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Diamantino1Texto leído en la celebración del 25 aniversario de la muerte de Diamantino García en Osuna el 9 de Febrero(Redacción de RR.CC)
Cuando Enrique me propuso que participara en estas jornadas, la verdad es que no me veía subida aquí, intentando hablar de una persona tan querida para mí y, muchísimo menos, de la Iglesia que él soñaba. Pero venciendo ese miedo a no expresarlo tan bien como me gustaría, aquí estoy, recordando mi experiencia maravillosa de haber conocido a Diamantino, junto a otras personas tan queridas para mí como Enrique, Esteban, Miguel, Antonio, “los curas de la Sierra Sur”; Boni, Andrés, Manolo, Benito, de “los curas de la zona de Antequera”; Pepe Castillo famoso por sus escritos y sobre todo por su TEOLOGÍA POPULAR, sin olvidar a las religiosas y algunxs seglares como Rafael, Seso, Carmen la Vita, Isabel…, en fin ese grupo de personas que, como dice el poema “golpe a golpe, verso a verso” fue abriendo mis ojos.

Perdonad que os cuente un poco de esa parte de mi vida o sea de esos golpes o momentos que dieron un vuelco a mi vida porque al fin y al cabo, yo formaba parte de esa Iglesia que, pienso yo, Diamantino quería cambiar.

Llegué a Andalucía en 1971. Yo era una persona muy religiosa, de comunión diaria…, en resumen, no iba más allá de practicar una religión burguesa (Johann Baptist Metz + 2/12/19) y el primer golpe o llamémosle verso, por no decir aldabonazo, fue este: me cuentan unxs amigxs que en la Sierra Sur hay un grupo de curas que, son de izquierdas, que trabajan en el campo, que van a la vendimia a Francia, a los espárragos a Navarra… ¡¡Buff!! ¿Esto qué es?… Otro golpe fue enterarme que “había curas en las cárcel”, y me pidió el párroco de mi pueblo que le llevara a Casabermeja, porque había salido un compañero de la cárcel llamado Andrés Alfambra, (¡mis ojos “cuadraos”!). Otro día me lleva Boni a Bujalance a conocer una Comunidad Cristiana, en la que trabajan juntxs, religiosas, seglares, curas y que uno de ellos había negado la comunión a una persona rica del pueblo porque había hecho ostentación de su riqueza mientras allí había personas jornaleras cogiendo aceitunas y viviendo, se podría decir, en cuadras.

A base de estos golpes que para mí más fueron “versos”, porque llegaron al corazón, comprendí, pasados los años, que Diamantino defendiera al arcipreste de Irún, José Ramón Treviño que fue encarcelado. Eso ya no me extrañó sino que me pareció que hacía lo que debía de hacer como cristiano, solidarizarse con él. En fin, pensando todo esto, y recordando mi experiencia personal de “conversión” y siempre “guardando las distancias”, se me ocurrió pensar que Diamantino, como sus compañeros, fueron a su primer destino, la Sierra Sur, con la intención de vivir su fe cristiana del modo más consecuente posible con el Evangelio y esto se hizo realidad con el contacto con las mujeres y hombres campesinxs; les hizo repensar en la iglesia y su papel en un medio rural empobrecido en el que tenían estas mujeres y hombres que agarrarse a la emigración, vivirla en muy malas condiciones, para poder “ir mal viviendo” durante el resto del año.

Como veis por lo que os he contado, antes yo formaba parte de esa Iglesia que él y sus compañeros querían cambiar. Y así, al mismo tiempo que ellos se dieron cuenta de lo que era vivir el Mensaje de Jesús, yo, con el contacto con ellos y con las personas que antes os he nombrado, me di cuenta de que formaba parte de esa Iglesia que era una “empresa de servicios religiosos” y que queríamos salvarnos con la práctica de los “primeros viernes de mes”, confesando y comulgando, yendo a misa… Así era como entendíamos y algunas personas que no han tenido la misma suerte, entienden todavía la Iglesia: como jerarquía, imposición, normas, dogmas, etc. (Valle de los Caídos, los cursos que el obispo de Castellón está organizando para hacer frente a la políticas del Nuevo Gobierno, etc.).

Diamantino y sus compañeros, pienso yo, más que cambiar la “iglesia”, con las connotaciones que acabo de nombrar, por lo que trabajaban era por aquello que las personas creyentes llamamos Reino de Dios o, como algunxs teólogxs, en un lenguaje más actual, llaman Sociedad Alternativa o Comunidad de Comunidades Humanas, en la que caben creyentes y no creyentes, en la que lo importante es la misericordia, poniendo en el centro las personas que más sufren, las que carecen de todo lo necesario para poder vivir, las oprimidas y las crucificadas por este sistema. Y yo añadiría cambiar a las que estábamos equivocadas, en las nubes, a las indiferentes.

Creo que Diamantino se dio perfecta cuenta, como dicen algunas sociólogas, que hay mucha gente despistada, que no es mala pero que pasa por la vida indiferente. A eso le llevó la radicalidad de su compromiso cristiano al servicio de lxs excluídas y de la justicia, defensor de las causas justas o, como dice Esteban en su libro “Como un Diamante”, a las “causas perdidas”. Por eso trabajó para ir deconstruyendo esa religión burguesa que no tiene que ver nada con el Dios de Jesús de Nazaret, e ir construyendo un mundo más fraterno, justo e igualitario porque eso es lo que Jesús nos transmitió durante su vida.

Diamantino, como Él, como el de Nazaret, creía en la utopía y trabajaba por ella sin desvanecer. Eso, también le proporcionó como a Jesús, incomprensión y resistencia en la misma Iglesia, entre las autoridades civiles y eclesiales, pero como lo que le movía era contribuir a hacer un mundo mejor, pues contra viento y marea luchó, y además lo hacía con gracia. Me contaba mi marido, que era uno de los jornaleros que tuvo contacto con él, que un día la Guardia Civil, le pidió el DNI saliendo de una reunión con ellos en Alameda y que Diamantino le dijo: “Perdone, usted no lleva guantes y para cogerlo es necesario” Se quedaron boquiabiertos todxs y al preguntarle luego si eso era así, él les dijo: “Yo qué sé, pero ellos tampoco lo saben”. La verdad es que tenía el don y la gracia de convencer con sencillez, sin imponer. Así, mientras entre “los suyos” (los eclesiásticos) y las autoridades encontró persecución, multas,… igual que les pasaba asus compañerxs de trabajo, lxs jornalerxs, las personas marginadas, inmigrantes, presas,…

Diamantino sabía que la mayoría vivíamos en una Iglesia de CRISTIANDAD, que, como él decía, era algo parecido a una “agencia de servicios religiosos”: bautizos, bodas, comuniones, entierros; una Institución preocupada por mantener su influencia y protagonismo a costa de lo que sea, (no hace falta pensar mucho, lo hemos visto en los últimos acontecimientos: el prior del Valle, el sacerdote Tejero,..) Una Iglesia que se olvidaba del PROYECTO DE JESÚS. Por eso él nos alentaba a vivir y extender ese Proyecto.

El seguimiento de Jesús fue su compromiso insobornable: una sociedad fraterna basada en el amor. Le preocupaba la Iglesia Universal y las locales o comunidades de base, una IGLESIA DE MISIÓN, de compromiso, como he dicho antes, con lxs excluidxs de esta sociedad. Esta preocupación era común entre muchxs religiosxs, seglares, sacerdotes, que formaron el movimiento MISIÓN DEL SUR y que se estaban esforzando por hacer surgir grupos de creyentes que vivieran su fe cristiana en medio de la gente y pudieran llevar la BUENA NOTICIA a otras muchas personas.

Le preocupaba la IGLESIA UNIVERSAL, Y LA LOCAL, LAS COMUNIDADES DE BASE tanto españolas como latinoamericanas. También estuvo en Nicaragua, Cuba, en Honduras no le dejaron entrar; también fue a Panamá y estuvo en el Salvador. En este país logró convencer a un coronel del ejército gubernamental para que les permitiera hacer llegar a sus destinatarios varios cientos de toneladas de arroz y leche en polvo de la CEE, alquiló camiones y los víveres pudieron llegar. (Ya sabéis que Diamantino “era capaz de venderle hielo a un esquimal”).

También a mí me pegó ese gusanillo y estuve en esos países y, como todo se transmite, a una sobrina mía le entró la inquietud de irse a un país de Latinoamérica y se terminó de convencer una vez que Diamantino estuvo en Madrid, en casa de mi hermana, escuchó con mucha atención lo que contaba, el sufrimiento del pueblo, el asesinato el 24 de marzo de 1980 de Monseñor Óscar Romero… Total, que la decisión estaba tomada y… a El Salvador se marchó de voluntaria en cuanto terminó sus estudios y… se quedó allí.

En fin, a Diamantino le preocupaban tanto las personas con las que trataba que, como he mencionado antes, viendo que Los Corrales se quedaba vacio, porque su gente se iba a los espárragos a Navarra y a la vendimia a Francia, decidió hacerse jornalero y temporero e irse con su gente a trabajar. Renunció a la paga de la Iglesia y vivió de su trabajo y, al hacerse jornalero, no tuvo más remedio que denunciar a los patronos cuando cometían injusticias, porque él comprendía que el Evangelio no era Buena Noticia para todas las personas, ya que las ricas, decía él, se resisten y normalmente no aceptan por buena noticia el desprenderse de sus riquezas para compartir. Ya lo dijo Jesús: “Es más difícil que un rico entre el Reino (es decir, que entre a formar parte de esta SOCIEDAD ALTERNATIVA) que un camello por el ojo de una aguja”…Pero Diamantino tenía esperanza y luchaba por esa fraternidad entre las personas, recordaba las palabras de Zaqueo cuando conoció a Jesús: “Mira, Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres y a los que haya engañado les devolveré cuatro veces más.

Termino con unas palabras de Diamantino que, como regalo de Reyes en 1995, me enmarcaron mi gente que tanto aprendieron de él, no sé si con la intención de que no me olvidara nunca:
”Yo tengo claro: que la verdad es hacer el bien y la mentira valerse de las personas para enriquecerse.
Yo tengo claro: Que la verdad es solidaridad, hermandad, libertad, y que la mentira es manipulación, aprovechamiento y esclavitud.

Yo tengo claro varias cosas, no todo por supuesto.
Algunos piensan que las causas en las que estoy metido y otra serie de gente, son causas perdidas; la de los jornaleros sin tierra, la del Tercer Mundo, la de los presos, la de los marginados a todos los niveles. Yo pienso que no son causas perdidas, sino que son causas difíciles; pero, como son tan razonables, algún día las ganaremos.

Yo he notado en los pobres y en los humildes, cuando uno se entrega a ellos, que lejos de manipularte lo que hacen es sacarte el jugo; pero que tú puedes ayudarles con lo que sabes y con lo que puedes. Pues me parece que EL JUGO NO ME PERTENECE A MÍ, LE PERTENECE A ELLOS”
Esta es la actitud, el modo de comportarse que hemos de tener las personas pertenecientes a esa iglesia. La Iglesia por la que Diamantino trabajó es la iglesia que es fiel al MENSAJE de JESÚS, que es Comunidad de Comunidades Humanas, creyentes o no, con tal de que trabaje por lxs excluídxs, lxs más pobres, lxs desahuciadxs. Lxs creyentes que aprendimos de las personas, como Diamantino, permanecemos en ella con la intención de cambiarla y porque para nosotrxs es comunidad de comunidades HUMANAS, la de los curas obreros, la de Ellacuría y sus compañeros asesinados, la de Monseñor Romero y la de tanta gente que no son creyentes pero que luchan por la justicia.

Sabemos que es ir contracorriente pero no nos preocupa, que sigan con sus apropiaciones de edificios, con su machismo, contra la ciencia; les va mejor los movimientos de esas sectas que están ayudando a formar dictaduras en Brasil, Bolivia… Mientras nos queden fuerzas seguiremos trabajando por hacer realidad el mensaje de Jesús. Y no estamos solxs, Diamantino seguro que nos acompaña y otras muchas personas que nos precedieron y otras que estando todavía aquí siguen trabajando como él trabajó, sin desfallecer, hasta que un día como hoy hace 25 años nos dejó. Pero no olvidaremos su lucha e intentaremos ser lo más fieles posible al mensaje que él nos transmitió.

En Osuna. 9-2-2020

   
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