Tamayo3Fuente: amerindiaenlared
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”, de la Universidad de Madrid. Sus últimos libros son: Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, 2007) y ¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan las distopías? (Biblioteca Nueva, 2018)
El 24 de abril pronuncié en la universidad Carlos III de Madrid la que llaman ultima lectio – espero que lo sea solo como ritual académico- y que yo prefiero llamar “lección jubilar”.
Presidieron tan significativa efemérides la Vicerrectora de Comunicación y Cultura, doctora Pilar Carrera, en nombre del rector que me recibió personalmente unos días después, y el decano de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación, doctor Manuel Palacio. Estuve acompañado por numerosos colegas de la Universidad Carlos III y de otras universidades, estudiantes, compañeros y compañeras de otros servicios universitarios, amigas, amigos y familiares. Muchas personas amigas de diferentes países me expresaron su deseo de acompañarme. Para todas y todos mi agradecimiento.

Mirando atrás, recuerdo que fue en 1968 cuando comencé mi actividad docente en la Escuela de Artes y Oficios de la capital de mi provincia natal, Palencia. Allí se inició mi compromiso ininterrumpido con la educación, que pasó por todos los grados de la enseñanza: primaria, secundaria y bachillerato, continuó por numerosas universidades de Europa, América Latina, Estados Unidos, África y España y culminará en la Universidad Carlos III de Madrid, donde enseño desde hace casi dos décadas y en la que actualmente soy profesor emérito. Es esta la razón por la que el decano me invitó a dictar la lección jubilar y yo acepté agradecido.

1968 fue rico en efemérides revolucionarias. Se produjo la revolución estudiantil con sus consignas “Seamos realistas, pidamos lo imposible” y “la imaginación al poder”, que tristemente no generaron los cambios esperados. Tuvo lugar la Primavera de Praga, un esfuerzo de toda la ciudadanía checa por activar un nuevo paradigma de socialismo con rostro humano bajo el liderazgo de Alexander Dubcek, que apenas duró ocho meses y fue abortado por las tropas del Pacto de Varsovia.

Ese año fue asesinado Martin Luther King, líder de las grandes movilizaciones populares en defensa de los derechos civiles de la comunidad negra. Se celebró la II Conferencia Episcopal Latinoamericana reunida en la ciudad colombiana de Medellín, acontecimiento eclesialmente revolucionario ya que se pasó de la larga y oscura noche del cristianismo colonial a la duradera y luminosa primavera del cristianismo liberador. A decir verdad, entonces no me enteré de la importancia de dichos acontecimientos. Tuvieron que pasar varios años para que fuera consciente de su significación histórica.

El acto del 24 de abril tuvo un elevado significado simbólico. No fue un acto de despedida y menos de cierre por liquidación, ya que continúo como profesor emérito y sigo participando en encuentros, cursos, conferencias y congresos por todo el mundo. Fue realmente una fiesta, un espacio de encuentro con mucha gente amiga y colega con la que he compartido – y seguiré compartiendo- experiencias, ideas y debates, para mí muy enriquecedores. Fue la expresión de una corriente cálida de amistad y sintonía intelectual. Por eso mereció la pena.

El título de la lección fue “¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan las distopías?”, un tema sobre el que ha girado buena parte de mi trabajo intelectual, mis investigaciones, mi actividad docente, mis publicaciones y mis “sueños despiertos”. Días enteros y muchas noches en vigilia he dedicado a pensar, leer y escribir en torno al juego dialéctico entre utopía y distopía bajo el signo de la esperanza no como afecto pasivo u optimismo ingenuo, sino como principio ínsito en la realidad y como docta spes.

Mi reflexión intelectual y mi práctica vital han estado guiadas por tres pensamientos lúcidos del filósofo de la utopía Ernst Bloch: Uno: “La razón no puede florecer sin esperanza, la esperanza no puede hablar sin razón”. Dos: “Sólo cuando la razón comienza a hablar, comienza de nuevo a florecer la esperanza en la que no hay falsía”. Tres: “La verdadera génesis no se encuentra al principio, sino al final, y empezará solo cuando la sociedad y la existencia se hagan radicales, es decir, cuando pongan mano en su raíz

El texto de la conferencia ha sido publicado en un libro del mismo título, que las personas asistentes tenían en sus manos. Consta de cuatro partes: la primera da cuenta de mis investigaciones sobre las utopías, las distopías y el pensamiento utópico y distópico. La segunda analiza críticamente el destierro, maltrato e incluso odio a la utopía. La tercera expone las líneas fundamentales de la antropología de la esperanza y de la filosofía utópica. La cuarta propone la rehabilitación crítica de la utopía e intenta responder a la pregunta “¿qué utopía rehabilitar”?

Como el texto es muy extenso -103 páginas + 35 de mi bibliografía-, expuse solo tres temas: 1. Pugna entre dos tipos de razón: utópica y científico-técnica. 2. La utopía en horas bajas. 3. Rehabilitación crítica de la utopía1. Siguiendo el protocolo académico, renuncié a la oratoria, que es mi género literario preferido cuando hablo en público, y leí la lección.
Al terminar la lectura, una persona me preguntó: ¿qué hacer con la utopía? ¿Qué actitud hemos de tomar las personas utópicas? Le respondí de manera espontánea recordándole el llamamiento final del “Manifiesto comunista”: “¡Proletarios del mundo, uníos!”, y terminé con esta invitación: “Utópicos y utópicas del mundo, unámonos”. La generosa y jubilosa acogida con la que fue recibida la invitación es la mejor muestra del compromiso de las personas presentes en el acto de caminar por las sendas de la esperanza en dirección a Otro Mundo Posible y de no instalarnos cómodamente en el orden establecido, que más que orden es des-orden interesado.

   
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