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jesusEn Orientación del 25 de diciembre de 1977 Monseñor Romero escribió un “pensamiento pastoral de Navidad”. “Y este es ya mi mensaje. Hermano y a la vez pastor y maestro de la fe, encargado de conservar y expresar para los hombres de hoy de aquí la integridad de la doctrina que Dios ha revelado para la salvación del mundo. La Navidad me ofrece la oportunidad de decir a Ustedes que el Cristo de Belén es la síntesis divina de todo el Evangelio que tengo que predicar. Es la palabra de Dios hecha encarnación y expresión humana, es “el camino, la verdad, y la vida” (Jn 14,6); a partir de Belén los cristianos ya no podemos inventar otro Cristo ni otra doctrina liberadora que no sea la del auténtico Evangelio: el Evangelio de la pobreza y de la austeridad, el del desprendimiento y de la obediencia a la voluntad del Padre, el de la humildad y del camino hacia las bienaventuranzas y hacia la cruz.”

Al definir su relación con el pueblo creyente se llama en primer lugar “hermano”. Llama la atención que desaparecen los títulos de “su excelencia” hasta de “Monseñor”. Se entiende como hermano y es siendo hermano que presta el servicio de “pastor y maestro de la fe”. Su misión es dar a conocer el mensaje que Dios ha revelado para la salvación del mundo. Y ese mensaje es Jesús de Nazaret. Para las y los cristianos ese Jesús es “la” Palabra de Dios, es “Dios mismo hecha encarnación y expresión humana.” Jesús está encima de toda otra expresión doctrinal y encima de toda otra autoridad de la Iglesia. Monseñor considera que “el Cristo de Belén es la síntesis divina de todo el Evangelio”. Ninguna narración, ninguna reflexión doctrinal puede apartarse de ese auténtico Evangelio que en su núcleo se manifestó en la encarnación divina en la realidad humana y así como se encarnó.

Es importante recordar siempre cual camino escogió Dios para darse a conocer, para venir a nuestro encuentro, para estar presente, para instaurar su Reino. Los evangelios hablan en narraciones con un lenguaje simbólico muy fuerte. Galilea era una región fértil pero estructurada injustamente: riqueza para pocos y miseria para muchos. Nazaret era un pueblito pequeño e insignificante. La familia de Jesús era de pequeños artesanos en trabajos de madera y construcción. Su nacimiento está ubicado en el pueblo de Belén expresando la tradición judía que el rey David de había sido una esperanza para el pueblo. Para él y su familia no había lugar ,y nació en el campo, en un rancho que servía de protección para ganado. Unos pastores – siempre de mala fama – se acercaron. El poder político y religioso de ese tiempo se unió para tratar de eliminarlo y provocó una matanza de niños. A pesar de todo eso las narraciones nos hablan de una esperanza para el mundo expresada en la llegada de esos extranjeros. Jesús nació en la pobreza, excluido de la vivencia humana. Dios se hizo presente, se encarnó, se hizo humano.

De ahí que Monseñor Romero nos recuerda que debemos retornar a “el Evangelio de la pobreza y de la austeridad, el del desprendimiento y de la obediencia a la voluntad del Padre, el de la humildad y del camino hacia las bienaventuranzas y hacia la cruz.” El camino que Dios escogió para revelarse nos define nuestro camino a andar si creemos que en Jesús Dios se nos ha dado a conocer en plenitud. En Navidad, cuando el mundo del consumismo trata de aplastarnos, nos toca recordar que se trata de vivir el evangelio en “pobreza y austeridad”, en “desprendimiento” de todo lo que nos ata a egoísmos y comodidades. Es un camino de humildad que rechaza todo orgullo. Es el camino de las bienaventuranzas: felices las y los pobres…. . También es el camino hacia la cruz. Desde su nacimiento Jesús empezó su camino que lo llevaría hasta la cruz. Esto es el camino de la verdadera obediencia al Padre.

Y nos dice Monseñor que se trata de “un compromiso de nuestra vida con este mensaje vivo de Belén es la única manera de celebrar cristianamente la Navidad.”
Hay muchas maneras no cristianas de celebrar el fin de año y hasta de utilizar imágenes y mensajes (cantos,…) sacados de la tradición cristiana. En este lado del mundo el sistema capitalista neoliberal se ha adueñado de esa memoria desconcertante. Y muchos/as caemos anualmente en las trampas. Ahí donde se pone una bota o renos (de santaclaus) o el mismo gordo “jo, jo” como adornos navideños, se deja ver que están lejos de la comprensión y de la vivencia de la Navidad, que no se ha captado nada de ese gran acontecimiento de la humanización de Dios en nuestra historia. Que haya cada vez más cristianos/as que se arriesguen a vivir ese “auténtico evangelio”. Es un gran reto. ( 25 de octubre de 2019)

   
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