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Hay un sentimiento general de crisis sobre la idea de Europa y de la Unión Europea.  El tercer milenio ya comenzó en una pendiente descendente que no muestra ninguna señal de parar. El poder abrumador de la economía, las finanzas y las élites sociales y políticas continúa y se incrementa.    El desorden en el escenario geopolítico contempla,  por un lado, “la guerra mundial en trozos”, y, por otro, un órden basado mayormente en la arbitrariedad y la violencia hacia los pueblos. Sin duda, hay mucho que corregir y mejorar en Europa pero no deberíamos olvidar lo que se ha conseguido.  Todo el largo período de paz en la mayoría de los países europeos ha inducido el crecimiento económico y el intercambio cultural.  Nuestra red de organizaciones desde muchas regiones de Europa – fundada hace más de veinticinco años – es un ejemplo.
Europa en dificultades
Nos enfrentamos ahora a estas importantes elecciones al Parlamento de la Unión Europea.  La democracia europea, participativa y responsable, afronta situaciones difíciles: las pautas para los votantes parecen estar relacionadas, en casi todos los lugares, a temas de la política doméstica. El papel de la UE en sus mecanismos de trabajo es poco conocido. Unos lemas simplistas dominan las realidades complejas y no se entiende la unidad en la diversidad. La crisis económica, surgida hace diez años, genera el miedo y la inseguridad y conduce, por un lado, a una protesta áspera y simplista, y por otro, a una ola de simpatías para las soluciones populistas nacionalistas. Parece que siempre hay que culpar a otros por nuestros problemas.  Primero: Europa y el Euro, y luego los inmigrantes que se toman como chivos expiatorios para implementar políticas que no son únicamente cínicas e inmorales (la prohibición del  rescate en el mar, el cierre de los centros de acogida, la construcción de muros) sino también dañinas para nuestro desarrollo económico y social. La Unión Europea, después de un largo período de políticas abiertas y una cierta consolidación de sus iniciativas se enfrenta ahora a un retroceso, del cual el Brexit y las acciones de los países del Este Europeo que cuestionan los principios democráticos, son factores determinantes.
Algunos aspectos de la crisis
El final de la crisis está tardando demasiado. La globalización, con el poder abrumador de las multinacionales y el sector financiero, pesa fuertemente sobre los sectores más débiles, incrementando la desigualdad, estabilizando el desempleo que afecta principalmente a los jóvenes, mientras que el bienestar aceptable, conseguido previamente, ahora no dispone de los fondos necesarios para su correcto funcionamiento. Se agravan otros problemas, como la tasa descendente de nacimientos y la falta de protección medioambiental, mientras que la corrupción sigue aumentando.  En algunos países, la ilegalidad está generalizada.  La digitalización es un nuevo problema por la dificultad de su regulación.  La familia pierde su naturaleza cohesiva y las autoridades públicas en muchos países la desatiende.  Los derechos humanos están insuficientemente protegidos.  Muchos problemas son la consecuencia de factores culturales, morales y sociales, pero definitivamente el papel de las instituciones públicas es de gran importancia.
Europa y el mundo
Europa, que alardeaba de haber eliminado la guerra dentro de su territorio, tuvo que reconocer su error, cuando intervino en la antigua Yugoeslavia y más tarde en Oriente Medio, incluso fuera del marco de la ONU. En el escenario geoestratégico global, la Unión Europea podría jugar un papel extraordinario en la mediación y la responsabilidad, frente a la polarización de muchas situaciones actuales, contribuyendo al fortalecimiento de la ONU y alentando el multilateralismo para una nueva relación Norte-Sur, lo que eliminaría la explotación sistémica en África y otros lugares, de los recursos naturales con la consiguiente destrucción medioambiental. Para ello debería interponerse entre las guerras existentes.  Esta ausencia de la Unión Europea viene determinada por las diferentes políticas extranjeras de sus Estados miembros  que casi siempre impiden una línea común, mientras que la mayoría de los Estados se adhieren a la lógica de la OTAN que es siempre una prolongación de la política de EEUU.
Como resultado, no puede firmarse el Tratado de la ONU sobre el desarme nuclear, se ha aceptado la línea de un desplazamiento oriental fuerte de la frontera armada de la OTAN, creando las condiciones para una nueva Guerra Fría y aumenta la participación en un rearme nuclear.  Tampoco existe una posición neutral en la situación en Ucrania.  Es imposible paralizar la exportación de las armas empleadas en Yemen por Arabia Saudí.. Cinco Estados de la UE almacenan armas nucleares de EEUU en su territorio (y dos Estados tienen sus propias armas nucleares). Después de la caída del Muro de Berlín, el sueño de un nuevo tiempo basado en la paz y la justicia no ha tenido a  la UE como protagonista.  La historia juzgará.
Nuestra Iglesia
Nuestra Iglesia siempre se ha declarado a favor de la cooperación en la unidad de los países europeos. Eso es bastante inherente en la función y visión universalista de una Iglesia que, por definición, se considera universal (el significado de “católico”) y que, en su línea general, debería contrarrestar cualquier tipo de nacionalismo.  Pero esta posición puede contradecirse y, de hecho, así ha sido por parte de las Iglesias y sus conferencias episcopales que han pedido a sus creyentes rezar a Dios por sus soldados frente a los soldados del “enemigo”, incluso cuando éstos eran también católicos. Dicho esto, hay una nueva situación en Europa, con un fundamentalismo que hace un llamamiento para apoyar políticas que desmienten a los evangelios en su discurso sobre “un Estado cristiano”, “valores cristianos”, o “raíces cristianos” etc.  Los exponentes de esta orientación apelan, con arrogancia, a la base católica, a sus inquietudes y tradiciones.  Las instituciones católicas tienen una tarea que se hace ahora más desafiante para contrarrestar estos planteamientos. Hay obispos y párrocos que quizás comparten esta visión y prefieren no criticarla porque ven en ella una tradición religiosa de la cual ellos forman parte.
Nosotros nos aliamos con aquellos que no toleran esta “prudencia” y sabemos que el Papa Francisco está de acuerdo con nosotros.  La Iglesia tiene una magna tarea en este tiempo de grandes problemas europeas. Es preciso proponer una historia europea común que la juventud pueda aprender.  Debemos intensificar nuestras relaciones con las otras denominaciones cristianas (pensemos en los países donde la mayoría de los cristianos son Ortodoxos). Tenemos el deber de oponernos enérgicamente a las formas renacientes del antisemitismo y seguir en el diálogo interreligioso e incluso en la interconvicción. La relación entre los creyentes y los portadores de otras convicciones ha sido el objetivo de investigación y propuesta en nuestro circuito de creyentes básicos. El grupo  G3i enriquece el contenido de la laicidad (sin adjetivos) que intentamos proponer a nuestras instituciones y a nuestra vida comunitaria.
Nuestras expectativas, nuestro compromiso
En esta situación, nuestras expectativas están enraizadas en los evangelios.  Queremos mirar hacia adelante. Debemos ser pacientes pero no podemos ser pasivos porque debemos participar en los hechos de la historia, máxime con ocasión de las inminentes elecciones europeas.  Como en el pasado, pensamos y proponemos para el renacimiento de la idea de Europa y de la Unión Europea, los siguientes objetivos:
–  una mayor cohesión social basada en políticas democráticas y una economía para los seres humanos y no para las finanzas en contraste con el poder excesivo de la economía de mercado y la hegemonía de las finanzas internacionales;
–  la mejora del bienestar, la justicia social y el empleo con una reducción de las desigualdades;
–  la resistencia al fundamentalismo, nacionalismo y populismo;
– políticas internacionales europeas, independientes de los Estados Unidos, para defender la paz y las intervenciones humanitarias en el mundo, especialmente en Oriente Medio, en el marco de las acciones de la ONU;
–  un compromiso directo, no solo al desarme nuclear, sino especialmente para la firma del Tratado de la ONU sobre la prohibición generalizada de las armas nucleares, el apoyo para las iniciativas de paz basadas en las acciones no violentas;  nos preocupan las nuevas inversiones en el sector militar porque las intervenciones militares, en la mayoría de los casos, no son una solución;
–  políticas para acoger e integrar a los migrantes, reactivando las políticas para el rescate en el mar, generalizando, así, una “ruta humanitaria” y la corresponsabilidad para estos objetivos por parte de todos los países de la Unión;
–  la supresión del ‘Proceso de Dublín’ para fortalecer la solidaridad entre todos los países;
–  en contraste con el neocolonialismo en África y en otros lugares, el apoyo para el desarrollo económico del Tercer Mundo, lo que reducirá la necesidad de la emigración de sus habitantes;
–  una aplicación rigurosa de los compromisos hechos en el COP21 en Paris sobre el clima;
Finalmente, la Red Europea Iglesia por la Libertad EN-RE se compromete e invita a las Iglesias
–  a una convivencia que respete la libertad de pensamiento, conciencia y religión, incluyendo la libertad de tener o no tener una religión o de cambiar de religión;
– a igualar los derechos y la no discriminación entre todas las personas, cualquiera que sea su grupo étnico u orientación sexual;
–  a la mutua independencia entre las instituciones públicas y religiosas y la neutralidad del Estado hacia las religiones y otras corrientes de pensamiento;
–  a una relación con la Unión Europea y el Consejo de Europa basada en la riqueza de su propia solidaridad y sensibilidad universalista, lejos de las intervenciones que no respetan la naturaleza secular de estas instituciones.
La Red Europea Iglesia por la Libertad participa en el sentimiento común de los católicos de base para otra Europa posible, como los buenos deseos del Manifiesto de  Pax Christi  Internacional  “La Europa que Queremos”.  La votación del 26 de mayo es un cumplimiento debido y  ha de ser una parte del compromiso general y permanente de cada cristiano para una Iglesia más basada en el Evangelio y para una sociedad más justa.
Mayo 19,  2019                          Red Europea Iglesia por la Libertad EN-RE

Las_esperanzas_y_propuestas_de_EN-RE[28319]

   
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