images1Vivimos en España una crítica situación. Aparecen ideologías de muerte, cargadas de intolerancia y de fundamentalismos políticos y religiosos. Continúan apareciendo casos de corrupción. Crece la desigualdad. Aumenta el flujo migratorio. Se levantan muros y vallas. Se cierran las fronteras a los refugiados. Persiste la violencia de género. La carrera armamentista y la especulación financiera dominan la economía. En contraste, surgen movimientos solidarios y humanistas que exigen cambios profundos

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En este marco se realizan en España las elecciones generales. Hay gente pobre, marginada, que opta por los partidos diseñados por los poderosos, otros no saben por quién votar, si por la izquierda o por la derecha.

Hay partidos que optan por el desarrollo de la justicia y equidad, promoviendo los servicios sociales: salud, educación, vivienda, trabajo, salarios dignos, apoyo a dependencia…Priorizan el bien común sobre el individual. Defienden los intereses de los más pobres, trabajadores, pensionistas, discapacitados…Buscan una sociedad en donde la justicia social y la libertad estén integradas. Promueven una sociedad participativa, incluyente, equitativa, sin explotados ni explotadores. Promueven la defensa de los derechos humanos y del medio ambiente. Optan por la igualdad de género. Abiertos a la solidaridad con los pueblos que sufren hambre, migrantes y refugiados. Ofrecen un proyecto alternativo al sistema capitalista neoliberal en base a una visión social y humanista. Defienden que las empresas sean espacios de desarrollo del ser humano al servicio de la sociedad. Abogan por una reforma fiscal seria y justa, de manera que paguen más los que más tienen y no carguen el peso de los impuestos sobre el pueblo llano. Garantizan la libertad de expresión y de organización, sin leyes mordazas. Se oponen a las intervenciones militares y a la guerra.

Hay otros por el contrario que propugnan un proyecto socio-político, económico e ideológico basado en el sistema capitalista neoliberal, que divide a los seres humanos en explotadores y explotados. Absolutizan el derecho a la propiedad privada en detrimento del bien común. Privilegian los intereses individuales sobre los sociales. Tienden a bajar los impuestos, con lo que favorecería que la salud y educación pasen a manos privadas. Privatizan los servicios públicos, porque estos son un negocio para la clase poderosa. Son reacios a recibir migrantes y refugiados; y abogan por la construcción de vallas y muros para que estos no entren. Son partidarios de la carrera armamentista y justifican las intervenciones militares. No asumen en la práctica la realidad del cambio climático. Son partidarios de utilizar la fuerza armada para controlar el “orden social” y reprimir las protestas populares.

Hay incluso quienes mantienen una propuesta racista, xenófoba, homófoba, aporófoba, ultranacionalista, nazifascista y partidaria de la tenencia de armas.

El cristianismo hacia donde se inclina?

El programa del Evangelio de Jesús y la Doctrina Social de la Iglesia coinciden más con unos planteamientos que con otros. El Evangelio hace una clara opción por los pobres y excluidos. Jesús propuso una nueva sociedad de iguales, de hermanos, sin ningún tipo de discriminación. Llamó a compartir los bienes que Dios ha creado para todos. Su criterio no es la competitividad sino el amor fraterno. Denunció valientemente las injusticias y la corrupción de los poderosos de la nación de Israel. Desenmascaró el sistema político de su tiempo cuando dijo: “Los que se consideran jefes de las naciones se creen dueños de ellas, y los que ocupan cargos abusan de su autoridad. Pero no será así entre vosotros…” (Mc 10, 42-43). Su misión fue anunciar el reino de Dios, aliviando el sufrimiento humano.
Jesús exige un cambio profundo de actitudes para vivir un nuevo estilo de vida social basado en la igualdad, la reconciliación y el amor. Señala que el juicio de Dios a la humanidad tiene como criterio el servicio a los marginados (Mt 25,31-46). Se enfrentó a los poderosos de su tiempo. Lo acusaron de estar alborotando al pueblo (Lc 23,1-2). Por eso los poderes económicos, religiosos, políticos y el militares se confabularon para eliminarlo, dándole muerte en cruz.

Las primeras comunidades cristianas de Jerusalén, después de Pentecostés, bajo la inspiración del Espíritu, se reunían y compartían como hermanos lo que tenían, de manera que entre ellos no había pobres “pues los bienes se distribuían entre todos según la necesidad de cada uno” (Hch 2,44-47). Y las comunidades más favorecidas ayudaban solidariamente a las más necesitadas (1Co 16). De esta manera, se estaba sembrando la semilla del reino de Dios.

A la hora de votar

Los cristianos/as, iluminados por el mensaje y la praxis de Jesús, debemos tener en cuenta el programa social del partido y la calidad ética de los candidatos. No basta solo el programa de la coalición o partido prescindiendo de sus candidatos, ni tampoco la honestidad de los candidatos si se prescinde del programa. Es necesario saber discernir entre el proyecto sociopolítico y las personas que lo conforman.

Es necesario, asimismo, hacer una “lectura crítica” de los programas electorales, para conocer el alcance de las reformas que plantean unos y otros y las prioridades. Los cristianos visualizamos la política como una mediación para que en la sociedad se viva los valores del reino de Dios: la justicia, el amor, el respeto a la diversidad, la fraternidad y la paz, de manera que a nadie le falte lo necesario para vivir con dignidad.

   
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