Enviado a la página web de Redes Cristianas

Castillo1La pandemia del coronavirus está poniendo en evidencia la suprema verdad que entraña lo último que, según el Evangelio, dijo Jesús al despedirse de sus discípulos: “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí, y yo en ti” (Jn 17, 21).
Seguramente, después de tantos siglos, todavía no hemos caído en la cuenta de que este deseo, expresado en forma de oración, es lo más sublime, lo más práctico y lo más necesario que el Evangelio pone en boca de Jesús de Nazaret. Es lo más importante y necesario para todos. De forma que nadie se escapa, ni se puede quedar fuera, de este principio básico y determinante de la UNIDAD. Porque unidad es lo que más necesitamos, sobre todo en este momento.

Este criterio es tan importante, que – según decimos los cristianos – hasta Dios “se vació de sí mismo” (“eauton ekénosen”) (Flp 2, 7), se hizo como uno de tantos, y “se humanizó”, es decir, “se encarnó” (“ho Lógos sarx egéneto”) (Jn 1, 14). Se fundió con nosotros y se hizo “uno”, con todos y cada uno de los seres humanos. Exactamente como dijo Jesús en su oración de despedida: “Que todos sean uno; como tú, Padre, estás en mí, y yo en ti, que ellos también sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn 17, 21).

Por esto, desde el punto de vista del pensamiento propiamente cristiano, el criterio y el principio de la unidad es tan importante y decisivo para la religión, para la filosofía, para la política y para la sociedad en general.

1) Para la religión: porque solamente cuando Dios se ha hecho uno con el ser humano (eso es la “Encarnación”), los humanos hemos podido conocer a Dios, el Trascendente. Es lo que Jesús le dijo al apóstol Felipe: “El que me ve a mí, está viendo a Dios” (Jn 14, 7). Y por eso Dios, en el juicio final, le podrá decir a cada uno: “Tuve hambre, y me diste de comer; tuve sed, y me diste de beber…. (Mt 15, 35 ss). Lo que cada cual les hace a los demás, en realidad es a Dios mismo a quien se lo hace. O se lo deja de hacer. En esto consiste el principio más determinante de la unidad, cuando de religión se trata.

2) Para la filosofía: porque el principio de la unidad es el primero y el más determinante. De forma que el criterio decisivo no se constituye a partir de los Derechos humanos, sino de los Deberes humanos. Antes de cada “Derecho”, que yo tenga ante los demás, está el “Deber” que yo tengo. El Deber de respetar, de perdonar, de ayudar, de aguantar, de decir siempre la verdad y de ponerme siempre a favor del otro, aunque el otro sea mi peor enemigo. Esto es lo que nos enseña el Evangelio.

3) Para la política: porque, en el gobierno de este mundo, lo que nos hace más fuertes no es lo que nos divide, nos separa, nos aleja, sino todo lo contrario, En la medida en que nos hacemos uno, en esa misma medida nos hacemos fuertes. El que se separa y se aleja de los otros, sin duda alguna con eso indica que se cree más fuerte y más importante que los otros. El que va así por la vida, termina arruinando su propia vida y siendo motivo de risa o pena. Triste destino.

4) para la sociedad en general: porque ya es hora de que nos enteremos (y tengamos siempre muy presente) que no es lo mismo la “diferencia” que la “desigualdad”. La “diferencia” es un hecho. La “igualdad” es un derecho. ¿Se han enterado ya de esto los hombres, en relación a las mujeres? ¿Se han enterado los heterosexuales respecto a los homosexuales? ¿Lo sabemos todos y lo tenemos todos presente?

Termino: En la medida en que nos hagamos “uno”, en esa misma medida, saldremos – y saldremos pronto – de ésta y de tantas otras crisis que nos han debilitado, nos han humillado y se erigen como la mayor amenaza y el mayor peligro que nos acecha en este momento.

   
© 2012 Redes Cristianas Suffusion theme by Sayontan Sinha