Adital

Acabo de volver de mi primer viaje a África. No ha sido una primera experiencia típica en el sentido de que he ido en un momento crucial para el pueblo congoleño: la celebración de las primeras elecciones democráticas en más de cuarenta años.Después de llevar varios años colaborando en el Comité de Solidaridad con África Negra de Madrid y de sentirme cada vez más unida al pueblo congoleño, aunque en la distancia, las circunstancias, el destino y como no, mi deseo interior de conocerle más de cerca, ha hecho posible el poder participar en este gran momento.

He estado en Kinshasa, la capital del país, y en Lubumbashi, la segunda ciudad en importancia, que son muy distintas. Lubumbashi, con 1.200.000 habitantes aproximadamente, es una ciudad bastante tranquila y bonita. Hay menos coches que en Kinshasa y se nota menos la falta de infraestructuras. También se aprecian intentos de mejora. Se ve gente reconstruyendo casas, arreglando carreteras, etc.

Sin embargo, Kinshasa es una enorme ciudad con más de seis millones de habitantes, caótica por la gran cantidad de coches (la mayoría en un estado deplorable, pero que a pesar de todo funcionan) y la falta de infraestructuras adecuadas (hay poquísimas carreteras en un estado pasable y todo el tráfico se concentra en ellas, ya que el resto resulta totalmente intransitable, a pesar de que ahora no es época de lluvias). ¡No puedo imaginarme cómo marchará todo cuando lleguen las lluvias y la mayoría de los barrios de Kinshasa se transformen en un enorme barrizal!

Bueno, sí puedo imaginármelo, porque he visto cómo el pueblo congoleño es un superviviente nato y no se arredra ante ninguna dificultad y seguro que podrán salir adelante como han hecho hasta ahora, a pesar de la enorme cantidad de dificultades que surgen a su paso.
Lo que más me ha impresionado en este viaje ha sido la gente. Ha habido algunos (pocos) principalmente en Kinshasa en los que he visto en su mirada (que es muy expresiva e inteligente) un cierto rechazo o resquemor, y es que no podemos olvidar que como toda colonización y quizás más en la del Congo, el trato recibido por parte de los europeos ha sido deleznable y es lógico que al vernos vengan a su memoria tantos y tantos atropellos que el hombre blanco ha cometido allí.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, la gente me ha demostrado un gran interés y simpatía. Me han preguntado el por qué me encontraba allí, qué buscaba, qué quería, cómo era el país del que venía, y en muchos casos, han demostrado tener un gran conocimiento de España (bastante mayor que el que tenemos en España de ellos y con muchos menos medios, porque la mayoría no tiene acceso a periódicos, TV o radio). Sin embargo, el pueblo congoleño es muy inteligente. Eso salta a la vista en cuanto intercambias unas cuantas palabras con ellos. Tienen una gran facilidad para los idiomas. Te entienden fácilmente o se esfuerzan por hacerlo.

Al explicarles que el motivo de mi presencia como observadora en estas elecciones era el vigilar para que no se cometiesen fraudes, para que se pudiesen celebrar con total transparencia y libertad, y sobre todo, estar a su lado en estos momentos tan importantes, su agradecimiento ha sido maravilloso. Su aceptación, completa. Luego, hemos seguido hablando de qué es la democracia, que no es sólo cuestión de votar cada cuatro o cinco años y olvidarnos (como por desgracia, llevamos tiempo haciendo en Europa), sino que es una labor diaria, de trabajo conjunto entre todos, de presionar a los políticos para que cumplan sus promesas, de colaborar todos con nuestro trabajo para que todo el país vaya hacia delante.

No les he dicho que aquí ya muchos no creen en esta democracia y que ya no van a votar, ni se interesan por nada, ni que vivimos encerrados en nuestras casas sin conocer siquiera a nuestros vecinos, eso sí con muchas cosas a nuestro alrededor, normalmente innecesarias, que hemos creado un mundo lleno de cosas, pero que ya casi nada tiene sentido para muchos y de ahí que aumenten las depresiones y las visitas a los psicólogos y psiquiatras, o a evasiones suicidas, sin sentido.

No les he dicho nada de esto porque ellos tienen todavía ilusión por vivir, en un país en el que mueren cada día muchas personas por los conflictos armados, o por sus consecuencias, por el SIDA u otras enfermedades. Con personas así, que no se rinden ante las dificultades, lo único que se puede hacer es apoyarlas y esa es la idea que me movió a colaborar con los Comités y que se ha visto fortalecida por el viaje.

En cuanto a las elecciones, me ha sorprendido y creo que a todos los observadores, lo bien que se ha desarrollado todo el proceso. Proceso que, en el caso de los observadores, comenzó con unas jornadas de formación muy exhaustivas. Los comités hemos ido de observadores junto con la sociedad civil congoleña (ONGs de derechos humanos) y a cada observador internacional se nos ha asignado un compañero congoleño. Un día antes de las elecciones hemos ido a comprobar que todos los colegios de voto habían recibido los materiales necesarios, que las listas de votantes estaban listas, etc. El día de las elecciones, fuimos una hora antes para ver cómo se preparaba todo.

El montaje de las mesas de voto, de las cabinas para el voto secreto, que se han hecho de cartón, pero que han resultado muy prácticas; de las urnas, que también había que montar y de las enormes papeletas. Una grande con las fotos de los 33 aspirantes a presidente, para que los analfabetos supiesen a quién votar. La papeleta de las legislativas, dado que tenían que llevar las fotos de los candidatos y se han presentado más de 9.000 en todo el país, ha resultado complicada de manejar. En Lubumbashi, donde estuve de observadora, se componía de cuatro grandes hojas con tres filas de fotos cada una. Sin embargo, en Kinshasa tenía seis hojas. ¡Una papeleta muy poco manejable! Y que hizo necesario el uso de urnas adicionales.

Cuando llegamos con una hora de antelación al colegio electoral, me sorprendió ver que ya había una buena fila de gente esperando para votar. Algunos habían llegado a las 3 de la mañana. La votación comenzaba a las 6 y duraba 11 horas, pero ya estaban allí desde hacía horas, porque querían votar. Se empezó con un pequeño retraso en la mayoría de los sitios por la mayor o menor dificultad a la hora de montar las urnas, cabinas de voto secreto, etc., pero todo se desarrolló sin incidentes o con incidentes de poca importancia (gente que no quería que se les manchase con tinta indeleble el dedo en señal de haber votado para controlar el fraude, gente que quería votar en ese colegio, pero no estaba inscrita, etc.).

Ha sido increíble ver lo bien que ha ido todo con la falta de medios con la que se contaba en algunos colegios (espacio inadecuado para colocar todo y para la circulación de los votantes, falta de tinta indeleble, etc.). El comportamiento de la gente fue fantástico a lo largo de todo el día. No hubo ningún incidente de importancia. Sólo en la provincia de Kasai hubo contratiempos con la quema de papeletas por parte de los seguidores de un candidato que no se ha presentado a las elecciones y que ha querido boicotearlas desde el principio, pero se resolvió celebrando las elecciones el día después.

A pesar de las presiones de algunos para que no se celebrasen estas elecciones, a pesar de que los candidatos a elegir eran los de siempre, o desconocidos para el pueblo, o candidatos sólo conocidos por el nombre de sus progenitores (Lubumba, Kasu VuVu, Mobutu), el pueblo congoleño ha tenido claro desde un principio que quería votar. Ya lo hizo masivamente durante el referéndum de su constitución y lo ha vuelto a hacer ahora, con una participación entre el 75 y el 80% en un país con malas infraestructuras y en donde la gente ha tenido que desplazarse kilómetros, en algunos casos, para acudir a votar. Y es que como dice la gente del pueblo: no nos gustan los que se presentan como candidatos, pero queremos la paz, trabajo y poder comer tres veces al día (cosa que sólo un número muy reducido de privilegiados puede hacer cada día), y por eso votamos.

Creo que lo que piden es muy poco, si tenemos en cuenta el país en el que habitan. Un país inmenso, tan grande como Europa, con enormes recursos naturales que nunca han podido ser disfrutados por el pueblo, por culpa de dictadores, políticos corruptos y la avaricia de las multinacionales. Creo que se merecen toda nuestra solidaridad y apoyo en estos momentos importantes, para que entre todos logremos que ese sueño, por fin, se haga realidad.

Tienen medios para ello: naturales (enormes recursos minerales, agua, una tierra estupenda, etc.) y personales (hay mucha gente preparada y todas las personas que se han movilizado para hacer posible estas elecciones dan clara fe de ello, con más de 60.000 observadores en todo el país, con las múltiples charlas de sensibilización e información dadas durante los últimos meses). Pero no les vendría mal un poco más de ayuda y solidaridad de este mundo del norte que sólo se mira el ombligo y que algún día, esperemos más pronto que tarde, se dará cuenta de que es necesaria la solidaridad entre los pueblos y un reparto equitativo de las riquezas de este mundo para que todos podamos vivir verdaderamente “bien”.

Si os encontráis con ánimo para colaborar en esta tarea de un mundo mejor para todos, os podéis poner en contacto con nuestros comités en la siguiente dirección: C/ Argumosa, 1 – 28012 MADRID – Tfno.: 914684954 – E-mail: madrid@umoya.org – Web: http://www.umoya.org.

   
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