VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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Por la magia de la informática todo está predestinado a la actua­lización. También la lucha de clases, negada a partir del fran­quismo y sostenerse esa negativa por las clases dominantes, hasta hoy.
Sea como fuere, la situación que se vive hoy día en España pero también en otros países de Europa, pero también en Lati­noamérica donde es permanente, es esa que trae a un primer plano, pues estaba semi escondida, la lucha de clases.

Una teoría que resulta fundamental para explicar la historia como tensión; como una tensión vital, existencial y social, como un antago­nismo permanente entre libres y esclavos, patricios y plebe, se­ñores feudales y siervos, burguesía y proletariado, aristocracia y pueblo llano, entre ricos y pobres. Hay quien, como Ludwig von Mises, aplica el término “lucha” a los esfuerzos que hacen las personas que se enfrentan en el mercado, para asegurarse el mejor precio posible en ciertas condiciones, entonces la eco­nomía es un teatro de lucha permanente de todos contra todos, y no una lucha de clases. Una forma extravagante de enmascarar la realidad patente. Negarlo, negar que vivimos en una perma­nente lucha de clases, avivada por periodos prolongados de tiempo como el que atraviesa ahora España, es cinismo puro. Negar la lucha de clases en España es como negar la ma­dame del prostíbulo, que allí se trafica con el sexo.

La derecha y la ultraderecha política en España engloban a la población conservadora en su sentido más amplio de conserva­ción de valores morales y de “buenas costumbres” asociados a la ideología católica y cristiana en general. Pero ésta es la fachada. La derecha y la ultraderecha se corresponde principalmente con la población de los dueños y poseedores; una clase social inte­grada por detentadores de la mayor parte de la riqueza del país, buena parte de ella enriquecida desde la caída de la República gracias a la incautación por el franquismo de los bienes de los perdedores de la guerra, y más tarde, ya en el régimen actual, enriquecida por el expolio de las arcas públicas. Es decir, que la lucha de clases en estos momentos históricos está encrespada, enfurecida, pese a que los otros contendientes apenas reparen en ello por la confusión que reina en buenos espacios de la política y del periodismo vehículo o vector del pensamiento predomi­nante social.

En cualquier caso, la lucha de clases que se está librando sub­terráneamente en España, está sofocada como tal lucha por dis­tintos factores de la dominación, la parte de los dominados y los desposeídos. En situaciones como la que se vive, la única salida ha sido siempre la revolución. Pero siendo impensable en este tiempo, tanto por estar atrapada la sociedad española en la tela de araña de la Comunidad Europea como por el conformismo y por la indolencia de esa parte de la sociedad deprimida, no cabe otra mejor actitud que la de aceptar ésta que la lucha de clases la tiene de antemano perdida.

   
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