VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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La divulgación de los textos de la Escritura en las misas dominicales, es decir, la más importante de las ocasiones de divulgarla, está ceñida a un programa de tres años, que se va repitiendo, en el cual son fijadas estrictamente las tres lecturas de cada una de las misas de cada uno de los domingos de tres años seguidos. Y…, además, esta serie está compuesta, aprobada y controlada desde un organismo vaticano, para todo el mundo. (Mal asunto…) Esta fijación, este control centralizado, tendrían que implicar que ese orden estuviera muy bien establecido, y fuera de alta calidad, tanto en el aspecto cristiano como en el cultural.
Desgraciadamente, como veremos, no es así. En general y en todos los aspectos de la vida, centralizado y mal hecho suele ser la nota más frecuente. En este caso, intentaré hacer ver que está muy mal hecho.

Hoy quiero referirme a la primera lectura, de cada misa dominical. Lectura que está reservada para textos del Antiguo Testamento. Ello es así desde la reforma litúrgica que impulsó el Concilio Vaticano II, puesto que antes solo había dos lecturas: Epístola y Evangelio. Se incorporó el Antiguo Testamento, pero… de manera muy y muy planificada y pensada. ¿Planificado y pensado para el mejor bien de las personas asistentes? ¡NO!! Pero primero explico cómo se hace.

En el Antiguo Testamento hay dos filones de valores fundamentales: los profetas y la Ley. Aquella parte de los autores más consciente que participaron, en uno y en otro objetivo, se sentían empujados por un objetivo básico: el Derecho y la Justicia, o sea, el bien de las personas. También existe, como todo el mundo sabe (porque esta es la parte más popularmente conocida), toda una serie de historias. Bien mirado, las historias serían como el envoltorio de los valores, serían para presentarlos, incluso para hacerlos más atractivos. Pero con malos modos y maneras, se ha conseguido la inversión de este objetivo: la gente sabe historias, muy a menudo falsas, porque son míticas, y casi nadie conoce la mayor parte de los valores. Incluso da la impresión de que estos estuvieran «escondidos».
¿No era, esta entrada de lecturas del AT en las misas dominicales, la ocasión de oro para corregir la situación y hacer conocer a los asistentes los textos mejores de aquella parte de la Escritura?

Sumando todos los domingos y fiestas de los tres años, nos da un número de 204 lecturas. (Advierto que, en las vigilias pascuales, en que hay más lecturas, sólo he contabilidad la primera.) ¿Cómo se han repartido, estas 204 lecturas del AT?
Isaías 48
Jeremías 9
Amós 3
Miqueas 1
Otros profetas 22
Génesis 15
Éxodo 13
Números 5
Deuteronomio 9
Levítico 2
Jesús, hijo de Sira 8
Hechos de los Apóstoles 26
Otros autores 43
Es evidente que esto no es normal, esta superpreferencia por un profeta sobre todos los demás, marginados los más críticos, y advirtiendo que en las 22 lecturas de los «otros profetas», no hay ninguno que se interesara en la defensa del D y la J. Pero… si bien esta preferencia tan grande por un solo profeta se tendría que explicar de manera conveniente, el problema no es este. Hay otro mucho más grave.

Se marginan los profetas más exigentes, y se confía la tarea a uno que no lo es tanto. Pero esto tampoco es del todo verdad, puesto que Isaías tiene textos del tipo de (limito las palabras lo posible):
«¿Por qué me ofrecéis tantos sacrificios? … Cuando levantáis las manos para rezar, me tapo los ojos para no veros. … dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien, buscad la justicia, detened al opresor, defended al huérfano, pleitead a favor de la viuda (1: 11-17).»
«¡Ay de quienes, a expensas de los vecinos, agrandan las casas y los campos! … Escuchad qué me asegura el Señor del universo: Todas estas casas grandes y bonitas se volverán una ruina; nadie habitará estos palacios (5: 8-16).»
«¡Ay de quienes hacen leyes injustas y promulgan decretos opresores! Niegan la justicia a los débiles, roban el derecho a los pobres de mi pueblo; las viudas son su botín, expolian a los huérfanos. ¿Qué haréis el día que os pedirán cuentas? (10: 1-3)»

No hay problema: En 48 lecturas, no aparece ninguno de estos textos. ¿Verdad que parece que no pueda ser? He aquí el «servicio» de los burócratas vaticanos a la pasión divina por el Derecho y la Justicia:
1)Marginar a los profetas más auténticos.
2)Descafeinar a uno de ellos, y convertirlo en el «niño bueno».
3)Darle prácticamente todo el trabajo, que nos haga quedar bien.
4)Para conseguir un marco de autopresentación serio, tranquilo, moderado, que favorezca unas «public relations» pacíficas y tranquilas con los otros poderes.

Y yo entiendo que esto significa: Boicotear el plan divino en favor del Derecho y la Justicia. // Manipular la Palabra de Dios, como dicen ellos/as (yo también la considero así, pero no toda, sino «alguna» parte, y más bien como posibilidad), para obtener un objetivo político de buena vecindad. // Transformar a un buen profeta en un simple comentarista, sacándole la fuerza expresiva que lo caracterizaba.
Pido la dimisión inmediata, o en su caso la destitución, de esta comisión, si es una comisión, y formar una que sea honesta y cristiana, y enfoque la redacción de un nuevo plan de lecturas para el año próximo.
Antoni Ferret

   
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