VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Cimac (Chihuahua, México)

El “polvorín” para que estalle la violencia está puesto en muchas partes del país donde la pobreza y la marginación no tienen salida, y donde el malestar social es tan grande que la ciudadanía opta por tomar justicia por su propia mano, advirtió la doctora en Antropología Martha Rebeca Herrera Bautista.

Al impartir aquí el seminario “Antropología de la Violencia” organizado por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y del Instituto Chihuahuense de la Cultura, dijo que la violencia ha ido en aumento debido a varios factores.

Aseguró que la violencia no es un acto biológico, inherente al ser humano, sino una acción racional e intencional de actuar contra otro para lograr dominarlo, someterlo, eliminarlo o incomunicarlo, producto de las relaciones sociales del individuo.

La violencia, dijo, es compleja, dinámica y multifacética porque se presenta en distintas formas, en diferentes medios y cambia conforme se transforman las sociedades.

La violencia cuestiona todos los derechos fundamentales del ser humano, empezando por el derecho a la vida, a la igualdad, la libertad, la dignidad y el desarrollo del individuo, especifica.

A juicio de la antropóloga, la intolerancia a lo diferente es lo que más propicia la violencia. Los grupos sociales siempre han estado marcando la diferencia entre unos y otros, entre blancos y negros, entre hombres y mujeres, entre nacionales y extranjeros, entre primermundistas y tercermundistas.

Una diferencia muy marcada entre hombres y mujeres es la división de lo público y lo privado, donde las actividades masculinas se desenvuelven en la esfera pública y las femeninas al interior del hogar, de manera privada, hizo ver la especialista.

Para contrarrestar la violencia, la especialista propuso desmitificar los discursos científicos, religiosos, políticos y familiares; desmitificar las prácticas y creencias.

Es necesario reconocer la violencia como un acto social, sensibilizar a los diferentes actores sociales sobre los daños que ocasiona, ver, oír, hablar y no olvidar los abusos; comprender las condiciones, los hechos y los protagonistas; reconocer las diferencias socioculturales, de género, de edad, de religión y de etnia.

Así como promover la igualdad de oportunidades económicas, educativas, sociales y políticas; resignificar el valor de la vida, las relaciones familiares, los estereotipos y los roles sociales.

   
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