Religión Digital

Educación para la Ciudadanía.jpgLa Asociación de Teólogos/as Juan XXIII desea expresar su punto de vista en torno al debate sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía, desde una perspectiva ético-teológica:
1.- Creemos que la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos constituye uno de los logros más importantes de la reforma educativa en nuestro país, ya que pretende la educación civico-democrática de los ciudadanos y ciudadanas, en aplicación del artículo 27.2 de la Constitución Española: “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”.
Fuente: Religión Digital

Responde, además, a una recomendación de la Unión Europea. En Europa más de veinte países la han incorporado dentro del currículo escolar. En definitiva, se trata de una asignatura sobre la que en Europa hay un consenso básico.

2.- En nuestra opinión, la ciudadanía en la que hemos de educarnos todos los ciudadanos y ciudadanas debe ser cosmopolita y global, crítica y transformadora, intercultural e interétnica, responsable y activa, solidaria y no discriminatoria por razones de etnia, religión, cultura, clase social, lugar de origen, discapacidad, etc. El horizonte debe ser la construcción de una sociedad más justa.

3.- La sociedad española se caracteriza por el pluralismo político, la diversidad cultural, la pluralidad de religiones, las distintas concepciones del mundo y los plurales modelos éticos. Ello exige una educación en el respeto, la tolerancia y la convivencia.

4.- La educación en la ciudadanía no empieza y termina en la escuela, ni es responsabilidad sólo de los docentes. Tiene que continuar en la familia y en la sociedad, responsables también de la educación y la práctica de los valores.

5.- Creemos necesario distinguir con claridad entre ética y religión. Son dos cosas distintas aun cuando a menudo establezcan estrechas relaciones y hasta lleguen a apoyarse mutuamente. Se debe ser una persona ética aun cuando no se sea religioso o creyente. Los creyentes encontrarán otras motivaciones para vivir éticamente, pero ello no depende exclusivamente de su actitud religiosa.

6.- La tarea principal de la jerarquía católica no es la de guardianes de la moral. Las valoraciones morales, ciertamente, entran dentro de sus competencias, pero con unos límites: no imponerlas en la sociedad civil y respetar el legítimo pluralismo dentro de la Iglesia católica. Los obispos no detentan el monopolio del juicio ético, lo que es especialmente importante recordarlo en una sociedad pluralista como la española actual.

7.- La jerarquía católica parece negar al Estado cualquier papel y autoridad para educar en valores, reclamando para sí misma el poder para establecer lo moralmente correcto o incorrecto, como si, al igual que en otros tiempos, fuera madre y maestra de todos, aun de los no católicos.

8.- En el fondo de la negativa de los obispos a reconocer la capacidad del Estado para educar en valores cívicos y democráticos parece haber una falta de aceptación de la autonomía del poder civil, sin haber asumido plenamente la no confesionalidad del Estado.

9.- Creemos importante afirmar que un Estado democrático tiene derecho y autoridad para establecer una asignatura que trate de educar en valores éticos, sobre todo si los contenidos desarrollan los Derechos Humanos, han sido acordados por los agentes sociales implicados y, además, tiene el rango de Ley.

10.- No consideramos razonable el boicot a la asignatura a través de la objeción de conciencia, ya que en este caso nos parece que se sitúa en el terreno de la confrontación ideológica y política, y no en el de los valores éticos. Creemos que tanto la implantación de la asignatura como sus contenidos, tal como se recogen en la legislación vigente, responden a la cultura de los derechos humanos.

Madrid, 19 de diciembre de 2007

   
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