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Hoy queremos traer a nuestro Círculo de Silencio tres realidades diferentes para la reflexión y la denuncia.
En primer lugar, recordamos el trágico suceso ocurrido hace 7 años frente a la costa de Lampedusa. El 3 de octubre de 2013 un barco que transportaba migrantes desde Libia a Italia se hundió frente a la isla italiana de Lampedusa. La guardia Costera Italiana rescató a 155 supervivientes, pero el 12 de octubre se informó de que el número de muertos eran “más de 360”. Los migrantes procedían de Eritrea, Somalia y Ghana.

El 11 de octubre tuvo lugar otro naufragio a 120 km de Lampedusa. Se trataba de una embarcación que transportaba a migrantes palestinos y sirios. Se confirmaron 34 muertos.
El Papa Francisco se refirió a este suceso diciendo: “Sólo me viene la palabra vergüenza, es una vergüenza”.

Por desgracia, esa “vergüenza” que conmocionó a Europa no acaba. La lista de muertos en el mar sigue aumentando mientras las políticas migratorias siguen centradas en la defensa de las fronteras, sin importar las vidas humanas que se pierden en el camino. Porque parece que hay vidas que importan menos que otras…
El pasado 19 de agosto, un avión de Salvamento Marítimo localizó a 150 kilómetros de Gran Canaria un cayuco a la deriva mientras buscaba otra patera. En él encontraron los cadáveres de 15 jóvenes africanos reducidos a poco más que piel y huesos tras varias semanas a la deriva en el mar. Las autopsias revelaron que murieron de hambre y sed de 8 a 10 días antes de que los encontraran. Parece increíble que no nos revelemos contra estos sucesos crueles…

La segunda realidad que queremos hacer presente hoy es la del Campo de Refugiados de Moria. Otra vergüenza europea más. El campo de Moria, en la isla griega de Lesbos, se concibió con la idea de albergar a unas 2.800 personas. El pasado 9 de septiembre cuando un incendio, al parecer provocado, arrasó el campamento de refugiados, éste albergaba a más de 12.000 personas de las cuales 1.100 eran menores que se encontraban solos.

El campo de Moria comenzó a acoger refugiados en sus 58.000 m2 tras la llegada de casi un millón de sirios a Grecia en 2015. Pero Moria no es sólo el campo más poblado e infame de Europa: es donde entran en colisión los intereses geopolíticos de Turquía —que aloja a 3,6 millones de refugiados sirios— y los de la Unión Europea —centrados en contener los flujos de personas—. Donde la lentitud y el colapso del sistema de asilo griego se superpone a la incapacidad europea de pactar una respuesta común a qué hacer con los refugiados; donde miles de personas son sometidas a unas terribles condiciones de vida que sólo han provocado palabras de indignación y falsas promesas.

La historia del campo de refugiados de Moria y sus condiciones infrahumanas es la “bienvenida cruel que Europa da a los refugiados” y simboliza la ineficaz respuesta de la Unión Europea al desafío migratorio, una Unión que fue fundada sobre los Derechos Humanos y la Solidaridad.
Hoy tenemos presente a las miles de personas refugiadas que se encuentran viviendo en condiciones indignas en todos los campos de refugiados del mundo a la espera de que se dé una respuesta a su situación.

Por último, queremos manifestar nuestra oposición ante la reapertura progresiva que se está produciendo de los CIEs existentes, en un contexto de pandemia y de cierre de fronteras, así como nos oponemos también al avance en la construcción del nuevo de CIE de Algeciras.
Consideramos que urge concienciar a la ciudadanía sobre la realidad de estos centros, para muchos desconocidos, que son cárceles para inmigrantes y que supone, en la práctica, la privación de libertad de muchas personas por el simple hecho de migrar en busca del legítimo derecho a una vida mejor o huyendo de situaciones de persecución o peligro real y que conlleva, de hecho, el encarcelamiento en unas instalaciones absolutamente inadecuadas y que atentan contra la dignidad del ser humano.

Particularmente grave es la situación del actual CIE de Algeciras, con resoluciones judiciales demoledoras sobre sus carencias y donde entidades como el Defensor del Pueblo o la Fiscalía General del Estado han solicitado expresamente, en numerosas ocasiones, su cierre definitivo debido al estado lamentable e irrecuperable de sus instalaciones. Por ello, es inadmisible al anuncio de construcción del nuevo CIE de Algeciras, proclamado como uno de los mayores centros de detención de la Unión Europea, y con un presupuesto inicial que supera los 20 millones de euros, que situarían a nuestra provincia en un punto negro de referencia en la vulneración de derechos humanos, constituyendo una inversión económica que nos denigra como sociedad.

Con estas tres dolorosas y vergonzosas realidades en el pensamiento y en el corazón, hacemos de nuestro silencio un gesto de solidaridad con los que sufren estas injusticias y un grito de repulsa contra las leyes migratorias que minusvaloran las vidas humanas.
Amigos, comienza nuestro tiempo de silencio.

MESA DIOCESANA DE ATENCIÓN Y ACOGIDA DE MIGRANTES Y REFUGIADOS
CÁDIZ Y CEUTA

 
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