VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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La sociología estudia los fenómenos atribuidos a la sociedad en
su totalidad, en lugar de centrarse en las acciones específicas de
los individuos. Los hechos sociales son colectivos porque son
parte de la cultura de la sociedad, y son coercitivos porque los
individuos se educan conforme a las normas y reglas de la
sociedad solo por el hecho de nacer en ella.

Pero la sociedad puede verse como un organismo con las funciones y metabolismo
de un ser vivo. También, por consiguiente, con estados de salud
normal y patológicos.

En efecto, un organismo o una sociedad
internamente desajustados, un cuerpo biológico o social enfermo,
no puede superar sus dificultades recurriendo a cambios bruscos o
a transformaciones “revolucionarias”: se trata siempre de
restablecer la salud deteriorada. Sin embargo, dicho sea de paso,
en España, a diferencia de las demás sociedades europeas, no es
fácil localizar ese periodo de salud que deba restaurarse. Pudiera
decirse que no existe…

Pues bien, hace muchos años tuve un vecino ruso, director de
teatro de la desaparecida Unión Soviética, que se instaló en
España recién inaugurado el nuevo régimen y ejerció aquí durante
un tiempo su oficio. En las charlas que tuvimos solía decirme que
en su país se tenía a la sociedad occidental, sobre todo la
estadounidense, por enferma. En aquel entonces, en la madurez,
yo no la veía enferma pero sí pueril. Ahora tengo ya una edad en
la que, si tuve alguna duda al respecto, a medida que pasan los
años y los acontecimientos, más me acuerdo de lo que pensaba yo
sobre el particular y de lo que decía aquel peculiar vecino.

En efecto. Manejando un lenguaje propio de la axiología clásica,
la ambición desmedida, la codicia, la altivez, la altanería, la
soberbia, la envidia, el ansia por predominar, por sobresalir, el

atesorar riqueza, el éxito, el empeño en tener razón, la
intolerancia… todo lo que en este sistema son estímulos tras
estímulos y en cierto modo “valores”, no dejan de ser
manifestaciones de una mentalidad de algún modo infantil. Y si
así lo veía entonces, en estos tiempos en que a los acicates que han
ido irrumpiendo a gran velocidad se han unido los desarreglos en
el ánimo y las mentes causados por una súbita embestida contra la
salud pública durante dos años, qué decir cómo pueda ver yo
ahora el nivel de infantilismo y de salud mental en la sociedad…

En un sistema de libertades formales, teóricas, y de una no menos
convencional libertad de mercado (intervenido, no por el poder del
Estado sino por los poderes fácticos), el cada vez menos valor
dado a la amistad, a la fidelidad, a la lealtad, a la tolerancia, a la
discreción, a la prudencia, al compromiso… Esto, por un lado.

Por otro, la excitación, la voluptuosidad que producen banalidades
y espejuelos sin otro motivo que su apariencia o su vistosidad,
incentivados además por el sector mercantil y por la publicidad, y
como consecuencia el llenarnos de cosas inútiles… son datos,
detalles y circunstancias que, además de ser un reflejo de mentes
inmaduras, a menudo diagnostican también buenas dosis de
patología. Y con mayor motivo si consideramos a estos efectos las
catástrofes causadas al medio ambiente y a la Naturaleza por el
occidental, todo por mantener ese estado de cosas y acrecerlo con
más novedades excitantes tecnológicas en detrimento de los
verdaderos valores humanos del espíritu.

Pero hay algo que, sobre todo, cuestiona la filosofía de un sistema
que promueve el individualismo extremo (concretado sobre todo
en personas jurídicas que deciden más que los Estados). Y es, la
obsesión por el tiempo, la sacralización del tiempo, esa vieja
expresión “el tiempo es oro”, el ansia por llegar, la velocidad a
costa de lo que sea y de quien sea; trenes, aviones, coches cada
vez más veloces… Todo, en mi consideración, una auténtica
deformación intelectiva y sensorial de la sociedad incapaz de

atemperarse sopesando causas y efectos, logros y víctimas,
ventajas e inconvenientes para ella misma y para quienes la
conforman. La prueba del infantilismo y la patología de los que
hablo está en la siguiente paradoja: la sociedad sucumbe a lo que
ha hecho de su determinación fatalidad. Pues no se ha dado cuenta
o se ha dado cuenta pero lo ha desdeñado, de que si hay algo que
le sobra al ser humano es precisamente tiempo…

23 Junio 2022

   
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