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(CTXT, rebelión)
Para el visionario economista Joseph Schumpeter, el capitalismo avanza gracias a la denominada ‘destrucción creativa’, es decir, a los emprendedores que, introduciendo innovaciones, acaban con las viejas formas de hacer e incorporan nuevos productos al mercado.
El problema de dicha destrucción es sobre quién caen los escombros: ¿qué ocurre cuando la economía avanza a costa de aprovechar las crisis y la debilidad estatal para obtener cuantiosas plusvalías a partir de bienes imprescindibles? La de los denominados fondos buitre es una historia de complejidad financiera, pero, sobre todo, es un relato sobre el poder y sobre cómo el expolio que ha sufrido España tiene mucho que ver con una estructura institucional escasamente democrática.

El estallido de la crisis mundial, hace ya más de diez años, acabó con las innovadoras ‘hipotecas subprime’, préstamos de difícil devolución empaquetados y enviados a todas partes del mundo por bancos de inversión que llegaron a apostar grandes cantidades de dinero a que dichos préstamos no se devolverían nunca.

Esta orgía delictiva nunca se detuvo, únicamente cambió de escenario: la podredumbre del cadáver de Lehman Brothers condujo al rescate y a la sumisa recapitalización de algunos de los bancos que habían incurrido en las peores prácticas. Salvado del castigo, el espíritu ‘creativo-destructor’ encontró en la necrosis del resto de los sectores de las economías nacionales nuevos focos de ‘plusvalía’: los buitres habían detectado la carroña.

LA PODREDUMBRE DEL CADÁVER DE LEHMAN BROTHERS CONDUJO AL RESCATE Y A LA SUMISA RECAPITALIZACIÓN DE ALGUNOS DE LOS BANCOS QUE HABÍAN INCURRIDO EN LAS PEORES PRÁCTICAS

Participados por un amplio abanico de inversores institucionales, particulares, bancos y otras entidades, grandes fondos de inversión, provenientes en su mayoría de Wall Street, han adquirido todo tipo de activos a precios de ocasión para una venta con una enorme plusvalía. Están de moda, hasta tal punto que medios como el Financial Times consideran que han llegado a sustituir buena parte de las funciones de una banca todavía con achaques; además, los bajos tipos de interés actuales han hecho del inmobiliario un objetivo casi irrenunciable, de nuevo.

Pero para dar el verdadero pelotazo, estos fondos necesitan una serie de condiciones: en primer lugar, un contexto crítico que rebaje los precios de los activos a adquirir; en segundo lugar, unas instituciones que, bajo presión financiera, tengan ‘empatía’ con los inversores; en tercer lugar, los cambios legislativos que permitan que estas adquisiciones relámpago para una venta lucrativa no sean solo legales sino fiscalmente óptimas. España iba a ser el escenario perfecto para esta ‘doctrina del shock’.

Rajoy: el gobierno ‘de los mejores’

En enero de 2012, la derecha aunaba la mayoría absoluta en el Congreso y en el Senado, con el poder en casi todas las capitales importantes y las comunidades autónomas. El Partido Popular no tenía oposición, salvo un conjunto de protestatarios en las calles a los que había comenzado a reprimir y multar.

En abril de aquel año, la patronal Círculo de Empresarios homenajeó en Madrid a su presidente cesante, Claudio Boada Pallarés. Boada recordó en aquel evento a su padre, Claudio Boada Villalonga. Presidente franquista del Instituto Nacional de Industria (INI) y primer ejecutivo de Ford en España, Boada había pasado de la dictadura autárquica a la democracia, protagonizando una exitosa carrera de saneamiento y reducción de costes empresariales. Sus colaboradores y discípulos Miguel Boyer, Mariano Rubio y Carlos Solchaga lo pondrían al frente del establishment empresarial público para impulsar la reconversión industrial en los años ochenta.

Si Boada padre había formado parte de la beautiful people posindustrial socialista, el hijo había terminado adhiriéndose a la financiera. En aquel homenaje a Claudio Boada Jr. estuvieron presentes importantes representantes del gobierno del PP, como los ministros Miguel Arias Cañete (Agricultura), Pedro Morenés (Defensa) y altos cargos gubernamentales como Pedro Argüelles (secretario de Estado de Morenés) y Fernando Eguidazu (una de las bazas del Ministerio de Exteriores para vender la Marca España).

Morenés y Eguidazu habían entrado en el ejecutivo de Rajoy provenientes precisamente del equipo directivo de Boada en el Círculo de Empresarios, como también el entonces nuevo presidente del Instituto Nacional de Estadística, Gregorio Izquierdo. Además, el aristócrata Carlos Espinosa de los Monteros y Bernaldo de Quirós, secretario de Estado de la Marca España, había sido presidente del Círculo de Empresarios.

BLACKSTONE ADQUIRIÓ A PRECIOS IRRISORIOS 40.000 HIPOTECAS DE CATALUNYA BANK (UNOS 5.000 MILLONES POR UNA CARTERA VALORADA EN 30.000) Y 1.860 VIVIENDAS DE PROTECCIÓN OFICIAL PROPIEDAD DEL AYUNTAMIENTO DE MADRID, POR SOLO 125 MILLONES

Boada Jr., ingeniero industrial como su progenitor, dejaba el Círculo y se consolidaba como senior officer –hombre fuerte y ‘abrepuertas’– del fondo de inversión Blackstone en España. Después de trabajar durante casi veinte años en Lehman Brothers, especializado en la venta y reventa de paquetes tóxicos de viviendas y otros activos, Boada dirigiría la estrategia de adquisición, arreglo –con desahucios– y posterior puesta en el mercado de todo tipo de inmuebles en manos de bancos y otras instituciones públicas y privadas. Una reconversión financiera, fiscal y contable de la que su padre se habría sentido orgulloso.

El gobierno popular le esperaba a él y a sus colegas con los brazos abiertos: fondos como Blackstone servirían para desatascar la banca de las llaves de los pisos sin vender y contribuirían a producir una ilusión de recuperación económica que mantendría al Partido Popular en el poder.

El ejecutivo Rajoy sabía de finanzas y, por tanto, entendía. El ministro De Guindos y una de sus manos derechas en el Ministerio de Economía, Íñigo Fernández de Mesa, habían pasado por Lehman Brothers y por otros bancos; el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, había fundado en 2006 ‘Montoro y Asociados’ –después ‘Equipo Económico’–, una consultoría dedicada a minimizar el pago de impuestos de las empresas, y había llevado a buena parte de su equipo a su cartera ministerial, desde la que iniciaría su mandato con una subida de impuestos a la mayoría de la población.

   
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