Enviado a la página web de Redes Cristianas

El próximo encuentro de Redes Cristianas se celebrará en Gijón del 30 de noviembre al 2 de diciembre de este año. Será la VI Asamblea de esta entidad, que coordina a más de cien movimientos de renovación dentro de la Iglesia Católica española. Como quiera que actualmente se encuentra abierta la inscripción correspondiente, todavía es pronto para conocer el número de participantes, pero se asegura que andará por los 150, desplazados de todo el Estado.

Ha asumido la organización del evento el foro Gaspar García Laviana con motivo del 40 aniversario de su muerte en la Revolución Sandinista en Nicaragua. Por ello, en el acto inaugural se hará una semblanza de su figura y de su personalidad profética y poética. La temática del encuentro se centrará en “la acción liberadora hoy”, contando como ponente invitada con la prestigiosa religiosa catalana Teresa Forcades. Pero funcionarán también 9 talleres donde los asistentes debatirán sobre los asuntos fundamentales de la realidad actual, con un sentido transformador y alternativo dentro de la sociedad y de la Iglesia. Se espera también que las comunidades cristianas de base de Asturias mantengan un protagonismo relevante en esta asamblea.

Precisamente, la pasada semana, Redes Cristianas ha cobrado un singular activismo social, al emitir un duro comunicado contra la inhumación de los restos de Franco en la Catedral de la Almudena. Su Manifiesto rechaza con contundencia las declaraciones efectuadas por el Arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, quien había anunciado que la Iglesia está dispuesta a recibir a cualquier persona que se lo demandara. Pero varios grupos cristianos progresistas, encabezados por Redes Cristianas, a la que se han sumado la coordinadora de Comunidades Cristianas Populares de Andalucía y las Comunidades Cristianas de Asturias, han rechazado esta posibilidad, ya que el dictador representa unos valores sociales completamente contrarios al evangelio y a una ética basada en los Derechos Humanos y los principios democráticos. Pero también porque su ubicación en la catedral madrileña sería un elemento de división insuperable entre la ciudadanía y entre los fieles cristianos.

La intemperancia de Osoro ha colocado a la Iglesia en un entuerto indeseable, del que él tendrá que sacarla de la forma más honrosa que pueda. Es posible que la familia Franco, que ha actuado con gran astucia, pueda litigar con la diócesis madrileña, sin embargo ningún embrollo jurídico podrá justificar nunca este disparate, capaz de provocar un escándalo incalculable.

Tras la polémica política que suscitó la decisión gubernamental de sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos, en el que PP y Ciudadanos acosaron al ejecutivo socialista por haber considerado urgente la medida y tramitarla mediante Decreto Ley, una forma poco afortunada por parte de la oposición política de oponerse a un acto imprescindible para acreditar la fiabilidad de un Estado democrático, que se saldó con la votación favorable del Congreso de los Diputados, nada hacía esperar una tormenta como ésta. La inhumación del dictador en el cementerio del Pardo, al lado de su esposa Carmen Polo, destino lógico y natural para una familia tan tradicional, se ha perturbado ahora con esta salida impropia, donde además el Arzobispo de Madrid, prelado muy recatado últimamente, sobre todo desde que se le considera como uno de los principales peones del Papa Francisco en España, nos ha causado una sorpresa enorme. Muy alejada de la singular diplomacia eclesiástica, capaz de eludir los conflictos con una sutileza impresionante.

Pero no solo se ha visto Osoro condicionado por la propiedad del nicho que la familia Franco compró en la Almudena, donde reposan los restos de su hija Carmen Franco y de su marido el Marqués de Villaverde, extremo de por sí bastante sui generis, aunque no sean los únicos implicados, sino que la derecha más reaccionaria está detrás de esta presión y el Cardenal no ha querido cortar por lo sano. Son muchos los intereses que se mueven dentro y fuera de la Iglesia Católica española para ajustar cuentas contra cualquier intento de dirigir la Iglesia por una línea abierta y respetuosa.

Por eso el papel de Redes Cristianas es tan crucial en este momento de confrontación. Es necesario que existan voces de Iglesia que supongan un nuevo modelo de discurso, de praxis y de mediación social para que aflore otra Iglesia posible. También es positivo que este movimiento de cristianos de base confluya con los grupos de Memoria Histórica en reivindicar un papel de la Iglesia que fomente la reconciliación y rectifique su historia de connivencia con un Régimen agresor de las libertades y de los derechos humanos.

Cabe esperar que la presencia en Gijón, en las instalaciones del Centro Cultural Antiguo Instituto, de la VI Asamblea de Redes Cristianas, represente un hito importante para esa Iglesia renovada, sensible a las necesidades de los desfavorecidos y defensora de los derechos fundamentales de toda la ciudadanía. Por tanto el apoyo e interés de los asturianos por este encuentro contribuirá mucho a que ese objetivo sea una realidad palpable.

Fdo.: Ricardo Gayol García, abogado.

   
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