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Actualización de las claves de la Conferencia Episcopal de Latinoamérica
Mural comunita- rio construido du- rante el encuen- tro internacional que se celebró en las Lauritas de Medellín, religio- sas con un ca- risma de opción por los pobres e indígenas. Foto: SICSAL.
Los Documentos de Medellín alumbrados en la II Conferencia Episcopal de Latinoamérica, de la que ahora se cumplen 50 años, son fruto de un tiempo y un lugar muy concretos. De ellos, nace una Iglesia cercana a los pobres y que se solidariza con ellos en la lucha por la justicia. «Medellín 68 tuvo la destreza y el coraje de mirar la situación de empobrecimiento del continente latinoamericano», asegura el teólogo y coordinador de la revista Éxodo, Evaristo Villar. Asimismo, también «cayó en la cuenta de que era un continente con una acritud enorme debido a las políticas de seguridad nacional que imponían las juntas militares», continúa Villar.

En efecto, esta situación de vio- lencia y de guerra prácticamente soterrada la recoge el historiador recientemente fallecido Josep Fontana: «Después de 1961, Esta- dos Unidos optó por establecer alianzas permanentes con los mi- litares latinoamericanos, a los que proporcionaba armas y apoyo. Se organizaron cursos para ellos en las escuelas militares del norte, y sobre todo en la conocida como School of the Americas» [El siglo de la revolución. Editorial Crítica,
2017].

Fontana refiere cómo a partir de ese momento se crean «grupos paramilitares de contrainsurgencia que podían actuar sin ninguna limi- tación formal»; para hacer frente a la amenaza que la izquierda llegase al poder político «se necesitaban dictaduras militares que contasen con un amplio apoyo económico
de Estados Unidos.» Así pues, el contexto de Medellín 68 es toda una secuencia de dictaduras mili- tares (Brasil, 1964 a 1985; Bolivia,
1964 a 1982; Chile, Argentina…) que sangran el Cono Sur y que obligan a la Iglesia a posicionarse y también a enfrentarse.

La Teología de la liberación, una consecuencia de Medellín, es vista con gran recelo por parte de la administración estadounidense hasta el punto de recomendarse esfuerzos para obstaculizar su cre- cimiento, como puede observarse en los Documentos de Santa Fe, redactados por la CIA entre 1980 y 1986: «La Teología de la liberación es una doctrina política disfrazada de creencia religiosa con un signifi- cado antilibreempresa y antipapal, para debilitar la independencia de la sociedad del control estatista.»

Con todo, esta situación de em- pobrecimiento y violencia, persis- te a los 50 años de Medellín: «Si bien el mundo está desarrollado en muchos aspectos, la pobreza nos rodea y se acrecienta la división frente a la concentración del capi- tal. Igualmente, hay una situación de falta de paz, con gente tan es- perpéntica como Trump y otros go- bernantes», sostiene Villar, quien defiende, por tanto, la vigencia de los postulados de Medellín. A ello se suma la defensa de la madre Tie- rra agredida y el reconocimiento de los pueblos indígenas discrimi- nados: «Seguimos teniendo prácti- camente los mismos problemas de raíz que en Medellín 68, a los que no hemos podido dar solución»,
concluye.

La inspiración de Medellín
«Nos sentimos fruto de estos importantes Documentos de Me- dellín, reconocemos la impronta que han tenido en nuestras comu- nidades, organizaciones y vidas. El compromiso con la justicia, con la paz, con los pobres, con la defen- sa de los Derechos Humanos y con “una Iglesia pobre para los pobres” que hemos vivido durante el últi- mo medio siglo es consecuencia de Medellín», admite el secretario general del Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SIC- SAL), Armando Márquez.

Este compatriota de Mons. Ós- car Arnulfo Romero, de quien fue amigo personal y compañero, ob- serva que durante estos días se ha «recordado y conmemorado a las mujeres y hombres que, por tomar- se en serio las enseñanzas que en Medellín surgieron, entregaron su vida hasta las últimas consecuen- cias; entre estos mártires ha resal- tado la figura de Mons. Romero, hemos reconocido su compromi- so con Medellín 68 y el testimonio de la Iglesia salvadoreña, rica en martirio y en la construcción de una “Iglesia en salida”», asegura Márquez.

«No podemos quedarnos sola- mente con la memoria de lo que fue Medellín. Nos puede servir de inspiración: debe llevarnos a ver lo que sucede hoy, desde la opción por los pobres, por el pan, por el pueblo, por la paz, por la madre Tierra. Juzgarlo desde nuestras categorías humanas, evangélicas. Y llevar a cabo la acción, hacer algo para transformar las cosas», explica Villar. De hecho, Medellín se ha recordado en dos eventos y en ambos se ha utilizado el méto- do Ver-Juzgar-Actuar que ideó el fundador de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), Joseph Cardijn, al cual se refería Villar.

Por un lado el Consejo Episco- pal Latinoamericano (CELAM) ha organizado el congreso eclesial “Medellín 50 años: Profecía, co- munión y participación”, en el Se- minario Conciliar de Medellín entre el 23 y el 26 de agosto pasados. En el encuentro han participado cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos y cul- minó con la celebración de una eu- caristía presidida por el cardenal Rubén Salazar Gómez, arzobispo de Bogotá y presidente del CELAM.

En el marco de este congreso también se presentó el libro Obis- pos de la Patria Grande: pastores, profetas y mártires y en el cual se relacionan 21 obispos, «pastores insignes, con una vida desgastada en anuncio del Evangelio», dijo el cardenal Salazar al referirse a es- tos protagonistas de lo que se re- flexionó en Medellín 68 y que luego lo llevaron a la vida en su trabajo pastoral.

Una lectura poliédrica
«Estamos dedicados a analizar el sentido hoy de la opción por los pobres, de la búsqueda de la justi- cia y de las comunidades eclesiales de base, desde una lectura negra, indígena, de género, ecológica, ecuménica, juvenil, inspirados en aquel acontecimiento que supuso un Pentecostés para nuestra Igle- sia», escriben al papa Francisco en una misiva los organizadores del congreso “Medellín 50 años. Grito de los pobres, grito por la vida”, que se ha celebrado en el Centro Pastoral de las Hermanas de Santa Laura, de Medellín, del 27 de agosto al 1 de septiembre, presidido por el obispo de Saltillo (México), Mons. Raúl Vera.

En el encuentro han participa- do cerca de 200 personas veni- das de treinta países distintos y pertenecientes a organizaciones como SICSAL, Pax Christi, Pontifi- cia Universidad Javeriana, Padres Pasionistas, Mil Firmas por el Per- dón y otras quince más. «Han sido cuatro días de reflexión seria, de testimonios profundos, de oración y alabanza comunitaria, de análi- sis de la realidad socioeclesial, de palpar los desafíos y signos de los tiempos a través de los cuales Dios nos sigue acompañando e interpe-

lando después de 50 años de los Documentos de Medellín», relata Márquez.
Un aspecto muy presente en este encuentro ha sido el espíritu ecuménico. No en vano, Latinoa- mérica ha experimentado en las últimas décadas un crecimiento sensible del pentecostalismo, de las iglesias protestantes venidas de Estados Unidos [el Latinobaró- metro recoge que se ha pasado de un 80% de personas que se reco- nocían como católicas en 1995, al
71% en 2004]. «Por lo general, en el norte, los católicos insatisfechos vuelven la espalda a la Iglesia; en el sur, se hacen pentecostales», infiere el autor John Allen Jr. en La iglesia del futuro (San Pablo, 2016).

Villar apuesta por este encuen- tro de las diversas iglesias y op- ciones transformadoras para dar respuestas a Latinoamérica: «Debe- mos encontrarnos en la dimensión profundamente humana; todas las creencias y no creencias son nece- sarias para defender la dignidad del ser humano y de los pueblos.»

Eneste sentido, Villar subraya que la propuesta de Medellín es que «los pobres son la parte fundamental de la opción de la Iglesia. Las iglesias pueden hacer mucho desde ahí y desde el encuentro partiendo de la enorme diversidad que existe.» Y apuesta por «establecer redes entre esos movimientos, iglesias y comunidades que apuestan no tanto por el individualismo, por el dios dinero, sino por el ser humano para hacer fuerza para transformar las cosas.»

Y, finalmente, llega el momento de retornar a las Galileas cotidia- nas: «Ahora, fortalecidos con la irrupción evidente del Espíritu San- to y confortados con la experiencia de “haber sido llevados aparte a un monte alto, en donde el Señor se nos ha manifestado” (cf Mc 9.2-13; Lc 9.28-36), bajamos y regresamos a nuestras comunidades para dar a conocer la experiencia teologal vivida y comprometernos con más ahínco en la construcción de es- te Reino que es “ya, pero, todavía no”», concluye Armando Márquez.

EVARISTO VILLAR
«Seguimos teniendo prácticamente los mismos problemas que en Medellín 68 a los que no hemos po- dido dar solución»

ARMANDO MÁRQUEZ
«El compromiso con la justicia, con la paz, con los pobres, con la defensa de los Derechos Humanos que hemos vivido durante el último medio siglo es consecuencia de Medellín»

   
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