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Benjamín Forcano1Este estudio, largo ciertamente, lo he preparado porque la conyuntura del CORONAVIRUS daba pie para replantear y recuperar el sentido originario de la Misa,y hacer ostensible la excelente vacuna del Nazareno contra virus encubiertos, pero siempre activos y muy perniciosos.

1. Nostalgia y gran reclamo de la Misa para un funeral multitudinario
Ha venido sonando cada vez más, la necesidad y el reclamo de escenificar una Misa por todos los que han fallecido por el CORONAVIRUS, dado que se nos fueron sin haber podido celebrar esa Misa con ellos de cuerpo presente,con asistencia de los familiares y amigos. Misa, porque esa era la forma de despedir como acto final a los que se nos iban muriendo y lo ha sido por siglos.
La Misa, en nuestro país mayoritariamente católico, tiene un valor el más sagrado,que se hace valer precisamente en el acto último de nuestras vidas.
Esto explicaría el que, en un momento como el creado por el CORONAVIRUS, -muertes masivas sin rito religioso- se haya creado un vacio, tanto para quienes morían como para los que les acompañan en su despedida.

No era fácil compatibilizar esa ausencia con la responsabilidad de evitar que la muerte creciera aún más por letales contaminaciones del virus con la presencia física de esas celebraciones.Y no han faltado quienes, desde esa perspectiva, han considerado un derecho el poder vivir el rito religioso y el duelo con presencia física por encima del riesgo del CORONAVIRUS.
Y se ha planteado el conflicto entre ese derecho y el derecho mayor –salvaguardado por la autoridad pública- de evitar nuevas muertes por causa del CORONAVIRUS. El arraigo de esa sagrada necesidad no dudaba en desafiar a la autoridad con la desobediencia y encontraba, en no pocos, asentimiento y aplauso.

2. El grado de confinamiento lo dicta la valoración de cada caso concreto
En circunstancias normales, si se trata de un pueblo, la familia, los vecinos y el pueblo acompañan la despedida, en general con Misa y sacerdote.
En las ciudades, se da también la confluencia de famliares, amigos y vecinos aunque queda circunscrita a un ámbito determinado.

En ambos casos, son relevantes cuatro cosas: el templo, la misa, el sacerdote que la preside y la gente acompañante.Cosas que, en las muertes masivas del Coronavirus , se han considerado como renuncias innecesarias, muy severas, atentatorias contra el derecho a la libertad religiosa.

Sobre este punto, la polémica y el disentimiento están servidos. Y me temo que seguirá, porque sobre el hecho que la suscita, -riesgo de contaminación y aumento de más muertes- no hay acuerdo entre los expertos, los políticos ni en el sentir mismo de la gente.
Se aducen casos en que comprobadamente el riesgo no ha existido y, sin embargo, los pacientes han sido sometidos a un confinamiento rígido, que ha provocado la ausencia de todo familiar y amigos y que ha acelerado la muerte.

Problema grave, ciertamente, para quienes políticamente, tienen que arbitrar normas y protocolos concretos. Serán muchos o pocos los casos, no lo sabemos a ciencia cierta, pero sí sabemos de la resistencia y dolor de los sujetos afectados y de los familiares y amigos respectivos.
La solución puede y debe aproximarse a la realidad, pero no se la puede dictaminar con simples y autoritarias decisiones, sino que hay que valorar cada caso concreto.

3. Evolución histórica del sentido de la Misa
Teniendo en cuenta lo que antecede, podemos afinar ahora de cara sobre todo a cuantos han sufrido y pueden sufrir esta situación, el puesto debido a la Misa, como prolongación que es de la celebrada por Jesús en la Ultima Cena.

No hay duda de que la Misa se viene presentando de una forma que en nuestro tiempo ha sido cuestionada por desatender aspectos importantes de su sentido original. La investigación bíblico–teológica ha avanzado enormemente y nos permite captar ese avance plasmado en el concilio Vaticano II.

Y resulta obligatorio no olvidar que la minoría perdedora que disintió del Concilio, resultó posteriormente mayoría ganadora, aupada por dos pontificados – el de Juan Pablo II y el de Benedicto XVI- claramente conservadores y opuestos al espíritu y nuevas pautas del concilio Vaticano II.
Como en todas las cuestiones importantes, y más en ésta, en la historia del cristianismo se ha dado una clara evolución sobre este punto, que conviene conocer y valorar.

Primero
– Los cristianos del siglo I, siguen haciendo memoria de la última cena de Jesús en sus casas.
-Ya en el siglo II y III se celebra independiente de la Cena. Al no ser bien recibidos en las sinagogas, organizan sus reuniones a base de oraciones, cánticos y homilías, que se fueron conociendo e intercambiando dándoles una forma semejante.

-En el siglo IV , con la conversión del emperador Constantino (313), aumentan mucho los cristianos, se adopta como lengua común el latín y, al no caber en las casas, se reunen en las basílicas , edificios imperiales y no tardan en construir iglesias propias.
-Del siglo IV al VIII, se va incrementando el sacrificio como valor central de la Ecaristía, se realza la divinidad de Cristo, lo que provoca temor y distanciamiento y escasa o nula disposición para recibir la comunión.

– De los siglos IX al XV, los teólogos comienzan a especular y debatir sobre la presencia real de Cristo en el pan y el vino eucarísticos; se afirma la transustanciación: el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor.
Crece el significado de la Misa como Sacrificio, que se celebra en el altar, mediante la consagración por sacedotes. Comienza a celebrarse un poco como espectáculo, al que el pueblo asiste pasivamente y se limita a adorar al Señor en la Eucaristía.
Casi nadie comulgaba, seguramente por reverente temor, y es cuando el 4º concilio lateranense establece comulgar una vez por lo menos al año.

Surgen también las devociones eucarísticas: elevación del cáliz y de la hostia, exposición, cuarenta horas, fiesta del Corpus…La fiesta del CORPUS CHRISTI, comenzó a promoverla la religiosa Juliana de Cornillon: 1208. La difundió Sto.Tomás de Aquino. Suyo es el poema Pange Lingua.Y el Papa Urbano IV la instituyó como fiesta en 1264. Y le dio el espaldarazo definitivo Nicolás V, al salir procesionalmente con la HOSTIA por las calles de Roma.

Con la fiesta del Corpus se petendía conmemorar lo que hizo Jesús en la Ultima Cena de la Pascua, fiesta la más solemne de su pueblo.
De querer poner las cosas en su sitio, necesitamos saber que la cultura judía prohibía tomar la sangre de cualquier animal, cuanto más la sangre de una persona. No así, los ceremoniales paganos donde el “comer el cuerpo y la sangre” de los dioses tenían un gran sentido.

Segundo
Lo expuesto nos da a entender que, a partir del siglo IV, los cristianos ya disponen de templos propios, de sacerdotes que presiden la Misa, del nuevo significado sacrificial que se le otorga. Y, a partir del siglo X, se emprende el estudio de la presencia real de Jesús en la Misa, por la conversión del pan y del vino en su cuerpo y sangre.

Es sorprendente que hasta el siglo X esta cuetión no se plantea y se deja de lado el significado primordial que Jesús le da en la Ultima Cena: recordar y vivir su estilo de via.
Conforme a su sentido originario,a los cristianos de los primeros siglos,se los conocía por su estilo de vida: su modo de relacionarse y comportarse con la gente. No era, como a veces imaginamos, por congregarse en templos e iglesias para celebrar determinados ritos con oraciones y sacrificios. No existían ni disponían de ellos.

En su testamento, Jesús se lo dejó bien claro:no podía dejarles en herencia cosas o bienes que le pertenecieran, pues ni siquiera casa propia tenía.El era un itinerante profeta que se dedicó a anunciar el Reino de Dios, un proyecto de vida, en el que todos los humanos vivieran en justicia, en libertad y en amor. Lo trabajó, se devivió y entró en radical conflicto sobre todo con las autoridades religiosas que,en nombre de Dios, figuraban como intérpretes de la Ley de Dios y guardianes de su cumplimiento. Dueños del saber, de la riqueza y del poder habían convertido el Templo en una “cueva de ladrones”.

En la última cena,Jesús,a los que le habían seguido y vivido con él, vino a decirles: habéis estado conmigo bastante tiempo para entender lo que yo quiero que retengáis como voluntad mía última: anunciar ese proyecto de vida –él Reino de Dios- que consiste en la práctica de la igualdad, de la justicia y del amor, que a diario he proclamado y que, ante lo establecido, he tenido que denunciar , sabiendo con quién me enfrentaba y a lo que me exponía.
“Este hombre se va, este pan y este vino , que en esta cena reparto y compartimos, es como si fueran mi propia vida. iOs pido que, cuando os reunáis para comer, al tomar el pan y el vino, lo hagáis como si tomáseis mi vida, mi propia vida, con la que trataréis de alimentaros y fortaleceros con nueva energía.

Es este mi testamento, mi última voluntad. Hacedlo en memoria de mí , siempre que os reunáis”.
Jesús recalca lo esencial: allí donde quiera que estemos que hagamos lo mismo que El hizo, que nuestra vida sea un retrato de la suya, un anuncio vivo del Reino de Dios, visible en nuestras vidas y que lleguemos, si es preciso, a dar la propia vida, antes que abdicar de ese Reino.
Desde una perpectiva netamente cristiana, nuestra relación con Dios Padre y su Reino, tal como Jesús lo testamenta en la última Cena, no precisa de un lugar: el templo; ni de unos mediadores: los sacerdotes; ni de una víctima: el sacrificio.

Si nos hemos hecho seguidores de Jesús, haciendo nuestro su proyecto de vida,-el Reino de Dios-, tal compromiso podemos vivenciarlo en cualquier momento y lugar, por lo general con otros que también han contraido este seguimiento: ”Creéme, mujer: Se aceca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén. Ha llegado la hora en que los que dan culto auténtico darán culto al Padre con espíritu y verdad, pues de hecho el Padre busca hombres que lo adoren así.Dios es espíritu, y los que lo adoran han de dar culto con espíritu y verdad” (Jn 3, 22-24) .

La respuesta de Jesús, a tantos que persisten en lo del templo, la Misa y la presencia de personas concernidas, les aclara algo que probablemente ni han sospechado. Porque una cosa es cierta, cuando la comprensión de una realidad ha sido interiorizada por generaciones y ha sido sellada por una autoridad como intocable, resulta poco menos que imposible prescindir de ella y tolerar que pueda haber otra forma de entenderla.
Hay, pues, que recuperar esa memoria de la vida y enseñanza de Jesús, siempre que nos reunamos en nombre suyo.

En la última Cena, Jesús nos deja este testamento:
“ Cuando os reunais para comer juntos , al tomar el pan y el vino, pensar que ese pan y ese vino son como mi propia vida, que os alimentais de ella, que si la asimilais os dará energía y fortaleza. Una vida que, sabeis muy bien, he centrado en anunciar el Reino de Dios, – un proyecto de vida individual y comunitario-, regido por la igualdad, la justicia, el amor, la libertad y la paz.

Ese reino es para todos , constituido por la fraternidad y la paternidad universal de Dios Padre. En ese Reino, la primacía la tienen los más pobres, los excluidos, los que no cuentan para nada, ellos serán los primeros y , como tales, los preferidos de Dios.
Yo, por ellos he luchado, por ellos he denunciado, por ellos me he enfrentado con los poderes civiles y religiosos negadores de la dignidad y derechos humanos, por ellos he sufrido odio, calumnias, persecución…
Y, en esta última cena, os he convocado para que seais mis continuadores, suscribamos el pacto de que vais a ser fieles a este mi proyecto, aunque os cueste la vida. Haced lo mismo que yo he hecho, es la mejor manera de honrar mi memoria”.

Creo necesario, recalcar todo esto con textos de quienes lo han estudiado a fondo.
Traigo unos textos del claretiano Rufino Velasco, compañero entrañable, acreditado cultivador de la Eclesiología católica, recientemente fallecido:
“Muchos cristianos provienen del tiempo en que la Eucaristía, tal como se celebra en la diversas Iglesias cristianas, ha ido adquiriendo una estructura que tiene poco que ver con la Última Cena, a pesar de que se afirme que es un prolongamiento”.

Y sorprende aún más que, después de largo y riguroso estudio, concluya: “En torno a la celebración de la Cena del Señor, se ha dado como una traición eclesial, en la que se transforma a Jesús de Nazaret , perseguido por las autoridades judías, en una ´víctima´ sometida a la voluntad del Padre, no ya misericordioso, sino necesitado de un Hijo que repare con la muerte un imaginario pecado ´”original”; transformación que se orienta a perpetuar en los cristianos la condición de “víctimas sometidas” al poder sacerdotal,al que deben sacrificar su libertad y creatividad; e impide a los fieles constituir una verdadera fraternidad en el espíritu de Jesús”.

Y todavía añade estas palabras: “La manera monóloga y ritualizada de entender la Eucaristía explicaría el hecho de que después de millones de Misas celebradas semanalmente en los cinco continentes, no acaezca nada nuevo en la sociedad, mientras la cena pascual de Jesús, teóricamente idéntica, ha marcado una vertiente en la historia de las religiones”.

Tercero
En la Misa, que celebra y nos transmite, a Jesús le preocupa que hagamos de nuestra vida un seguimiento de la suya, un vivir como él, para hacer realidad el reino de Dios.
Jesús, al igual que todos los profetas, rechaza los sacrificios rituales para ganarse la benevolencia de Dios; enseña que lo único que agrada a Dios son las relaciones de justicia y misericordia entre los seres humanos.

Actúa según la línea de los profetas: Amos, Jeremías, Isaias…
“ ¿Por qué estáis tan ciegos que llegáis a afirmar que no se puede comer sin antes lavarse las manos impuras? ¿En qué os apoyáis para decir que no se puede curar en el sábado? ¿De verdad pensáis que no está permitido hacer el bien y salvar una vida en sábado? ¿Me acusáis de obrar así porque tengo dentro a Belcebú?
“Vosotros, letrados y fariseos, estáis fuera del reino de Dios, por más que miréis no veréis; y por más que oigáis no oiréis, a no ser que os convirtáis.Sois unos hipócritas y se os pueden aplicar a medida las palabras de Isaias: Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí.El culto que me dáis es inútil.

Mirad bien lo que os digo: es más fácil que pase un camello por por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos.
Y vosotros, los que me seguís, no procedais como los grandes y poderosos de este mundo que sólo saben dominar y oprimir. Entre vosotros , el que quiera subir que sea servidor vuestro; y el que quiera ser primero , sea esclavo de todos. Amar a Dios y al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.

Cuarto
1.Jesús en la Eucaristía y en la vida
Si el significado de la Eucaristía consiste en que, sentados en torno a una misma mesa, compartimos el pan y el vino de la vida de Jesús, para amarnos como hermanos según El mismo nos mandó, ¿la realidad de nuestra vida y de la sociedad cristiana en que vivimos, es coherente con lo que nos mandó celebrar Jesús? ¿Nuestras misas, nuestras custodias, nuestros ropajes, nuestras procesiones, nuestras calles cubiertas de flores, nuestras músicas …..las acogería y aprobaría Jesús?

Podemos dejar algo bien claro: las palabras de Jesús en su Ultima Cena hay que entenderlas en su significado obvio: el pan y el vino, que tomamos cuando nos reunimos para hacer memoria de él, son un símbolo de que necesitamos alimentarnos de El, hacer nuestra su propia vida, asimilarla para consumirla y derramarla en beneficio de los demás.
Sin pan no hay vida, sin la enseñanza y espíritu de Jesús no hay vida. Si en El y como El vivimos , seremos pan y vino que alimentan, que producen vida.

2. Entonces, se hace inevitable la pregunta: ¿La interpretación dada a la Cena como sacrificio, responde a la verdad histórica y es concorde con los Evangelios?

Creo que está aquí el nudo de la cuestión. Admitamos que la Ultima Cena sea un Sacrificio, ¿pero en qué sentido?

La historia de lo que le ocurrió a Jesús es muy simple: El es un profeta, se opone a toda ley inhumana, repudia el rumbo exhibicionista de una religiosidad interesada en las apariencias, propone una nueva imagen de Dios como Bondad sin fín y sin discriminaciones, ataca el objeto más sagrado para el israelita, el Templo, asociado a mercado y cueva de bandidos, hace el bien en modo y tiempos no oficiales, atestigua con autoridad que en el Reino del Padre entran primero los samaritanos que los fariseos, las prostitutas primero que los justos, los que han padecido primero que los que han gozado, los bondadosos de corazón primero que los poderosos, los operadores de la paz y de la justicia primero que los mojigatos que sacrifican animales.

No sé hasta qué punto todas estas motivaciones, determinantes en el proceso de Jesús y de una sentencia que le llevó al Calvario, han sido borradas de la memoria de los fieles y del rito dominical de la eucaristía.

Porque lo que aparece claro es que , en la vida de Jesús, nada le hace actuar como una víctima o un cordero disponible para el matadero.
Ciertamente no dice que va a morir por los pecados del mundo, sino que es espiado, perseguido y condenado por blasfemo y sedicioso. Se ha hecho hijo de Dios y es un revolucionario político que pone en peligro la legitimidad del Gobernador romano.
Y, para estos casos, las autoridades reservan la crucifixión.
Las autoridades civiles son el Prefecto romano (Poncio Pilato) y las autoridades religiosas el Sanedrín en pleno (Senado de 71 miembros, compuesto del alto clero, de la aristocracia laica y de los jefes rabinos).

En nuestro modo de celebrar la Cena del Señor como Sacrificio, ¿no se percibe, al presentar a Jesús como altar, sacerdote y víctima, un intento de modelar las mentes de los fieles en las actitudes de autoinmolación y así obedecer a los mediadores entre Dios y el pueblo, tal como Jesús que habría obedecido pasivamente?
Vastísima es, en este sentido, la literatura relativa a la transustanciación de la hostia y casi nula la dedicada a la transustanciación de los cristianos, cosa que choca con el objetivo de Jesús, que se fija primordialmente en que sus seguidores cambien sustancialmente su modo de pensar y de actuar.

“A Jesús,escribe Rufino Velasco, no le interesa mínimamente modificar de un modo omnipotente un trozo de pan, ni que los fieles de medio mundo se reúnan para un rito semanal sin modificar la propia existencia. En continuidad con los profetas, recuerda que el Padre odia los sacrificios y le agradan sólo las plegarias seguidas de una cuidadosa atención hacia los necesitados y excluidos, porque ´La santidad habita en quienes de verdad escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica´” (Lc, 11, 27-28).

Y prosigue: ”De la vida de Jesús es difícil deducir que tuviera mucho interés en que la hostia estuviera consagrada por un erudito representante. Su invitación es que los discípulos se saluden, se hablen con sinceridad, estén ligados con vínculos de amistad. Que sean una prolongación de la naturaleza amorosa de Dios. A una asamblea muda prefiere una en que sea posible hablar de las heridas personales, sin bloqueos, sin los fantasmas de la omnipotencia y donde se puedan volver a coser las relaciones fraternas desgarrradas”.
Hay que volver, por tanto, a hacer nuestra la preocupación fundamental de Jesús, que no es otra que dar una dimensión divina a nuestra vida, a semejanza de Dios, llegando como Jesús si es preciso hasta entregar la vida.
Y para que cuanto llevamos dicho, sea más popular e inteligible, quiero acabar con una Entrevista a Jesucristo, que le hacen los hermanos María e Ignacio López Vigil.

3.Teología provocativa
Hace unos 40 años que los hermanos María y José Ignacio López Vigil, escribieron la obra UN TAL JESUS, escuchada primero como una serie radiofónica y luego publicada como libro. Fue tan enorme la incomprensión de algunas altas jerarquías de la Iglesia que llegó a ser prohibida “oficialmente” en los paises del continente. Pero la calidad evangélica de su contenido fue poco a poco imponiéndose y alcanzó una difusión inimaginada.
Me tocó participar muy activamente en ese momento y hoy me complace presentar un capítulo de su nueva obra “OTRO DIOS ES POSIBLE “ (2 Tomos-Incluye CD),
con “100 entrevistas exclusivas con Jesucristo en su segunda venida a la tierra”.

De esta obra ha escrito el obispo Pedro Casaldáliga: “Hay teólogos que responden a preguntas que nadie hace y hay otros que intentan responder a las preguntas que hacemos todos. Estas entrevistas con Jesucrisrto son una gran respuesta a inquietudes, decepciones y también a esperanzas, abordadas con humor, realismo y libertad adulta. Imagino que no faltarán los que se rasguen las vestiduras. Pero ustedes están haciendo un bello servicio al Reino de Dios y a su propagador máximo, Jesús de Nazaret”.

¿EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO?
Entrevista 64

RAQUEL Los micrófonos de Emisoras Latinas regresan a Jersusalén y están instalados hoy en el Cenáculo, escenario de los hechos maravillosos de aquel Jueves Santo. Con nosotros, Jesucristo, protagonista de aquella noche memorable.

En este lugar , usted celebró la Ultima Cena y la Pascua.
JESUS Bueno, aquí comimos la Pascua. Todos los años, con la luna de primavera, hacíamos lo mismo. Es la gran fiesta de mi pueblo, un memorial del éxodo , cuando Moisés liberó a los esclavos del faraón.
RAQUEL Sí, pero aquella Pascua fue especial. Reconstruyamos los hechos. Estaban todos reunidos cenando. Usted tomó el pan y dijo: “cómanlo, esto es mi cuerpo”. Después, la copa de vino : “bébanla, es mi sangre”. Tal vez, las palabras más sagradas de la historia de la humanidad. ¿Fue así?
JESUS Sobre el pan y el vino yo dije una bendición . No recuerdo las palabras exactas, pero… no sé a dónde quieres llegar.

RAQUEL A la transubstanciación. Cuando usted pronunció esas palabras mágicas, en aquel pan estaba la presencia de Dios, ¿sí o no?
JESUS Sí, en quel pan estaba Dios.
RAQUEL Me alegra escucharlo. Llegué a pensar que usted echaría abajo otro dogma….
JESUS ¿De qué te asombras, Raquel? En Dios vivimos, nos movemos y somos. ¿No lo sabías ya? Levanta una piedra, ahí está Dios. Parte un trozo de madera, ahí lo encontrarás.
RAQUEL Un momento. No se me vaya por los trozos, digo por las ramas. Los oyentes saben que usted consagró aquella noche el pan y el vino.

JESUS El pan y el vino, y el aceite son sagrados. La comida con que nos alimentamos es un don de Dios y por eso sagrada. ¿A eso te refieres?
RAQUEL No. Yo me refiero a la transubstanciación. Que por aquellas palabras suyas , el pan dejó de ser pan y el vino dejó de ser vino.
JESUS ¿Cómo el pan va a dejar de ser pan y el vino de ser vino?
RAQUEL Quedaron las apariencias, pero cambió la sustancia. En aquel pan estaba su cuerpo, en aquel vino estaba su sangre, usted mismo, Jesucristo, transsubstanciado.
JESUS ¡Qué locura estás diciendo, Raquel! … Si yo estaba sentado en medio de todos… ¿cómo iba a estar metido al mismo tiempo en una hogaza de pan o en una copa de vino? ¿Qué truco sería ese? … ¡Ni que fuera mago!

RAQUEL ¿Qué había en aquella copa que usted dio a beber a sus discípulos? ¿No era su sangre?
JESUS En mi pueblo no se toma la sangre de ningún animal, menos de una persona. Me estás hablando de una cosa …..horrenda.
RAQUEL Pero, entonces, ¿qué hizo usted de aquel Jueves Santo?
JESUS Yo hablé de unión, de comunidad. Luego, compartimos el pan. Yo brinde con la copa y, según la costumbre, todos bebimos de ella.
RAQUEL Usted dijo que hicieran eso en memoria suya.
JESUS Sí, tenía miedo que me apresaran. Entonces, les dije: hagamos una alianza. Pase lo que pase, sigamos unidos, como los granos de trigo en la espiga, como las uvas en el racimo. Si yo falto, reúnanse para recordar el compromiso del reino de Dios.
RAQUEL A ver si nos entendemos. ¿Usted no instituyó aquella noche el sacramento de la eucaristía?

JESUS No.
RAQUEL Y cuando un sacerdote repite las palabras que dicen que usted dijo aquella noche, ¿qué pasa con el pan y con el vino?
JESUS Nada…..porque ya pasó.
RAQUEL ¿Cómo que ya pasó? ¿No ocurre ningún milagro?
JESUS El milagro no está en el pan ni en el vino, Raquel. El milagro está en la comunidad. Cuando un grupo de hombres y mujeres que se quieren, que luchan por la justicia, se reúnen y dan gracias a Dios y recuerdan mis palabras… ahí está Dios en medio de ellos.
RAQUEL Y aquí estamos nosotros, en medio de nuestra audiencia y con demasiadas preguntas pendientes. Una pausa y regresamos. Raquel Pérez, Emisoras Latinas, Jerusalén.

Quiero poner cierre a este mi pasionante relato.
Si a base de repetir el rito del Sacrifico llegamos a convencernos de que ya estamos redimidos, en lugar de examinar en qué medida estamos cumpliendo su mandato “En esto conocerán todos que sois discípulos míos en que os amáis unos a otros”, no es difícil entonces concluir que nuestras eucaristías pasan a ser una idealización del amor, sin sospechar que a lo mejor estamos traicionando el sentido original de la eucaristía.

¿Estamos realmente llevando a la eucaristía nuestros bienes para que sean compartidos por los que están en dificultad? En muchas de las eucaristías, no lo parece; pues en lugar de unidos, nos sentimos extraños; en lugar de pan para compartir una Cena asistimos a un sacrificio; en lugar de pan para compartir sólo hay “hostias” preparadas industrialmente; en lugar de presentar y distribuir bienes sólo se alcanza a dar alguna limosna.

De esta manera resulta que, tras muchos siglos de decir que somos seguidores del Nazareno, no encontramos con que nuestra vida está saturada de creencias y de ritos, repetidos una y otra vez, en uno y otro lugar, por miles y miles de dirigentes eclesiásticos. Y nuestras vidas no parece que se sientan interpeladas por ellos, no cambian y siguen dócilmente las consignas de la nueva religión neoliberal: trabajar, medrar, consumir y disfrutar con la mayor ganancia posible, sin apenas preocuparse por las desigualdades e injusticias entre unos y otros.

Y, en medio de ese frenesí competitivo y consumista, recurrimos alguna que otra vez a un Dios que dista mil leguas del Dios revelado por Jesús: “Los hay que se representan a Dios de tal forma que la fantasía que rechazan no es, de ningún modo, el Dios del Evangelio” (GS, 19 )

Pero, lo más sorprendente es que buena parte del clero sigue validando la celebración de la Eucaristía sin que se cuestionen la necesidad de renovarla.
Dice el Vaticano II:“Los pastores deben vigilar para que los fieles participen en la acción litúrgica consciente, activa y fructuosamente” (SC, 11). La reforma litúrgica debe asegurar una “plena y activa participación de todo el pueblo” (Idem,14) sabiendo que en ella “hay partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aun deben variar” (Idem, 21) pues “la Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad ni siquiera en la Liturgia, sino que más bien respeta y promueve el genio y las cualidades de las distintas razas y pueblos”(Idem, 37) .

Eucaristías uniformes y repetitivas, autocentradas en el cura, reglamentadas minuciosamente desde unas oficinas alejadas de la vida, sin creatividad comunitaria.
Encuentro muy acertadas las palabras del teólogo José Antonio Pagola:
“La crisis de la Misa es, probablemente, el símbolo más expresivo de la crisis que se está viviendo en el cristianismo actual. Cada vez aparece con más evidencia que el cumplimiento fiel del ritual de la eucaristía, tal como ha quedado configurado a lo largo de los siglos , es insuficiente para alimentar el contacto vital con Cristo que necesita hoy la Iglesia.

El alejamiento silencioso de tantos cristianos que abandonan la misa dominical, la ausencia generalizada de los jóvenes, incapaces de entender y gustar la celebración, las quejas y demandas de quienes siguen asistiendo con fidelidad ejemplar, nos están gritando a todos que la Iglesia necesita en el centro mismo de sus comunidades una experiencia sacramental mucho más viva y sentida. Sin embargo, nadie parece sentirse responsable de lo que está ocurriendo.

Somos víctimas de la inercia, la cobardía o la pereza. Un día, quizás no tan lejano, una iglesia más frágil y pobre, pero con más capacidad de renovación , emprenderá la transformación del ritual de la eucaristía, y la jerarquía asumirá su responsabilidad”.

   
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