Foro Gaspar García Laviana

 

Parece necesario prestar atención al efecto que está teniendo y va a seguir teniendo sobre la sociedad la actual epidemia COVID-19. Es indudable que este virus está causando una gran perturbación en los asuntos humanos. Debido a la falta de una vacuna y otros medicamentos contra ella, la epidemia ocasionó la muerte de muchas personas y obligó a las autoridades de todos los estados a promulgar normas drásticas de aislamiento de la población, lo que significó la interrupción de muchos trabajos productivos. En los meses transcurridos desde su aparición, este virus provocó la muerte de muchos miles de personas en todo el mundo. En nuestro país los sectores más afectados fueron los ancianos de las residencias y el personal que combate en primera línea la epidemia: sanitarios, farmacéuticos, agentes de policía que controlan el cumplimiento de la cuarentena…

Una pregunta que ya surgió casi desde el principio de la propagación del virus es la de si se pudo haber evitado que el daño tuviese la magnitud que tuvo. En nuestro país, la respuesta a esa pregunta se ha convertido en una batalla política como vamos a ver. El gobierno que hubo de afrontar la situación es una coalición de izquierda, con gobiernos de otras tendencias en algunas de las autonomías. El estatal presidido por Pedro Sánchez se halla en una situación precaria e inestable por la escasa mayoría parlamentaria de la que dispone, y ya desde el principio sufrió una oposición muy agresiva de acoso y derribo por parte de las fuerzas políticas de la derecha y la ultraderecha. En el marco de la actual Constitución no es la primera vez que gobierna el Partido Socialista, pero en esta ocasión se da la novedad de que lo hace en coalición con fuerzas más izquierdistas. Esto es anuncio y promesa de una política más socialista que la tradicional de la socialdemocracia. Y además esto se da en un contexto de crisis del sistema neoliberal, crisis que viene a ser agravada por lo que van a ser las consecuencias de la pandemia que sufrimos.

Ya conocemos las características del sistema neoliberal dominante y sus frutos: se trata del predominio absoluto de lo privado frente a lo público: la propiedad privada contra la pública (en España se privatizaron grandes empresas y astilleros que eran públicos), servicios privados contra los públicos (se privatizaron centros sanitarios, se promocionó la enseñanza privada contra la pública y se vendieron viviendas sociales a fondos buitre). Incluso se reforzó la justicia privada frente a la pública (se encarecieron las costas judiciales para que puedan pleitear y reclamar sólo los que tienen dinero para pagarse ese servicio). En el terreno laboral las consecuencias del capitalismo neoliberal fueron más destructivas: se perdieron conquistas sociales de varias generaciones, desapareció prácticamente el trabajo fijo y fue sustituido por contratos basura, trabajo en precario, despido libre… Resultado de esa política es que se agrandaron las diferencias económicas entre las clases sociales. Poco más de un centenar de potentados en el mundo posee más poder económico que el resto de la humanidad. La miseria de amplias masas de población en grandes áreas del planeta está ocasionando la emigración descontrolada que conocemos.

La filosofía del neoliberalismo es que el que quiera sanidad y enseñanza que se las pague. Estamos viendo que, por ejemplo en EE.UU., muchas personas no pueden acceder a los servicios sanitarios para curarse del virus corona por no disponer de la cantidad exorbitante de dinero que se exige para eso. Está claro que es ese sistema neoliberal el que está demostrando su ineficacia para afrontar crisis como la pandemia del virus que sufre el mundo. En España y en otros países se puso de manifiesto que la destrucción de la sanidad pública, destrucción organizada y gestionada durante mucho tiempo por los partidos del sistema, dejó a la sociedad en incapacidad de afrontar el impacto de la expansión del virus. Vimos que en Madrid muchos ancianos de las residencias que no tenían un seguro privado no pudieron ser admitidos en los hospitales de la sanidad pública porque estaban saturadísimos; recibieron tratamiento hospitalario privado sólo los que se lo pudieron pagar, aunque el servicio en algunos de esos centros privados era peor que el de los públicos. Esta situación es el desenlace lógico de la política sanitaria de varias décadas de gobierno autonómico del PP en esa comunidad. Y en las primeras semanas de la expansión del virus, escaseaban no sólo las plazas hospitalarias (hubo que montar algún hospital de campaña) sino también incluso mascarillas para el personal sanitario, que hubo que encargar al extranjero.

Si la intervención estatal se mostró indispensable para suplir las deficiencias del sector privado, la cosa puede ser mucho más evidente cuando se deban afrontar las consecuencias que las largas cuarentenas están teniendo sobre el sector productivo. Sin la intervención pública, estatal, el sector privado será incapaz de reconstruir el tejido productivo, y en todo caso lo que haga tendrá como finalidad el lucro privado, no el provecho colectivo, social. Resumiendo, la salvación de las sociedades humanas pasa ineludiblemente por los funerales del sistema neoliberal y la sustitución de éste por una economía más justa y humana, lo más alejada posible del capitalismo.

Pues bien, es precisamente ante este tipo de perspectivas sombrías para el capitalismo cuando se activan los movimientos fascistas. El fascismo es una reacción histérica contra las fuerzas que promueven cambios sociales que amenazan el sistema capitalista. No sólo en nuestro país, sino en otros muchos lugares en el mundo está teniendo lugar la aparición y actividad de ese tipo de reacción. En EE.UU. el presidente Trump está obrando según ese cliché de movilización de sectores sociales en los que se quiere infundir miedo a los cambios sociales y agresividad contra las fuerzas que los promueven.

Y esto explica lo que está ocurriendo en España en la polémica política sobre las responsabilidades en la expansión del virus. Se construyó un discurso que atribuye al gobierno de izquierda y a movilizaciones de tipo progresista, como el 8-M, responsabilidad en la problemática de la epidemia. Partidos de izquierda y movimientos progresistas como el feminista y el sindical son los objetivos a batir. Se atribuyen al gobierno de coalición de izquierda todos los fallos y problemas que tuvieron lugar durante la epidemia, pero atribuyendo los éxitos, que también hubo, a los gobiernos autonómicos gestionados por los partidos de la derecha que están en sintonía con el espíritu del liberalismo y capitalismo. Este discurso es impartido a la población española por medio de una intensa campaña en la que abundan bulos, calumnias, acusaciones infundadas, suposiciones engañosas, declaraciones insidiosas… cuya finalidad es minar la credibilidad de los partidos y organizaciones de izquierda y del gobierno, al que se pretende deslegitimar. La movilización de las caceroladas y las manifestaciones automovilísticas de los señoritos del Barrio de Salamanca pretenden dar la impresión de que la oposición domina la calle; es un intento de imitación de la Marcha de Mussolini sobre Roma.

Para que esa campaña antiprogresista tenga éxito es preciso que la secunde una gran cantidad de personas. La estrategia de los movimientos fascistas se orienta a la captación del sector más desinformado de la población. Los partidos de la derecha, cuya finalidad es la defensa de los intereses de los poderosos, no tendrían éxito si no obtuviesen votos de los explotados, de los desheredados del sistema. Para conseguir que una parte importante de la población vote en contra de sus intereses de clase es necesario fomentar la ignorancia, lograr que los esclavos tengan alma de esclavos. Esto se consigue con el control de los medios de formación e información. Se encuentran muchas personas que aseguran que les asquea la política y los políticos. La existencia de esa manera de pensar es un logro de la política educativa e informativa de quienes controlan el aparato ideológico del sistema. Ese tipo de personas que aseguran que no entienden de política, que no son ni de derechas ni de izquierdas, son presa fácil de la propaganda fascista; es personal que se aviene a que le desposean de sus derechos de ciudadanos, como ocurría con los ilotas de la antigua Esparta. Gracias a esa actitud ilota de una gran parte de la población fueron posibles los éxitos de Mussolini y Hitler, y que en España tuviésemos una dictadura de cuarenta años de duración.

La finalidad de este escrito es precisamente alertar contra esa actitud. La gente que en el momento de elegir optó por Barrabás en contra de Jesús de Nazaret era una masa desinformada, que votaba en contra de sus derechos e intereses; los dominadores de aquel sistema, la casta sacerdotal del templo de Jerusalén, habían colonizado la mente de aquel personal. La estrategia fascista ya se practicaba hace dos mil años, no fue un invento de Mussolini. Hoy estamos asistiendo a su enésimo intento de embaucación de la población desinformada. Que este escrito sea una advertencia contra esa estrategia; saquemos las enseñanzas pertinentes de la historia y de la crisis que estamos sufriendo.

Foro de Cristianos GASPAR GARCÍA LAVIANA

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