VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Comunicado de prensa de la Corriente Somos Iglesia en el primer aniversario de la elección del Papa Benedicto XVI (19 de abril de 2006)

“El primer año del pontificado de Benedicto XVI no ha cambiado sustancialmente la situación problemática de la Iglesia Católica. Las necesidades de reforma siguien siendo las mismas”, afirma Christian Weisner , portavoz del Movimiento Internacional Somos Iglesia, un movimiento de reforma dentro de la Iglesia Católica que se extiende por todo el mundo. “ Hemos visto varios signos positivos este primer año pero también ha habido importantes deficits, lo cual nos preocupa profundamente.”

Rea Howarth , co – directora del Centro Quijote (Hyattsville, MD, USA) y portavoz de Somos Iglesia en Estados Unidos, dice: “Al reflexionar sobre lo ocurrido el pasado año, el Movimiento Internacional Somos Iglesia quiere ofrecer un análisis constructivo del primer año del pontificado de Benedicto XVI. Lo hacemos como comunidad de fieles católicos, con la esperanza de que estos comentarios sean considerados con el espíritu de la crítica constructiva.”

Al Papa Benedicto XVI no se le pide seguir el espíritu de los tiempos . Pero debe ser capaz de escuchar y durante su pontificado debe dar y permitir respuestas a las cuestiones acuciantes de la Iglesia y la sociedad que se mantienen pendientes con el paso del tiempo – siempre sobre la base de la Biblia y del Concilio Vaticano II (1962 – 65), en el que él mismo tuvo una influencia considerable cuando era un joven teólogo.

A la vista de los desafíos actuales, los cristianos de todo el mundo esperan respuestas que sean humanas sobre cuestiones relacionadas con la paz y la justicia, el diálogo interreligioso y el ecumenismo, la situación de las mujeres en la Iglesia, la ética sexual y la escasez de sacerdotes en todo el mundo. Si esto no ocurre el abandono de la pertenencia a la Iglesia continuará y no sólo por parte de las mujeres.

Somos Iglesia ve con esperanza la nueva apertura con la cual los obispos debatieron los problemas pastorales de la Eucaristía durante el Sínodo de Obispos en octubre de 2005. Pero lamentamos profundamente que solamente se trataron los problemas sin proponer cambios reales en las normas y prácticas de la Iglesia.

El estilo de liderazgo de Benedicto XVI es más consultivo y colegiado que el de su predecesor. Pero continúa la prevalencia en el papel y la persona del Papa así como en la jerarquía católica, lo cual no refleja las enseñanzas de Jesús y no puede ser un modelo para la juventud. Hay un gran peligro al culto de la personalidad y a un gigantesco espectáculo mediático que puede ensombrecer la experiencia de la fe.

No debe olvidarse tampoco la rigidez que mantuvo Ratzinger durante 23 años cuando estuvo al cargo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, vetando a teólogos críticos, condenando la teología de la liberación, formulando una doctrina sexual rígida, limitando la influencia de la mujer en la Iglesia así como las relaciones ecuménicas con las iglesias protestantes.

El hecho de que uno de los primeros documentos autorizados por el Papa Benedicto XVI, la Instrucción Vaticana sobre “Homosexualidad y Ministerio Ordenado”, discrimine a los varones homosexuales para el acceso al sacerdocio es muy desalentador para muchos católicos, no sólo para aquéllos que están afectados más directamente.

Los comentarios recientes de Benedicto sobre el papel de la mujer en la Iglesia son a la vez esperanzadores y descorazonadores puesto que ha rechazado decididamente reabrir el tema de la ordenación.

Esto agudizará seguramente el problema de la escasez de presbíteros. Durante los 26 años del papado de Juan Pablo II, el número de católicos aumentó en un 40% mientras que el número de sacerdotes disminuyó un 4%. Actualmente, casi la mitad de las parroquias católicas y misiones no tienen un presbítero residente (Datos del Centro para la Investigación Aplicada sobre el Apostolado de la Universidad de Georgetown, Washington DC).

El Movimiento Internacional Somos Iglesia vio con esperanza el encuentro del Papa Benedicto XVI con el profesor y teólogo crítico Hans Küng en setiembre de 2005 en Castelgandolfo. Pero la carta que le enviamos al recién elegido Papa pidiéndole una entrevista no ha sido contestada aún.

Vivimos en un mundo en peligro. La Iglesia tiene la capacidad y la responsabilidad de empujar a todos los bautizados para que trabajen con personas de otras confesiones y creencias de cara a que sea realidad una revolución pacífica por el bien de toda la humanidad. Pero no vemos ninguna indicación clara de que Benedicto reconozca ese gran reto. Su primera encíclica, “Deus Caritas Est” , si bien ha sido muy aplaudida, es sin embargo demasiado general.

El Papa no ha pedido la renuncia de obispos y cardenales implicados en el encubrimiento de abusos sexuales contra niños, adolescentes y mujeres – incluídas algunas monjas – cometidos por el clero. Este es un problema mundial. Benedicto continúa su orden directa al mundo episcopal de mantener una política de secretismo y silencio. Esta política en sí misma es un delito contra los más débiles y vulnerables de nuestra iglesia.

El Movimiento Internacional Somos Iglesia ofrece estas reflexiones con la esperanza de que Benedicto XVI vea en ellas un reflejo de los dones del Espíritu Santo que emanan del Pueblo de Dios. Le pedimos que empiece una nueva etapa en la Iglesia, reconociendo que los laicos son para la Iglesia un tesoro más que un “problema” y que aquéllos que alzamos nuestras voces por la reforma y renovación somos de hecho fieles católicos, con una auténtica capacidad para la reflexión y el discernimiento, y un amor genuino por la Iglesia entera. Una vez más, le invitamos a participar en un diálogo auténtico.

El Movimiento Internacional Somos Iglesia – un movimiento de base de la Iglesia en pro de una reforma y formado por laicos, sacerdotes y miembros de congregaciones religiosas – nació en Austria y Alemania en 1995 y desde entonces se ha extendido por todo el mundo. Somos Iglesia está en contacto con otros movimientos de reforma en los cinco continentes. Su objetivo es mantener vivo el proceso de reforma en la Iglesia Católica Romana, un proceso que se abrió en el Concilio Vaticano II (1962 – 1965) y en los últimos años ha quedado estancado.

   
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