images4¿No es una explotación de la mujer y un daño a los intereses del menor?

¿No es una actitud paternalista impedir que una mujer plenamente informada pueda gestar libremente el hijo de otros?

La gestación subrogada es una práctica que crece a nivel mundial y que enfrenta a personas con distintos intereses, por lo que no es fácil llegar a una solución que satisfaga a todas las partes.
Desde Redes Cristianas nos preocupa especialmente la salud y el bienestar de la mujer gestante y del menor, y por ello nos proponemos discernir si es una práctica que puede ser éticamente aceptable o si bien conviene rechazarla (en otro artículo en Actualidad de Redes se expondrán ciertos argumentos con mayor profundidad).

Cualquier persona que investigue sobre este tema descubre que las circunstancias en las que se lleva a cabo pueden ser sumamente variadas en función de la regulación de cada país y la protección que dicha legislación brinda a la mujer gestante.
A menudo se critica que la gestación subrogada supone una nueva forma de explotación del cuerpo de la mujer y su capacidad reproductiva, ya que se aprovecha la situación desfavorecida y precaria de muchas mujeres –situación que limita su capacidad de elección– para obtener a cambio un bebé que se convierte en producto de una transacción económica.
Si observamos cómo se lleva a cabo la práctica de la gestación subrogada en ciertos países donde existe un vacío legal que regule esta práctica o bien donde la regulación no es muy estricta, encontramos numerosos casos en los que no hay duda de que se ha producido una clara vulneración de los derechos de muchas mujeres.
Encontramos casos de mujeres que se han prestado a alquilar su vientre por necesidad económica y han sufrido secuelas psicológicas tras entregar al bebé, casos de mujeres que han firmado contratos de subrogación sin garantías de haber recibido información fiable sobre el proceso y sus riesgos (por ejemplo, en la India muchas mujeres pobres y con escasa formación firmaban contratos redactados en inglés sin ser esta su lengua materna), casos de mujeres que no han recibido una atención médica y psicológica adecuada tras entregar al bebé, casos de mujeres que no han recibido compensación económica si el embarazo no llegaba a término (recordemos que los abortos espontáneos son frecuentes)… Y como estas se han producido muchas otras situaciones de abuso de poder.
En el extremo opuesto encontramos los casos de numerosas mujeres que, libre y voluntariamente, sin estar coaccionadas por la falta de recursos económicos y estando plenamente informadas, han accedido a gestar a los hijos de otros (a veces una hermana, una amiga o una persona cercana) motivadas principalmente por el deseo de ayudar.
Es el caso, por ejemplo, de la mujer británica Carole Horlock, que tras tener a sus dos hijos ha sido gestante subrogada en trece ocasiones y ha afirmado que no le cuesta entregar a los bebés y que «ayudar a tener un hijo a una pareja que a lo mejor lleva 15 o 20 años intentándolo es apasionante, incluso más apasionante que tener tus propios hijos».
Si consideramos que la donación de la capacidad de gestar no necesariamente se produce en un contexto de abuso de poder y puede ser equiparable a la donación de órganos en vivo, como plantean algunos profesionales sanitarios, ¿no estaríamos cayendo en una actitud paternalista al impedir que una mujer plenamente informada (que cumple todos los requisitos de idoneidad, física y psicológicamente) pueda gestar libremente al hijo de otros, ya sea de forma altruista o incluso con una compensación económica por las molestias sufridas durante todo el proceso?
No queremos dejar de mencionar, como dato relevante para esta reflexión, que muy recientemente, tras ocho meses de trabajo, el Comité de Bioética de España (CBE) ha elaborado un Informe sobre los aspectos éticos y jurídicos de la maternidad subrogada. En él recomienda prohibir a nivel internacional los contratos de gestación por sustitución, ya sea de forma lucrativa o altruista, puesto que considera que siempre implica “una explotación de la mujer y un daño a los intereses superiores del menor” y que, por tanto, “no puede aceptarse por principio”.
Desde Redes Cristianas nos posicionamos en contra de las malas prácticas en gestación subrogada que no velan adecuadamente por los derechos de la mujer gestante durante todo el proceso. Por otro lado, consideramos que puede ser legítimo que una mujer decida donar libre y voluntariamente su capacidad de gestar a terceros, al menos en la modalidad altruista.

   
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