dios que es Padre-Madre y que se hace presente en ese gesto entrañable de poder jugar y disfrutar durante unas tres horas con sus seres más queridos, como son sus hijos. Y quizás también así lo vivimos de nuevo un año más todos los que estábamos allí disfrutando juntos.

Enseguida vino también la merienda, los roscones que habían preparado con tanto cariño los presos de la cocina que estaban haciendo un curso durante esos días, con el chocolate, y cada uno fue tomando y sirviendo su merienda y aprovechando el momento para estar unidos. Nosotros, voluntarios y el equipo de tratamiento del centro paseábamos por allí viendo a los niños, sus caras y los rostros también de sus padres. Los niños saltaban, jugaban, cantaban… las tres educadoras del centro se dedicaron a amenizar ya perfectamente la fiesta, junto con otro de los presos que hacía malabares ante los ojos casi bizcos de los niños que querían también participar y hacer sus propios equilibrios con los palos; después el juego de pompas y las esperadas piñatas que hicieron que todos se pusieran morados de caramelos y golosinas, hasta pudimos contar con un karaoke donde todos los niños cantaba y reían… es verdad que en algunas familias no pasaba todo así, porque los problemas a los que hacia mención anteriormente también se vislumbraban, algunas familias estaban más preocupadas de ellos, de la pareja, que de lo que pasaba a los niños, y al verlo también nos daba una cierta pena, porque una vez más los niños, los más débiles de todos, seguían pagando los errores de los padres y madres….Recordé de nuevo las palabras que nos decía Monasa, nuestro pirata somalí hace años, cuando participó también haciendo de rey mago “Esto es una familia”, y lo decía con lágrimas en los ojos acordándose de sus hijos, porque ciertamente allí se respiraba ese ambiente de familia, donde todos además nos sentíamos iguales, no había “roles” a desempeñar dentro de la cárcel, sino había seres humanos disfrutando en torno a los más débiles, y de nuevo recordando las palabras del Evangelio “si no os hacéis como niños no podéis entrar en el Reino de los cielos”, esas palabras también se respiraban en aquel polideportivo…

Después y pasadas las seis de la tarde, pasamos al salón de actos, donde ya nos estaban esperando los payasos como cada año, Graci y Ploby, dos voluntarios del club de payasos que cada año nos hacen pasar un rato divertido. Y los niños desde su inocencia característica participando también de la fiesta con ilusión y entusiasmo. Y por fin, hacia las siete menos cuarto llegaron sus majestades los reyes de oriente con los pajes. Se hizo un silencio, se les anunció y luego fue seguido de un gran aplauso por parte de todos los niños que los miraban con cara de alegría; uno de los niños al ver a uno de los reyes se le acercó y le dijo: “Oye tu también has estado en mi colegio”, y rápidamente arrancó nuestra mejor sonrisa. Se les iba nombrando por familias y todos recibían sus regalos junto con sus padres que también iban subiendo con los niños, los reyes y pajes se los entregaban junto con unas monedas de oro que salían de un cofre mágico que allí teníamos. Los niños bajaban contentos con sus paquetes, una niña me preguntó con voz inocente: “¿puedo abrirlos?” y al decirla que sí la cara se le iluminó y enseguida descubrió lo que había en el paquete con alegría. Mientras estaban abriendo regalos se me acercó entre lágrimas de emoción una de las educadoras que había estado cantando en el polideportivo y luego haciendo de paje para decirme lo que le había ocurrido con una niña; una niña se le acercó y le dijo: “oye, que casualidad acabo de conocer a una chica hace un rato en el polideportivo que se parece mucho a ti”, y la educadora le dijo: “es que era mi hermana”, a lo que la niña con la misma dulzura y ternura respondió: “claro, ya decía yo que os parecíais muchísimo” ; mientras me lo contaba con lágrimas de emoción no paraba de decir, solo por esto ha merecido la pena, yo no podía pensar que iba a pasar una tarde tan buena y que iba a disfrutar tanto , ha sido un día muy especial. Y así es, lo que uno da gratis lo recibe con colmo también gratis, porque tanto esfuerzo, tanto desazón de tantos días estaban premiados con las sonrisas y las ocurrencias sencillas de aquellos niños y niñas…. Y le pedía a Dios que igual que aquellos chavalillos siempre fuera para mí el evangelio una sorpresa y que estuviera abierto a esa sorpresa cada día, igual que aquella niña había estado abierta a la sorpresa de conocer a una chica, y al momento a alguien que tanto se le parecía y que resulta que era su hermana. Tuvimos un rato después de poder cantar y disfrutar con las familias, pero a las siete y media llegó el momento sin duda mas cruel y duro de toda la tarde: la despedida.

Si como decía, el encuentro de las familias es un momento de vida, el momento de la despedida siempre es un momento fuerte, de dolor, de sufrimiento, especialmente para los padres que son los que se quedan; algunos niños entre lágrimas les preguntaban si iban a ir pronto a casa, otros les decían que por qué no se iban con ellos…. Sin querer separarse de sus brazos, de sus besos, de su cariño… un momento duro, donde algunos de los voluntarios miraban para otro lado porque no querían verlo… la emoción lo embargaba todo, pero había que hacerlo. Y cuando se marcharon las familias, en el salón nos quedamos los chavales de la cárcel con nosotros, en un silencio sepulcral, el griterío de los niños había sido sustituido por el silencio duro, pero un silencio que expresaba mucho, sobre todo que expresaba el dolor de unos padres que se quedan sin lo más preciado: sus hijos.

Impresionantes las lágrimas de un muchacho joven, Manuel, alto, grande, al que siempre me encuentro alegre en los pasillos de la M-30 con el carro de la comida porque trabaja en cocina, y ahora estaba abatido, caído, derrotado, con lágrimas que corrían por sus mejillas y sin decir nada; lo abrace fuertemente y él sólo me dijo: gracias, ha sido muy bonito, pero esto es muy duro, gracias por permitirme vivir esta tarde tan estupenda; tardaré tiempo en quitar de mi cabeza y de mi corazón las lagrimas y la cara de Manuel, no se me va a olvidar… en sus lágrimas estaban también las lágrimas del mismo Dios viendo a sus hijos llorar… Y rápidamente empezaron a aplaudirnos a nosotros y a darnos todos las gracias por la tarde que habían pasado juntos; ellos se fueron antes a los módulos para la cena y según se iban marchando todos se despedían con un beso y un abrazo y con la palabra gracias, y muchos nos decían que a pesar de ese momento había merecido la pena, que no la iban a olvidar y que esa noche iban a dormir mucho más agusto….y quizás de nuevo recordábamos las palabras del Maestro de Nazaret: “cada vez que hicisteis algo a uno de esos más pequeños a mí me lo hicisteis…”

Salimos todos comentando el día por la M-30 con el buen sabor de boca a pesar de este final que a todos nos dejaba, pero contentos por toda la jornada: había sido poner un poco de humanidad y de esperanza en aquel lugar de muerte y de dolor. Y recuerdo de nuevo las palabras del Santo de América: “Nadie hay más importante para la Iglesia como la vida humana, como la persona humana”, ese día era lo único que nos había importado a todos: la vida humana, no lo que habían hecho o dejado de hacer los presos, no sus delitos, sino su propia vida que por encima de lo que habían hecho no habían dejado de perder su dignidad. Y nada más evangélico que hacerlo a través de las vidas de los niños, lo más débil quizás pero a la vez lo más hermoso de la vida.

Algunos iban también comentando el momento final, y como les había enternecido especialmente ver a los presos abrazados a sus hijos llorando al despedirse, como que se habían puesto en su lugar y además decían que no pensaban encontrar en los presos semejante sensibilidad y cariño; y cuando lo escuchaba confieso que yo estaba alegre porque ese era otro de los objetivos de la fiesta de reyes y de que viniera gente de fuera a ella, no tanto a hacer cosas, sino a poder descubrir que los presos eran tan normales, tan personas como todos nosotros y que aunque hubieran cometido el delito que fuera seguían siendo sensibles; por supuesto me alegré de que no conocieran el delito porque sin conocerlo se puede ver a la persona en sí misma, porque así el encuentro de los voluntarios había sido no con delincuentes, sino con personas y recordé también cuando hacemos cada año nuestro camino de Santiago, donde durante todo el camino lo que prima es el encuentro entre personas y no el encuentro entre “delincuentes” y buenos”. Y por supuesto, las palabras de Jesús ante el grupo de fariseos que quieren apedrear a la mujer sorprendida en adulterio “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra” (Jn 8, 7).

Termino esta reflexión el día de reyes, el día 6 de enero de este nuevo año, 2017, por la tarde, después de vivir también durante el día la experiencia de la Epifanía, y el encuentro de aquellos magos, extranjeros, con el niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Aquel encuentro cambió las vidas de aquellos personajes míticos, y sin duda que nuestra fiesta de reyes en la cárcel también ha cambiado las vidas de muchos de los que allí estuvimos o nos ha hecho ver la realidad de modo distinto. Le pido a Dios que aprendamos a no juzgar, que aprendamos a dejarnos sorprender por la realidad en cada momento como los niños y sobre todo que trabajemos juntos por hacer un mundo más humano y más fraterno. Es también lo que intentamos cada vez que visitamos a los presos, compartimos con ellos un rato, celebramos la Eucaristía… humanizar la vida de la cárcel y hacerles ver desde nuestro cariño que Dios también les quiere y está a su lado. Y lo hacemos no porque seamos buenos, ni si quiera porque seamos cristianos, sino porque nos creemos, como dice José María Castillo en su comentario al texto de Mateo de los Magos, que seguir a Jesús, “el cristianismo no es una religión, sino que es un proyecto de vida; el proyecto de la honestidad, la honradez, el buen corazón, la solidaridad. O sea, todo aquello que nos une a todos y nos iguala a todos. Eso es lo que da sentido para esta vida. Y esperanza de otra vida sin fin”. Nosotros comprobamos en este día en la cárcel que lo que nos iguala a todos es que somos personas, que somos seres humanos, que tenemos las mismas necesidades, que tenemos las mismas gracias y los mismos pecados, que todos necesitamos de todos, que el cariño desinteresado y el amor fraterno todos lo entendemos hayamos hecho lo que hayamos hecho y hayamos vivido como hayamos vivido y que Dios nuestro Padre-Madre, además de estar a nuestro lado, cuenta con todos nosotros para que la vida podamos hacerla más humana, y con nosotros capellanes y voluntarios para hacer más habitable la vida en la cárcel junto con los mismos chavales, porque Dios también cuenta con ellos allí dentro para que también así lo hagan. Si los chavales nos daban las gracias por haber organizado la fiesta de reyes, nosotros les damos las gracias a ellos y a Dios por permitirnos ser instrumentos de vida en un lugar de muerte, por poner ilusión y esperanza a través de los preferidos de Dios y con los preferidos: los presos y los niños.

Navalcarnero 6 de enero de 2017.

   
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