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papa Francisco34¿Sirvió la visita del Papa?. Mauricio Cabrera Galvis en El País, Cali y en Vanguardia liberal, Bucaramanga
Es la pregunta que flota en el ambiente después de 4 días intensos en que millones de personas se movilizaron para acercarse a este Papa carismático y sencillo, y oír sus llamados al perdón y a la reconciliación, a mantener la alegría y la esperanza, a huir de la venganza para lograr la paz, a escuchar a los pobres y luchar contra la injusticia.
¿Servirá su visita? Los escépticos dirán que no. A los papas todo el mundo quiere verlos y oírlos, pero pocos hacen caso a sus prédicas. Por eso las dos visitas anteriores de pontífices dejaron mensajes que cayeron en tierra estéril y no cambiaron el país.

Pablo VI en 1968, trajo un mensaje incomodo para una jerarquía eclesiástica que se aferraba a sus privilegios y había cerrado la puerta al camino reformista de un Camilo Torres que quería una iglesia comprometida con los pobres y el cambio social, y lo había empujado a la insensatez de la lucha guerrillera.

“El desarrollo es el nuevo nombre de la Paz” era su mensaje, pero poco caso le hizo este país que se dice católico pero que permitió que la derecha reaccionaria se robara las siguientes elecciones, frenara los tímidos intentos de reforma agraria de Lleras Restrepo y cambiara el desarrollo por la idea conservadora del ‘desarrollismo’ de crecer la torta primero para repartirla después, con lo cual aumentó la desigualdad.

En 1986, cuando los sinceros esfuerzos de Paz de Belisario ya habían quedado enterrados entre los escombros del Palacio de Justicia y los enemigos ocultos de la Paz habían triunfado en su propósito, Juan Pablo II vino con un mensaje de reconciliación y perdón para alcanzar la paz, de condena al terrorismo y exhortación a la guerrilla para abandonar las armas. Poco sirvió; por el contrario el conflicto se agudizó y narcos, paramilitares guerrilleros y hasta las fuerzas del Estado llegaron a extremos de sevicia y crueldad insospechados.

A pesar de todo, esta vez soy optimista pues ya se ven síntomas de cambios producidos por la visita. Una primera consecuencia ha sido el cese de hostilidades que aceptó la siempre intransigente guerrilla del ELN; no hay duda de que, por los orígenes religiosos de ese grupo, la presencia del Papa los debió motivar a dar ese paso que facilita las complejas negociaciones que se adelantan en Quito. La carta del líder de la Farc pidiendo perdón por las lágrimas y el dolor que ocasionaron, es otra muestra del cambio de actitudes que ha suscitado el mensaje del Papa.

No todos modificarán su posición, pero sí creo que muchos colombianos de buena voluntad que votaron por el No en el plebiscito engañados por la bien orquestada campaña de mentiras que confesó el propio gerente de la misma, sí atenderán el llamado de Francisco de no dejarse engañar, de no perder la Paz por la cizaña sembrada contra ella.

Otros reaccionarán ante el testimonio conmovedor de las víctimas que, superando el inmenso dolor que han padecido, decidieron perdonar, y aceptarán que la venganza solamente sirve para alimentar esa espiral infernal de la violencia, y que la reparación a las víctimas es más fructífera que la cárcel.

Si las palabras y el testimonio de Francisco sirven para que disminuyan un poco los odios, para que avance la reconciliación y cese la polarización, para consolidar el proceso de Paz y el final de esta guerra de medio siglo que ha dejado tantas víctimas y tanto dolor, habrá servido mucho su visita.
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Autora de las novelas Amor Enemigo e Hilo de Sangre Azul, y de los libros de periodismo literario Las Mujeres en la Guerra y Siembra Vientos y Recogerás Tempestades. Participó en la fundación de las revistas Nueva Frontera y Cambio16. Hoy es columnista de El Espectador y de El País desde el 2007.

El Papa no dejó dudas. Patricia Lara en El País, Cali

No lo duden: el Papa Francisco vino a Colombia a pedirnos que nos perdonemos y nos reconciliemos (“todo esfuerzo de paz sin un compromiso sincero de reconciliación siempre será un fracaso”, dijo). Insistió en que huyamos “de toda tentación de venganza.”

El Papa quiere que construyamos “un país que sea patria y casa para todos los colombianos”, que no decaigamos “en el esfuerzo por construir la unidad de la Nación”, que entendamos que “la sociedad no se hace sólo con algunos de pura sangre, sino con todos” y que “Colombia necesita la participación de todos para abrirse al futuro de la esperanza.”

El Papa nos invita a que todos demos “el primer paso” para reconciliarnos, para aceptar “vernos y tratarnos como hermanos, nunca como enemigos,” para “crear puentes, para crear fraternidad”, para “salir al encuentro del otro”, para “extender la mano y darnos el signo de paz”.

El Papa les solicita a los jóvenes que nos contagien de su capacidad “de comprender que incluso detrás de un error (…) hay un sinfín de razones, de atenuantes”. Les pide que nos enseñen “a los grandes que la cultura del encuentro no es pensar, vivir, ni reaccionar todos del mismo modo(…), sino “saber que más allá de nuestras diferencias somos todos parte de algo grande que nos une y nos trasciende, somos parte de este maravilloso país”. Y les dice que nos enseñen a “perdonar a quienes nos han herido”; que nos ayuden “en este intento de dejar atrás lo que nos ofendió, de mirar adelante sin el lastre del odio”, de “sanar nuestro corazón”.

El Papa nos hace ver que “la inequidad es la raíz de los males sociales”; pero también cree que “en el último año se ha avanzado de modo particular” en la ruta “para poner fin a la violencia armada y encontrar caminos de reconciliación”. Sin embargo agrega que nos “hace falta llamarnos unos a otros, hacernos señas, (…) volver a considerarnos hermanos, compañeros de camino, socios de esta empresa común que es la patria”.

Y en el conmovedor encuentro con víctimas en Villavicencio nos dice que “sanemos aquel dolor y acojamos a todo ser humano que cometió delitos, los reconoce, se arrepiente y se compromete a reparar, contribuyendo a la construcción del orden nuevo donde brillen la justicia y la paz”(…).

Y a Colombia le dice: “abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar. No le temas a la verdad ni a la justicia”. Nos indica “no tener miedo a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación(…) Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias; es la hora para desactivar los odios y renunciar a las venganzas”. Pero nos advierte: “los ambientes de desazón e incredulidad enferman el alma”; y los “ambientes que no encuentran salida a los problemas y boicotean a los que lo intentan, dañan la esperanza que necesita toda comunidad para avanzar.”

   
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