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¿Somos todos igualmente queridos por Dios? ¿Por qué Jesús habla de predilectos? ¿Quiénes son nuestros predilectos?
El primer predilecto de Dios es Jesús, como aparece en el pasaje de Mateo sobre la Transfiguración (Mt 3,13-17), es la referencia total a lo que supone la Buena Noticia para todos. Pero Jesús mismo habló de predilectos con claridad, y hoy es el día en que esto no es asumido en su verdadera dimensión por nosotros, sus seguidores. Por poner un antecedente que nos ayude, tenemos los Salmos, que Él mismo rezaba a diario como buen judío que era: Que tu Mano salvadora nos responda, para que se salven tus predilectos…” (Sal 107). Seguro que entonces era fácil interpretar esta predilección como dirigida a quienes cumplían con las enseñanzas de la Ley y referido al pueblo elegido.

Con Jesús, cambia la interpretación unívoca de la Ley para ampliarla en dos direcciones: toda persona forma parte del Pueblo elegido (Epifanía); los que peor están material y espiritualmente son los preferidos en función de su necesidad, como se refleja en las Bienaventuranzas, incluidos los perseguidos por ajustar su vida a Jesús. Nos hemos quedado con la Ley pero el mensaje es “la Ley y los profetas”, con la carga cristiana que tienen las denuncias proféticas, en todo tiempo, también en el nuestro.

Los evangelios son claros y reiterativos al contar que Jesús se rodeó y favoreció durante su vida a pecadores, publicanos, leprosos, pobres, samaritanos, paganos, mujeres… y de esta forma declara el amor de Dios hacia ellas como una opción de Jesús preferencial, no excluyente. La parábola del hijo pródigo y el buen samaritanos tuvieron que ser dos aldabonazos entonces, pero siguen siéndolo hoy al romperse la interpretación excluyente de Dios, que es buena noticia porque es amor para todos, sin excepción y dado gratuitamente siempre, sin mérito nuestro.

Esta Buena Noticia universal rompe las convenciones sociales de su época y de la nuestra, de todas las épocas. No respeta la división de clases ni de personas exitosas y fracasadas. Dice y hace. Anuncia que Dios los quiere y los contempla con infinita misericordia, se pone de su parte y les anuncia la salvación aunque se encuentren en las cunetas del camino, expulsados de la sociedad y de la Ley. Es más, Jesús cuestiona de raíz y sin ambages las causas de su indignidad social, es decir, las condiciones injustas de la existencia aún en la concepción religiosa de su tiempo.

Claro que Dios tiene predilectos, como los tiene cualquier madre o padre en sus hijos más necesitados, impedidos, con mayores dificultades para salir adelante, aunque sea por vivir con actitudes menos adecuadas; porque mayor necesidad tienen de cambiar para mejorar. La necesidad mirada con ojos de amor es la que marca la preferencia. Y sin embargo, no pocas veces seguimos enredados en considerar prácticas políticas a ciertas actitudes evangélicas. Un ejemplo lo tenemos en torno a la realidad de las pateras en el Mediterráneo.

La Unión Europea no está aplicando las normas del Derecho Internacional del Mar en el desembarco de los rescatados en el puerto más próximo. Tampoco la aplicación a continuación los acuerdos firmados en la Agenda Europea de Migración para aquellos que sean solicitantes de asilo o migrantes forzosos. Se encastilla en la negativa a aplicar las obligaciones aprobadas en su Agenda Europea de Migración en vigor, donde los gobiernos europeos se comprometieron a “ofrecer respuestas rápidas para salvar vidas humanas”. El rescate de cada día viene regulado por el deber de socorro en el mar y de salvamento marítimo del Convenio Internacional de Búsqueda y Salvamento, además de ser un escrupuloso respeto a los compromisos adquiridos en la Convención de Ginebra de 1951 y el Protocolo de 1967.

Sin embargo, muchos cristianos no cuestionan las ilegalidades gubernamentales mientras exigen mano dura que les quite el problema de la vista. Sin pensar, ni por un momento, en clave cristiana. Un ejemplo extremo es la cantidad de votantes de Vox que se dicen cristianos y lo que opinan en estos temas. Otros, en cambio, reclaman el inmediato desembarco y la atención de las personas rescatadas en el mar porque significa exigir el cumplimiento de los acuerdos europeos en materia migratoria, vulnerados por los gobiernos que los firmaron. Algunas personas voluntarias quieren rescatar a los inmigrantes incluso poniendo en riesgo su libertad.

Al final, la pregunta sigue en pie para todos: ¿Quiénes son nuestros predilectos?

   
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