VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Con la pandemia hemos descubierto que estamos en una zona de perturbación aguda, de crisis profunda tanto en la sociedad con en la Iglesia. Por una parte, varios millones de muerte y apenas el 20% de personas en los países pobres ha recibido la primera vacuna, y, por otra, las multimillonarias ganancias del la farmacéuticas, por ejemplo Pfizer 54’000 millones de dólares en 2021, sin contar los otros miles de millones que han pagado los gobiernos “del norte”, es decir sus ciudadanos, para financiar la elaboración de las vacunas y luego su compra masiva…

La pandemia no ha provocado los problemas: los ha desvelado y los ha fortalecido. Estos problemas son el poco interés para prevenir y enfrentar mundialmente la anunciada pandemia, luego el mucho interés para sacar ganancias escandalosas y finalmente controlar eficazmente la población. ¿Qué nos revela la pandemia? Que nuestros gobernantes y sus funcionarios están interesados principalmente en el poder, el dinero y la buena vida… a costa nuestra.

Que el sistema capitalista busca tanto la eliminación de las personas no productivas y de los pobres en general como de la naturaleza. Tenemos que obedecer ciega y totalmente a las orientaciones nacionales e internacionales. Así la democracia pasa a ser una gran estafa utilizada para manipularnos a gusto por los medios de comunicación. ¿Nos damos cuenta que somos muy ingenuos por desorganizados, sin interés suficiente para comprender lo que vivimos y sin fuerza organizativa para protegernos y hacernos respetar?

Al nivel eclesial, la pandemia revela la catástrofe que no queríamos ver: una evangelización superficial muy deficiente y una colaboración mínima de los feligreses.

Nuestras iglesias se encuentran vacías, la recepción de los sacramentos abandonada, la vitalidad de los grupos cristianos desaparecida, los jóvenes ocupados por otros intereses secundarios, la gran mayoría de los sacerdotes y de los obispos desconcertados, perdidos y… con mucho menos dinero. La religión ha dejado de funcionar… La conclusión que nos queda es volver a las fuentes de nuestra fe, es decir, a Jesús de Nazaret y a las primeras comunidades cristianas… porque ser cristiano es seguir a Jesús en comunidad. Y eso parece que bien poco lo hemos practicado desde mucho tiempo.

Nuestra religión tiene mucho que ver con Dios, los ritos, los dogmas, la moral, las instituciones y sus ministros y bien poco con Jesucristo, el Reino, los pobres y la fraternidad. Por eso escuchamos en boca de los católicos, evangélicos y creyentes en general: “Todos tenemos el mismo Dios, único con distintos nombres”. Es cierto que Dios es único, que todos lo invocamos, que las religiones siempre han sido diversas… Pero sus ministros se han proclamado encargados de supervisar y conducir a las masas, diciéndoles lo que es buenos y lo que es malo… Y nos han hecho creer que era suficiente un fe individual y espiritualista que todos nuestros problemas se resuelven en el cielo que hay que ganar haciendo méritos y limosnas.

El final de segundo milenio ha marcado el final y la caducidad de las religiones. Ya el Concilio Vaticano 2° nos había avisado hace 50 años: Tenemos que actualizarnos porque los tiempos cambian. Las ‘Conclusiones de las Conferencias Episcopales Latinoamericanas’ iban en el mismo sentido: la pobreza es el mayor problema de América Latina que las Iglesia tienen que enfrentar. Como no les hemos prestado mucha atención y que no hemos querido ver la gravedad de las situaciones tanto sociales como eclesiales, la pandemia se ha encargado de desvelarnos que lo social y lo religioso están por los suelos.

A ver si profundizamos un poco más para reconocer que, si Dios es uno sólo, también ha mandado muchos enviados para decirnos en qué consisten su identidad y su voluntad. Por eso existen las diferentes religiones y sus grandes profetas. Hasta ahora no nos conocíamos entre las distintas religiones y cada uno pensaba que su religión era la mejor y la única verdadera. Con la globalización, las cosas han cambiado. El mismo Concilio Vaticano 2° nos decía que todas las religiones son válidas y que el Reino de Dios se hace presente mediante los pequeños y grandes esfuerzos de los hombres y mujeres de buena voluntad por la fraternidad y la justicia.

Entonces, ¿en qué quedamos los cristianos, o sea, lo seguidores de Jesús de Nazaret? ¿Conocemos bien su misión y su mensaje fundamental? Jesús ha venido para revelarnos que Dios no es un juez castigador, sino un Padre y una Madre que nos cuida y de manera particular a los pobres poque son víctimas de las injusticias y las desigualdades. Jesús nos dijo también que la voluntad de Dios es hacer acontecer su Reino que es principalmente fraternidad y justicia. Jesús nos dijo que su único mandamiento “¡Ámense los unos a los otros!” resume y supera los 10 mandamientos de Moisés y que lo más importante de su mensaje está en las Bienaventuranzas. Pero, ¿quiénes se interesan seriamente en el Reino de Dios y en la Bienaventuranzas? Es más que tiempo ponernos a leer los Evangelios que nos transmiten el testimonio, la voz y la vida de Jesús de Nazaret.

Además de Jesús están las primeras Comunidades Cristianas. Los primeros cristianas, hasta el siglo 4, no buscaron iglesias porque se reunían en las casas, tenían dos sacramentos como son el bautismo y la fracción del pan o eucaristía, no elegían sacerdotes porque el dueño o la dueña de casa que recibía la Comunidad presidía la ‘fracción del pan’… Eran preocupados por formar Comunidades que eran unidas por la fe y la fraternidad y todo lo ponían en común. Así dieron testimonio de la Buena Nueva de Jesús y del crecimiento del Reino de Dios en todo el imperio romano.

¡Cuánto no hemos alejado de estas primeras Comunidades! Lo vemos en Europa: las iglesias se cierran poco a poco, las vocaciones sacerdotales desaparecen, la moral católica no interesa casi a nadie … Sólo quedan las pequeñas Comunidades de cristianos que decidieron volver a Jesús de Nazaret y a las primeras Comunidades cristianas.

El proyecto del papa Francisco de una Iglesia sinodal, es decir, igualitaria y participativa, va en esta dirección: volver a seguir a Jesús en Comunidad para vivir la fraternidad, practicar la justicia y hacen la opción de vivir más sencillamente, acercándose a los pobres e identificándose con sus causas, sus opciones y sus luchas. Los cristianos tenemos que hacernos la pregunta, personalmente, en familia y en nuestros grupos: ¿Conocemos a Jesús?

   
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