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papa Francisco34Roma locuta, disputa finita. Ramiro Bejarano Guzmán en El Espectador
 En fin, justo es reconocer que la visita de Francisco fue positiva y que dejó muy pocos lunares negros sobre los que habrá que volver en su momento. Veámoslo.
“No se dejen engañar ni robar la alegría y la esperanza” fueron las primeras frases de Francisco al llegar a Colombia, que aunque tuvieron como destinatarios los jóvenes parecen una merecida respuesta a la terrible y mezquina comunicación que recibió del senador Álvaro Uribe Vélez.
Dijo Uribe que nunca se han opuesto a la paz, pero todo el país sabe que lo que han hecho durante el proceso de negociación con las Farc, y lo siguen haciendo ahora, es precisamente torpedear lo que tenga que ver con la reconciliación. Esa visceral postura obedece a la perversa ambición de mantener la guerra, la misma que no pudieron ganar durante ocho años del temible gobierno de la seguridad democrática.

Fácil resulta suponer que a Uribe no debió gustarle que el país viera imágenes de Francisco saludando a Emmanuel, el niño que nació en cautiverio en la selva fruto del encuentro entre la hoy parlamentaria Clara Rojas, entonces secuestrada, y un guerrillero, su secuestrador. El país no ha olvidado cómo se aprovechó políticamente a Emmanuel siendo apenas un infante. Pero el tiempo pasa y hoy la criatura tiene uso de razón y ha sobrevivido a todos esos escollos que la vida le puso en su camino, y por fin pudimos verlo por primera vez en brazos del papá al que el uribismo pretende convencer de que aquí no ha habido paz, ni habrá reconciliación. A Uribe también le debió caer pésimo que este papa sí se dejara poner la ruana que le obsequió un joven en la puerta de la Nunciatura, imagen amable que borró su fallido y ridículo intento de clavarle a Benedicto XVI un carriel.

Era previsible que Uribe no se iba limitar a enviar una destemplada carta al pontífice, entre otras cosas pésimamente escrita. Para el pregonero del odio era necesario además dejarse filmar aparentando esperar como cualquier ciudadano en la calle a Francisco —pero rodeado de escoltas armados hasta los dientes— y santiguándose a su paso como si fuera otro peregrino más, todo para hacer ostensible su dolosa estrategia de no asistir a ningún acto convocado por Santos. Y después Uribe pretende que el país crea la farsa de que ha estado dispuesto a la convivencia y a vivir en paz, cuando ni siquiera es capaz de asistir a un simple acto protocolario o a una misa.
La peor postura uribista fue tergiversar las palabras de Francisco, para promover la falsa idea de que les ha dado la razón en sus demenciales reparos a la paz, para lo cual contaron con el auxilio grotesco de uno que otro medio de comunicación, de esos que andan más interesados en hacer proselitismo que en informar objetivamente.

Nada nuevo en el horizonte. A pesar del viaje apostólico de Francisco, el uribismo seguirá mintiendo, eso sí persignándose y rezando, en la esperanza de que la guerra vuelva, porque es allí donde siempre tendrán la palabra pero nunca la razón. Lamentablemente no entendieron el momento histórico que vivió Colombia esta semana, y como van, no lo entenderán jamás.
Adenda No 1. Conveniente y oportuno el llamado papal a los obispos para que tengan claro que no son políticos, ni técnicos, sino pastores. Y después de la sobriedad de Francisco al movilizarse en carros discretos ¿qué irá hacer el cardenal Rubén Salazar?

El mensaje de Francisco: pastoral y político. Jose Félix Lafaurie en La Vanguardia liberal

A pesar de los comunicados de El Vaticano sobre el carácter pastoral de la visita del papa Francisco, el Presidente no tuvo recato en “politizarla”, tratando de convertirla en bendición al Acuerdo Final con las Farc, para lo cual hasta volvió por sus fueros de columnista en El Tiempo.

Su columna es equívoca desde las primeras palabras, en las que persiste en identificar el Acuerdo Final como “de paz”, la misma estrategia engañosa del plebiscito, para afirmar luego que gracias a su firma el Papa nos honró con su visita. Tampoco tuvo problema en usar el nombre de Francisco para hacerle propaganda a sus programas, ni en afirmar que el Papa encuentra un país lleno de esperanza, cuando los colombianos estamos derrumbados por la corrupción, por un Estado que nos saca plata del bolsillo y por una situación de violencia por cuenta de los herederos de las Farc y otros bandidos en inmensos territorios de narcotráfico a donde el gobierno prometió llegar y no llegó, y de donde las Farc dizque se fueron, pero no su control político y social, como tampoco se fueron la pobreza y el abandono.

El mensaje de Francisco es el de un pastor a sus ovejas, y así lo demuestra la acogida emocionada y profundamente espiritual de millones de fieles. Pero es también un mensaje con inevitable efecto político por cuenta de su inmensa capacidad de influencia sobre las comunidades humanas –la polis–. A lo que se referían las advertencias vaticanas era a que no se manipulara “politiqueramente” su visita, como hizo el Presidente.

El Papa habló de paz y reconciliación, como debía, pero no se dejó acorralar en el apoyo al Acuerdo con las Farc. Pidió “no decaer en el esfuerzo de construir la unidad de la nación”, reconociendo que hay “diferencias y distintos enfoques sobre la manera de lograr la convivencia” y que es necesario poner empeño “en reconocer al otro y en construir puentes”, un mensaje que debería hacer suyo el Presidente, porque “dar el primer paso” es empezar por respetar esas diferencias, reconocer al otro y no satanizar como “enemigo de la paz” a quien piense diferente, como lo sufrimos en carne propia en Fedegán.
Ante las instancias del poder pidió “leyes justas” que ayuden a superar los conflictos” y recordó que “No es la ley del más fuerte, sino la fuerza de la ley, aprobada por todos, la que rige la convivencia”. Y claro, en el país primer productor mundial de cocaína, Francisco advirtió, con particular crudeza, que “Una sociedad que se ve seducida por el narcotráfico se arrastra a sí misma en esa metástasis moral que mercantiliza el infierno”.
Si el Presidente quería reencaucharse con la visita papal, no lo logró. Si Francisco buscaba calar en la conciencia de los colombianos, sí lo logró.

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Un país de perdón. Diana Giraldo en Vanguiardia liberal, Bucaramanga

No soy una mujer religiosa, y a decir verdad no había prestado atención a la venida del papa Francisco. Pero ante la imposibilidad de abstraerse de la información, presté atención a su mensaje en el país.
Y lo que escuché caló profundamente en mi corazón y en lo que pienso de este momento histórico.
El mensaje de Francisco es claro: las heridas del corazón son más profundas y difíciles de curar que las del cuerpo, pero solo hay una manera de liberarse de ellas y es a través del amor y del perdón. “El amor es más fuerte que el odio y la violencia”, ha dicho Francisco. Y luego nos invitó a “aprender la fuerza” del perdón. “La violencia engendra más violencia, el odio más odio y la muerte más muerte. Tenemos que romper esa cadena… Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar”, dijo Francisco.
¡Qué sabiduría guardan estas palabras! El proceso de paz con las Farc dejó un país dividido y polarizado, y esa división es la que tenemos que romper. No crean en líderes que afirmen seguir a Dios y defender sus principios, pero al mismo pidan guerra.
Es imposible afirmar que se cree en Dios, pero no estar dispuesto a perdonar. El mensaje de Dios es claro: amor y perdón, en eso se resume todo.

Es cierto que en este proceso de paz se han cometido errores. Pero hay hechos irrebatibles: a julio de este año, solo 12 soldados habían sido heridos en combate, mientras que en 2011 la cifra llegaba a 424, y mientras en esa fecha había 100 soldados amputados por minas en el Hospital Militar, hoy no hay ninguno. Estas son las cifras que de verdad importan y que muestran que se están salvando vidas y que estamos haciendo una transición a un país distinto.
Por mi parte jamás les daré un voto a las Farc, pero prefiero vivir mil veces vivir en un país donde tenga que verlos haciendo política y no asesinando, amputando y secuestrando. Ese es el país de perdón en el que quiero ver crecer a mis hijos.
Autor:
Diana Giraldo
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Y vino el papa…. Felipe Zuleta Lleras en El Espectador

No hay duda que la visita del papa Francisco distrajo la atención de los colombianos sobre los graves problemas que nos aquejan. Sin duda un respiro necesario en medio de tantos odios, corrupción y peleadera.
Por supuesto no faltaron las pichurrias que criticaron muchas de las cosas que sucedieron en torno a su santidad. Estos mezquinos se metieron hasta con el vestido de la primera dama el día que recibió a Francisco en el aeropuerto.
Resulta fatigante que haya tantos colombianos que solamente se alimentan de sus odios y repugnantes pasiones.
Si a uno, siendo católico o no, no lo conmueve la visita del papa, no lo sosiega absolutamente nada.
El mensaje de reconciliación de su santidad sin lugar a dudas reconforta. Pero el país está tan envenenado que ni siquiera Francisco logró hacer el milagro.

Y se fue el papa y seguimos en la misma camorra. Todos contra todos. Lo digo por los políticos y por aquellos que usan las redes para destilar lo que albergan en sus pútridas almas.
Que hartera ese país, que contrasta con el de millones de colombianos trabajadores, honestos, creyentes, decentes y amables.
Que hartera esa clase política corrupta que nos ha gobernado durante años y que seguramente seguirá haciéndolo.
Que hartera que esa minoría sea la que marque la agenda de los colombianos a nuestro diario devenir.
En buena hora pudimos recibir al papa sin hechos que lamentar pues el mundo católico tenía sus ojos puestos en Colombia. La organización impecable, lo que deja en claro que, cuando queremos, hacemos las cosas bien.
En buena hora la visita del papa, pues nos distrajo por unos días de los temas que nos ocupan.

Ya mañana volvemos a nuestra dura realidad, liderada hoy por la corrupción.
Y por andar con el papa dejamos pasar por alto dos asuntos trascendentales que pasaron esta semana: El acuerdo con el Eln y el cese de hostilidades, lo que nunca se había logrado en 50 años con ese grupo; y la decisión del Clan del Golfo de someterse a la justicia.
Estos dos hechos son realmente importantes pues esto, sumado al hecho de que las Farc ya son partido político, realmente nos permitiría a los colombianos vivir en paz.
Esto, y que no se equivoquen los personajes que detestan al presidente, se lo debemos a Juan Manuel Santos. Como le debemos que se nos hayan abierto las puertas en cientos de países que ya no nos piden visa, como le deben los muchachos de ser pilo paga su educación, como le debemos que no haya ni un muerto más como consecuencia de la guerra. Pero claro, los odios no dejan ver esas cosas.
Por lo pronto el papa deja unas enseñanzas que servirán para muchos colombianos. Y como dicen los avisos: no aplica para los sórdidos de alma y corazón que se seguirán revolcando en sus propias heces.

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La visita del Papa fue un golpe mortal para Alvaro Uribe y el Centro Democrático. Miguel Bejarano

“Al ex presidente le quedará difícil sostener que los acuerdos de paz con las Farc son un golpe a la democracia después del respaldo a la paz del Santo Padre”

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El uribismo, desde sus orígenes, se basó en el odio que el colombiano promedio le tenía a las Farc. El presidente supo explotar ese rencor en cada uno de sus discursos como gobernador de Antioquia y después candidato. Colombia venía de un proceso de paz fallido por culpa de la inoperancia de Andrés Pastrana y necesitaba seguir el camino de la guerra al que creía estaba destinada.
Uribe prometió acabar a punta de bombazos a las Farc en menos de seis meses. En ocho años no lo pudo hacer. Incluso él mismo se dio a la tarea de intentar negociar. Por eso mandó a dos sacerdotes con el respaldo del Vaticano en el 2005 pero Raúl Reyes los rechazó. No confiaba en Joseph Ratzinger, entonces nuevo Papa. Para el 2010, cuando pensaba que Juan Manuel Santos, hijo de la más rancia aristocracia, iba a ser una especie de mandadero suyo, iba a desplegar un proceso  de paz con las Farc muy parecido al que se usó en La Habana. Incluso ya tenía a Frank Pearl designado como comisionado de Paz. La traición de Santos hizo que Uribe ganara adeptos promoviendo una guerra sin cuartel contra las Farc por encima del diálogo. Aunque su popularidad sigue siendo alta ha disminuido dramáticamente. La gente además se dio cuenta que con la firma del acuerdo de paz con Las Farc el país no se está volviendo como Venezuela ni mucho menos.

Además la gente empezó a entender que la visita del Papa a Colombia se dio sólo porque se firmó el acuerdo con las Farc. A través de uno de sus obispos más cercanos, el italiano Giorgio Lingua, el Papa Francisco estuvo pendiente de todo lo que pasaba en La Habana. Lingua estuvo allá cerca de dos años y tenía como sus funciones informar de pormenores al Vaticano. A Francisco –tan poco sospechoso de Castrochavismo, siempre le interesó el fin de la guerra en Colombia. Los católicos –a parte de los estrambóticos seguidores de José Galat y de Ordoñez- aman a este Papa sencillo y revolucionario, uno de los pocos santos que ha dado la iglesia católica. Al decir en su misa de hoy en Cartagena que hay que apoyar una paz estable y duradera, Francisco manda un mensaje claro a su rebaño y es que los acuerdos con las Farc se deben respetar.

¿Qué va a decir Uribe y sus discípulos del Centro Democrático? ¿Qué el Papa también es un agente de Cuba y Venezuela?. La visita del Papa y el respaldo al proceso es la paletada final que recibe un movimiento moribundo, que, a pesar del esfuerzo de más de un  pastor evangélico, llegará sin fuerza a las elecciones del 2018 por más Alejandro Ordoñez que pongan. Bravo Francisco, soy ateo pero le has devuelto la grandeza a una institución que se estaba pudriendo en su opulencia y pedofilia como es la iglesia católica.

   
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