VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Cada vez se siente más y más la falta de sacerdotes y la necesidad de que la Iglesia se abra al sacerdocio femenino.
Es un fenómeno que se viene observando en la periferia de las ciudades, en aquellos lugares, donde no se puede ir fácilmente, por la escasez del servicio público.

En esos lugares, hay Colegios públicos, las mismas profesoras además de enseñar, asumen su preocupación por la formación religiosa de sus alumnos, contando con la presión de los padres de familia, y en los días de descanso voluntaria y generosamente asumen también la realización de actividades de carácter catequético, porque les sale del alma hacerlo.

Pero, y el párroco ¿Quién es?, ¿Dónde está la Parroquia? ¿Qué días, o cuántas veces va el sacerdote en la búsqueda de sus fieles? ¿Se conoce su ubicación, algún teléfono? Nadie da razón. Nadie sabe nada.

Las ciudades están creciendo de una manera acelerada y desbordante. Son familias campesinas, que llegan en busca de una mejor calidad de vida, desplazados por la violencia, buscan empleo, vivienda, que sus hijos puedan estudiar.

Son ellos terreno abonado, para que alguien con vestimenta talar, exseminaristas o sacerdotes que no aceptan el celibato de la Iglesia lleguen a estos barrios, y ofrezcan sus piadosos servicios.

De pronto salta en las noticias, que un cura falso, casó, celebró la Fracción de Pan, administró sacramentos usurpando los poderes otorgados al ministerio ordenado oficial que rige la Iglesia. Y dichos sacramentos son declarados oficialmente totalmente inválidos. Porque se están violando los Cánones y quien realice los ritos sacramentales y los quien los reciba, si no renuncia quedan excomulgados, es decir fuera de la Iglesia.

Dicha situación, es latente cada vez más y más. Dentro de la Iglesia, no se ofrecen soluciones, sino denuncias y expulsiones.

Es fácil detectar que, ante la escasez de sacerdotes, más el desgano de atender aquellos sitios, donde los recursos no alcanzan ni para el transporte, es preferible aceptar una parroquia en la ciudad y dar clases en la Universidad, o buscar un empleo que sea rentable.

Existen hermosos y apropiados documentos sobre la Pastoral a realizar, producidos por grandes teólogos y pastoralistas, aprobados por la Iglesia, pero se desconocen y están adornando los estantes de las bibliotecas de los seminarios o de alguna Casa Cural.

A lo anteriormente expuesto, añadimos el problema de la pedofilia que arrasa a pedazos la confianza en la Iglesia.

Nos encontramos en la primera fase del Sínodo de los Obispos, con la propuesta del Papa Francisco de que hacer de la Iglesia un caminar juntos en los rieles de la sinodalidad. Es decir, el desarrollo del Sínodo está en estos momentos en las Diócesis y el clero. ¿Llegará a los fieles el que preocupaciones y sugerencias cómo esta, se escuchen y se ofrezca una solución pronta y concreta?

Los laicos, ¿podrán tener la palabra, sin que se les sancione por decir la verdad, dar aportes y sugerencias?

Todo esto, inquieta, preocupa y tensa, las altas esferas donde se detenta el poder y la autoridad.

La Iglesia Pueblo de Dios, tarde que temprano, resucitará. El Evangelio será su programa a desarrollar, se organiza la formación de la Lectura Popular de la Biblia, en todos sus temas necesarios dando herramientas para apersonar al ser humano –mujeres y hombres- creyentes en el verdadero sentido de la liberación y de la dignidad de los hijos e hijas de Dios.

La Iglesia Pueblo de Dios, será una Iglesia de puertas abiertas, donde no habrá marginación, por ser hombre o mujer, ni por opción sexual, ni por color, ni distingo de preferencias, clase social o credo. Será una Iglesia en el verdadero sentir del Evangelio.

Cómo laicos preocupados/as por la Iglesia, esperamos soluciones, respuestas y propuestas. Analicemos y preguntemos ¿por qué está sucediendo lo que vemos y creemos que le hace daño a la Iglesia para llevar digna y honestamente el Evangelio, con integridad y ética?

Que el anuncio del Evangelio no sea mera simulación o apariencia, que los sacerdotes estén menos cargados de símbolos clericales, autoridad, poder, buscando títulos, levantando cuellos y engañando al Pueblo.

““Maestro”, dijo Juan, “vimos a alguien expulsando demonios en tu nombre y le dijimos que se detuviera, porque no era uno de nosotros”.

“No le detengas”, dijo Jesús. “Porque nadie que hace un milagro en mi nombre puede en el próximo momento decir algo malo de mí, porque el que no está contra nosotros, está a nuestro favor.” Marcos 7:38-40

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