En Barcelona, el 24 de mayo pasado, fue el acto “Dones Africanes, Constructores de Pau”, donde se invitó a Sabine Sabimbona y Christiana Thorpe para que explicaran sus propias experiencias en Burundi y Sierra Leona respectivamente. Con el carisma y la importancia de lo que contaron, las dos invitadas lograron superar la vanidad y la rutina de todo acto oficial, donde la hipocresía política y el despilfarro presupuestario tienden a desvirtuar cualquier propuesta interesante.

Pero el tema se lo merecía, y las experiencias de Sabimbona y Thorpe arrasaron el auditorio con un aplastante abanico de inteligencia, iniciativa individual, voluntad comunitaria, intransigencia hacia las injusticias más elementales, imaginación para proponer alternativas y capacidad moral.

Transcribimos la aportación de Cristiana Torpe: El papel de las mujeres en la reconstrucción posbélica.
Sierra Leona fue durante la década de los 90 sinónimo de pesadilla, pero también de la peor hipocresía mundial. Venta de armas, estrategias geopolíticas y económicas, intervención “humanitaria”… Sierra Leona, que casualmente, es uno de los principales exportadores de diamantes del mundo, se convirtió también durante ese tiempo en exportador de imágenes de niños drogados y armados con AK-47.

Durante esos mismos años, Christiana Thorpe, que hasta ese momento era la Coordinadora Nacional de Mujeres Católicas de Sierra Leona, pasó a ser primero subsecretaria de Educación, ascendiendo a Ministra de Educación en 1994. Un año después fundaría la sección de Sierra Leona del FAWE (Fórum para las Mujeres Educadoras de África), dedicándose plenamente a la rehabilitación de las víctimas que
la guerra provocaba, especialmente entre niñas y mujeres. El FAWE es una de las organizaciones que más ha servido para amortiguar las graves consecuencias de la guerra, así como para promover la cultura de paz, creando un módulo de formación para la Educación sobre la Cultura para la Paz.

En el 2002, una vez terminadas las masacres, el FAWE emprendió una campaña para romper el tabú que suponía haber sido víctima de una violación. Recorriendo mercados, visitando escuelas y hablando en los medios de comunicación, el mensaje era claro: o se trata el problema ahora o la niña violada vivirá internamente el problema durante el resto de su vida. “Pasaron 13 días hasta que la primera joven vino al local del FAWE. Al día siguiente ya eran dos. Pocos días después eran 200…” Entre las jóvenes que
deciden continuar con el trabajo de la prostitución (especialmente para las fuerzas internacionales de la ONU), lo que se les propone es que asistan a la escuela por la tarde, constatando que poco a poco las chicas abandonan la prostitución, incluso para dedicarse a la concienciación de otras jóvenes en las campañas del FAWE.

Durante la guerra muchos niños y niñas fueron obligados a luchar con los rebeldes, atacando a su misma familia y vecinos. Hoy en día, el retorno de estos jóvenes a las aldeas es muy difícil, ya que existe un rechazo evidente de su comunidad.
En el FAWE forman a estos jóvenes en lo teórico y en lo práctico: una vez superados los traumas de la guerra, entran en talleres donde aprenden carpintería, albañilería, fontanería y todo tipo de utilidades para la reconstrucción de lo que ellos mismos destruyeron.

Educados también en los aspectos de paz y reconciliación, las chicas y chicos que retornan a sus pueblos dispuestos a una reconstrucción eficaz tienen unas oportunidades de integración reales y prácticas. Además se forman en gestión económica,
en creación de escuelas primarias, participando en la formación de miles de niños. Igualmente en programas agrícolas en las 24 secciones que tiene el FAWE en Sierra Leona, participando en una competición interna para fomentar el desarrollo de la producción y duración de los cultivos.

Para Christiana Thorpe, “formar a las mujeres y fomentar su participación en la resolución de conflictos no sólo aumentará la confianza del gran porcentaje de población que tenemos, sino que disminuirá el nivel de desconfianza, envidia y otros daños sociales que hemos observado en el pasado. Si se resuelven los conflictos en las fases iniciales, no se desarrollarán hasta convertirse en incontrolables”.

Esta capacidad que han tenido las mujeres para regenerar todo el conjunto de la sociedad es admirable, y constatan la fuerza y la competencia de un sector de la población que muchas veces se ha visto marginado. Una sociedad cohesionada es fuerte: tan sólo una desorganización social permite el expolio constante al que está sometido el continente, y del que tanto nos beneficiamos en nuestro primer mundo. Si buscamos quién está detrás del conflicto en los Grandes Lagos o en los diamantes de Sierra Leona, encontraremos empresas y gobiernos occidentales.

La lucha de las mujeres en África no podrá consolidarse si las sociedades ricas no asumimos nuestra responsabilidad y luchamos, sin parcelas, contra esos otros hombres y mujeres capaces de cualquier cosa para enriquecerse, dominar y ganar.

   
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