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El interrogante, cuya respuesta afirmativa tratamos de justificar a continuación, es tan problemático y grave como real. La Iglesia, como institución, que tiene la función primordial, y acaso única, de facilitar a las personas el encuentro con Dios, es hoy un impedimento para que muchos jóvenes se acerquen a Dios. Esta es la principal conclusión de la investigación realizada por el Grupo de Investigación “Valores Emergentes, Educación Social y Políticas Educativas” (HUM-580) de la Junta de Andalucía y subvencionada por la Universidad de Granada, cuyos investigadores pertenecen al Departamento de Pedagogía de dicha Universidad.

Se trata de una investigación, realizada en los meses de mayo y junio del pasado año 2017 en todas las universidades de Andalucía, en concreto en las Facultades de Ciencias de la Educación. El programa empleado es el paquete estadístico SPSS 20.0 (StatistickalPackagefor Social Sciences).

Se realizó un muestreo probabilístico por conglomerados seleccionando en las Facultades de Educación Pública andaluza los siguiente grupos de primero del Grado de Educación Primaria: Universidad de Sevilla: Grupos 2, 5 y 8; Universidad de Granada: Grupos 1, 2 y 3; Universidad de Almería: Grupo 3; Universidad de Córdoba: Grupos 1 y 2; Universidad de Huelva: Grupos 2 y 3; Universidad de Jaén: Grupos 3 y 4; Universidad de Cádiz: Grupo 1 y Universidad de Málaga: Grupos 4 y 5.

La investigación se ha realizado, mediante la aplicación de un Test de Valores Adaptado (Gervilla y otros, 2017), basado en la técnica de calificación de palabras, que trata de constatar en cada sujeto, los siguientes valores: Corporales, intelectuales, afectivos, individuales, morales, estéticos, sociales, políticos, ecológicos, instrumentales y religiosos. El grupo seleccionado de jóvenes adquiere una importancia singular, al tener un efecto multiplicador, pues al ser los educadores del futuro, van a transmitir a sus alumnos sus actitudes, creencias y valores.
El test parte de un concepto de educación integral, entendiendo la persona como: “Animal (valores corporales) de inteligencia emocional (intelectuales y afectivos), singular y libre en sus decisiones (morales, individuales, estéticos) de naturaleza abierta o relacional (sociales, políticos, ecológicos, instrumentales y religiosos)”.

La jerarquía de valores obtenida de estos jóvenes se muestra en el siguiente cuadro.
VALORES. N=651
Media
Desv. típ.
Afectivos
40.58
8.265
Morales
38.65
9.836
Individuales
37.30
9.776
Ecológicos
34.96
12.085
Corporales
33.70
8.033
Sociales
30.53
11.010
Instrumentales
24.42
11.227
Estéticos
22.90
11.838
Intelectuales
19.53
11.764
Políticos
15.50
12.434
Religiosos
6.75
21.278
Intervalo. Puntuación máxima: + 50 y mínima: – 50
La alta estimación de los valores afectivos, morales e individuales manifiesta una juventud con una gran personalidad y muy preocupada por la justicia, la humanización y las relaciones cordiales y afectivas. Los valores ecológicos, corporales y sociales, también con valores superiores a la media, revelan la importancia que otorgan los futuros educadores a la ecología, a la salud y a las relaciones y problemas sociales. La puntuación de los valores instrumentales, estéticos e intelectuales, inferiores a la media, ponen de manifiesto unos jóvenes poco materialistas, poco interesados en el arte y la belleza.

Y, lo más preocupante, poco interesados en la formación intelectual, tal como se imparte hoy, siendo ésta su actual y diaria actividad. Los valores políticos y religiosos, los últimos de la jerarquía, y a bastante distancia de los precedentes, sobre todo el valor religioso, muestran la despreocupación de los jóvenes por la política, y la indiferencia y rechazo a las cuestiones religiosas. La alta desviación típica del valor religioso es un dato bastante significativo. Otros estudios, tales como la Fundación Santa María, el Ministerio de Asuntos Sociales, Fundación Reina Sofía, INJUVE, etc. se orientan en este mismo sentido.

Nos centramos, por el momento, sólo en el valor religioso. Este test reviste una originalidad especial por cuanto, mediante la valoración de 25 palabras en cada uno de los valores, nos permite detectar el sentido del valor religioso, es decir, los aspectos de la religión que son más o menos valorados, o bien, rechazados: Caridad, Dios, misionero, Iglesia, sacramentos, papa, obispos, sacerdotes, etc.

El siguiente cuadro indica el valor otorgado a cada una de las palabras, siendo 1-2 la valoración muy negativa y negativa, el 3 la indiferencia y 4-5 positiva y muy positiva.
N = 651
Media
Desv. tip.
Caridad
4,08
0,918
Libertad religiosa
4,05
1,027
Misionero
3,59
1,052
Procesión
3,48
1,232
Dios
3,47
1,169
Espiritual
3,43
1,061
Creyente
3,42
1,121
Jesucristo
3,41
1,178
Bautismo
3,40
1,115
Rezar
3,23
1,147
Cuaresma
3,22
1,117
Místico
3,11
,900
Evangelio
3,06
1,064
Parroquia
3,04
1,047
Biblia
3,04
1,096
Catequesis
3,03
1,078
Papa
3,01
1,038
Iglesia
2,98
1,237
Misa
2,97
1,079
Clase de religión
2,96
1,081
Confesar
2,94
1,115
Monja
2,89
,970
Sacerdote
2,88
1,040
Vaticano
2,80
1,130
Obispo
2,77
0,997
Intervalo: 1-5
Como puede apreciarse, con valoración MUY POSITIVA se encuentra sólo en dos vocablos: caridad y libertad religiosa. Con valoración POSITIVA con tendencia hacia la indiferencia se encuentran los vocablos: misionero, procesión, Dios, espiritual, creyente, Jesucristo, bautismo, rezar, cuaresma, místico, evangelio, parroquia, Biblia, catequesis y papa. Y con valoración NEGATIVA con tendencia hacia la indiferencia, y por este orden, las palabras: Iglesia, misa, clase de religión, confesar, monja, sacerdote, vaticano y, la valoración más negativa: obispo.

ALGUNAS CONCLUSIONES Y SUGERENCIAS
1. La descristianización de nuestra sociedad es un hecho evidente, y de modo progresivo, en todas las capas de nuestra sociedad. Según el CIS, en el año 2006, la sociedad española se consideraba católica el 77% y en el año 2017 descendió hasta el 67%. Los no creyentes han aumentado, en los mismos años, del 12.4% al 16.8%. Quienes se confiesan ateos también han aumentado del 6.9% al 10.3%. La asistencia regular a la misa dominical se sitúa en general en el 14.6%, y entre los jóvenes en torno al 8%.

Los jóvenes, desde hace años, se encuentran alejados de la Iglesia, basta mirar la edad de los asistentes a la misa dominical. Actualmente la religión para muchos de ellos sigue ocupando los últimos lugares en una escala de valoración de las cosas importantes de la vida (16%), y ya sólo un 40% se define como católico (http://www.fundacion-sm.org/).
2. Lo grave es que la Iglesia, como institución, sea un elemento más de colaboración en esta descristianización de la sociedad española. Actualmente, la Iglesia hoy sería semejante a un “hospital” que, en lugar de sanar, favoreciera la enfermedad de sus pacientes. Toda una contradicción con su misión evangélica, pues no sólo no contribuye a que los jóvenes encuentren a Dios, sino que es un obstáculo para muchos de ellos.

La Iglesia ha perdido el tesoro humano más valioso: los jóvenes. Y lo que es más grave aún, con la colaboración de la jerarquía. Si esta Iglesia envejecida se propone recuperar a los jóvenes, ha de iniciar su tarea por lo que ellos valoran de la religión: la caridad, la libertad, la figura del misionero y la ayuda al prójimo.

3. Las personas más visibles de la Institución, los mensajeros de la misma: sacerdotes, monjas y obispos son puentes rotos o piedras en las que tropiezan muchos jóvenes para llegar a Dios.
Es significativo que los obispos, y la misma Conferencia Episcopal, cuando hablan de la secularización de nuestra sociedad, jamás aludan a su modo de vivir, siempre la causa es ajena e ellos, cerrando así los ojos a la realidad a múltiples investigaciones.

Jamás escuchamos una autocrítica en sus documentos. Algunos todavía viven en palacios que, al margen de la realidad, son signos de riqueza, comodidad y ostentación, ya desde Juan el Bautista (Mt. 11,8). Toda una contradicción de quienes están obligados a imitar a quien nació en un pesebre, murió en una cruz y en su vida “no tenía donde reclinar la cabeza” (Mt. 8,20). Ante esta realidad es lógico que a muchos jóvenes la palabra obispo les resulte el vocablo más desagradable (puntuación: 2.77). La entrega y la buena voluntad de muchos obispos no es cuestionada, pero muchos jóvenes no ven en ellos el camino para llegar a Dios, sino un obstáculo y tropiezo.

Quizás esta “crisis religiosa” puede ser un momento para el nacimiento de una Iglesia nueva, más humana, menos poderosa y más entregada a las necesidades del prójimo, como indica el Papa Francisco: “Una Iglesia pobre y para los pobres”, una Iglesia de “tienda de campaña”, “de periferias”, en la que sus pastores “huelan a oveja”, “sin obispos de aeropuertos” y sin cardenales “príncipes”… “Le digo a los sacerdotes que es el clericalismo lo que aleja a la gente. El clericalismo es una peste en la Iglesia”.

Los sacerdotes y religiosos, muchos de ellos ejemplo de entrega y abnegación, no son percibidos por muchos jóvenes como transmisores de la Buena Noticia, sino más bien como personas que han optado por ser “funcionarios”, en su aspecto más negativo, como diría el Papa Francisco; o bien, un “modus vivendi” seguro, cómodo y sin grandes problemas. Quizás un trabajo civil acercaría el sacerdote al mundo laboral, se resaltaría el aspecto vocacional al servir a las parroquias gratuitamente y no viviendo de éstas. Algo que ya practicó S. Pablo: “No comimos de balde el pan. Al contrario, trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros” (2 Tes. 3,8).

Y muy significativo de esta realidad son las palabras del, L’Osservatore Romano, (24 julio, 2017): “En muchos sacerdotes, por desgracia, la cultura teológica es pobre, y aún menor la preparación bíblica, el lenguaje anticuado, el pensamiento repetitivo y sin vida”. Y ello en una sociedad en la que, quizás hoy más que nunca, se necesita una especial y mayor preparación académica y espiritual. La Jerarquía eclesiástica hoy, para muchos jóvenes, no es luz que alumbre, ni sal que sale.
4. Los colegios de la Iglesia y las clases de religión, a raíz de estos resultados, necesitan una reforma urgente. Hay que educar de otra manera.

La formación religiosa escolar que actualmente reciben los jóvenes andaluces es ineficaz (puntuación, 2.98), a pesar de las múltiples horas dedicadas a ello y a pesar de los muchos centros de la Iglesia. Las Escuelas Católicas de Andalucía (ECA) aglutinan a los titulares de los centros educativos católicos de la comunidad andaluza. En esta región ECA cuenta con 400 colegios distribuidos por toda nuestra geografía, con unos 225.000 alumnos y más de 16.000 profesionales. (Diario de Sevilla, 7 febrero, 20017). El problema es muy antiguo. Baste recordar los estudios al respecto de la Fundación Santa María desde el año 1960. En el año 2005 sobre la Enseñanza religiosa escolar, dicha Fundación, concluía lo siguiente: La enseñanza religiosa es de mucha utilidad sólo para el 9% y de alguna utilidad para el 27% y la mitad de los jóvenes afirmaban: “prácticamente no me ha servido de nada o de casi nada” (Jóvenes españoles 205, p. 262). Ante estos datos, no pueden ser más lógicos los resultados de nuestra investigación.

Las causas de esta ineficacia pueden ser múltiples:
1) La falta de investigaciones que, en los colegios y en las diócesis, que nos indiquen la raíz del problema.
2) La carencia de evaluaciones superiores al aula, que nos muestren la asimilación de conocimientos y las actitudes religiosas.
3) La obligatoriedad de la Enseñanza religiosa en los colegios de la Iglesia, sin tener en cuenta la doctrina de la misma, pues el Episcopado español, con todo acierto, ya en el año 1979 (La Enseñanza Religiosa Escolar, nº 19) supo manifestar la importancia de esta materia y, al mismo tiempo, su optatividad. “La religión siendo la disciplina escolar más importante es, sin embargo, la que menos puede imponerse. Por afectar al núcleo esencial de la existencia, cualquier coacción en materia religiosa sería sinónimo de dominio sobre la persona humana”.

4) La formación permanente y actualización del profesorado, pues en la sociedad actual, la religión sea posiblemente la materia más difícil de impartir con eficacia. El Concilio Vaticano II, ya alertó de este problema: “El descuido de la educación religiosa o la exposición inadecuada de la doctrina (…) han velado, más que revelado, el genuino rostro de Dios y de la religión” (Gaudium et Spes, 19).
La jerarquía española se ha preocupado mucho de la ortodoxia, pero muy poco de la eficacia. Cualquier sacerdote, profesor de Teología o catequista que se aparte lo más mínimo de la de la doctrina oficial es inmediatamente cesado, pero no es así si su labor pastoral es ineficaz.
En síntesis, pues, el problema de la Iglesia hoy, no es el mensaje: Dios, ni Jesucristo, ni la Biblia, sino los mensajeros: sacerdotes, monjas y obispos. Quizás la percepción de los jóvenes, resultados de esta investigación, no se corresponda con la realidad, pero sí con su valoración de la Iglesia, por lo que podemos afirmar que ésta SÍ es la Iglesia de Jesucristo, pero posiblemente NO como la quisiera Jesucristo.

Dr. Enrique Gervilla Castillo
Catedrático del Departamento de Pedagogía
Universidad de Granada, egervill@ugr.es

   
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