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copeLa cadena de radio COPE (Cadena de Ondas Populares Españolas) es conocida por la gente como “radio dela Iglesia”. NO es una voz oficial e institucional dela Iglesia española, sino que la CEE (Conferencia Episcopal Española) tiene la mayoría de las acciones de la Cadena. Es decir, se puede considerar, con todos los cuidados exigibles y todas las cautelas, la radio de los obispos. A mí, y a muchos de mis parroquianos, uno de ellos antiguo trabajador periodístico de la Cope, ni nos gusta, ni nos deja de gustar, pero sentimos un cierto rechazo y zozobra al constatar el estilo, los contenidos , y la deriva conservadora, trasnochada y, ¡digámoslo abiertamente!, antievangélica, de la cadena. Sobre todo en el actual pontificado de Francisco, que denuncia y critica, desde el Evangelio, valores, situaciones, estilos, contenidos y actuaciones que la Cope defiende, y hasta exalta, y practica un “modus vivendi, informandi, evangelizandi et discendi” ( modo de vivir, de informar, de evangelizar y de enseñar) que la Cope rechaza, critica, y hasta condena.

Estos días esta cadena de radio se ha visto en el candelero con las inaceptables, insoportables, deleznables, condenables y vergonzosas manifestaciones y afirmaciones de, por lo menos, dos de sus locutores, Luis del Val, y Fernando Jáuregui. Sin embargo, mi enfado y mi denuncia es, más que los provocados por estos dos así llamados ¿periodistas?, se dirigen a la propia Cadena, a su dirección, y a la comisión de obispos encargada del control, y asesoría pastoral y evangélica, -porque ésta existirá, ¿no?, si no, la utilidad y el servicio de una radio para promover e implementar la obra evangelizadora de la Iglesia no se vería por ningún lado-, y en caso de que el silencio ominoso persista, mi indignación llegaría hasta la Comisión permanente de la CEE, y, siguiendo el estruendoso silencio, hasta la misma presidencia de la Conferencia Episcopal, hasta el cardenal Ricardo Blázquez. ¿Alguno de nuestros obispos imagina a Jesús tratando a nadie de “maricones de mierda”, o distinguiendo entre “gays serios, elegantes y respetuosos, y maricones zafios, burdos y llenos de heces?

Pero antes, veamos las declaraciones de estos falazmente considerados periodistas. Luis del Val, ““Los gays son muy respetables, gente educada, muy seria. Los de Orgullo Vallekano que van a ensuciar la fiesta, en vez de ser ellos gay, son maricones de mierda”. Y Fernando Jáuregui, afirmando, con evidente mal gusto. “Por lo menos no he ido a Vallecas, que creo que no había quien se agachase a coger caramelos”. Ante tamaña indecencia también se calentaron los ánimos de los injuriados, y uno de ellos respondió, con esta grosería, bajando al nivel que la radio de “los obispos” nunca debería haber llegado: “Señor Jáuregui, los gais follamos asiduamente, no sé si más que los héteros o menos, pero, ¡vamos!, que puede estar tranquilo, que yo a usted, ni con un palo..” ¿Es posible, es aceptable, que una emisora como la COPE chapotee por este terreno lleno de excrementos, que nadie, ningún dirigente de la cadena diga algo, pida disculpas por las graves acusaciones vertidas gratuita e idiotamente, y que ningún obispo salga a la palestra para poner, primero, cordura, y después misericordia evangélica, y pedir perdón por la hediondez en que cae, y provoca, una radio que debería ser modelo de respeto, y no solo de tolerancia, sino de amor a los diferentes, aunque alguien piense que están equivocados?

Hay un chiste que, de alguna manera, ilustra el mensaje, que, por encima de lo anecdótico, transmiten estos ex abruptos intolerables: “Vuelve Paquito, hijo de la Nicolasa, a su pueblo, un poco refinado tras su paso por la capital. Una vecina comenta con otra: -“Dicen que Paquito es ahora gay”-. Y la otra, ¡que va ser gay!, si no tiene estudios, y, además, ¡es maricón!” Algunos de la Cope piensan que a los de Vallecas les falta finura, estudios, o cuenta bancaria, para ser gays, así que se tienen que conformar con una denominación más chabacana e irrespetuosa. Será eso.

Pero a mí, como cura párroco en Vallecas, Vicaría IV, me indigna, y diciéndolo en estilo más vallecano, me cabrea, esta desconsideración hacia mi barrio, por parte de dos ideólogos disfrazados de periodistas, desde una emisora de radio que debería ser modélica en el respeto y consideración hacia todas las personas, como cadena radiofónica de la conferencia Episcopal Española. Así como también me preocupa, me hiere, y me asusta, como presbítero, es decir, cura, de la diócesis de Madrid, que en la radio que todos esperamos sea paradigma de excelencia en el trato humano y cristiano de los asuntos y de las personas, se hayan instalado algunos representantes de la extrema Derecha más radical.

   
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