VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Alandar

El midrahs es un género muy típico del judaísmo posbíblico que se apoya en el presupuesto de que la Palabra de Dios no está encadenada a las palabras humanas en que nos llega –tal como concibe el Islam la inspiración del Corán- y por eso debe ser releída y reformulada desde cada nueva situación, para no perder su impacto inicial. Abusando un poco del título, con esos desmanes que se le permiten al buen humor, me valgo de él para calificar las líneas que siguen.

“Estaba Jesús una mañana enseñando en el Templo rodeado de una gran masa de pueblo, cuando se presentaron los escribas y fariseos trayendo una mujer que había sido descubierta en adulterio. La pusieron delante de él, y le dicen: ‘Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a esta ralea. ¿Qué dices tú?’…

Jesús se inclinó hacia el suelo, y escribía con sus dedos en la tierra. Ellos volvieron a preguntar impacientes. Y, como insistían, se irguió y les dijo serenamente: ‘quien de vosotros esté sin pecado, que sea el primero en apedrearla’…

Al oír esto, todos fueron desapareciendo disimuladamente, comenzando por los más viejos. Tanto que, al final, se quedó Jesús solo con la mujer de pie, en medio. Entonces, levantando la cabeza le peguntó: ‘mujer ¿dónde están? ¿Es que no te ha condenado nadie?’. Ella respondió temblorosa: ‘nadie, Señor’. Y Jesús añadió: ‘pues tampoco voy a condenarte yo; vete y, a partir de ahora, no vuelvas a pecar’ ” (Juan 8, 1-11).

La noticia se extendió rápidamente por todo Jerusalén. Y al día siguiente, el conocido rabino Rabgoy (cuyas dos raíces hebreas significan etimológicamente “mucho” y “pueblo” o sea: muy popular), convocó una rueda de prensa donde dijo más o menos lo siguiente:

La conducta de ese presunto profeta llamado Jesús ha sido “absurda e infamante”, y constituye un desprecio imperdonable a todas las víctimas, que son tantos maridos ofendidos. Con esos gestos, Jesús pretende “acabar con la familia” mosaica que ha sido la identidad de nuestro pueblo. Voy por eso a convocar a todos los judíos bien nacidos a una gran manifestación, para salvar la dignidad de Israel eliminando a esa plaga llamada Jesús, que no sabe que, para ser un profeta, “hace falta algo más que ser judío y mayor de edad”. Y, por favor, que no nos vengan con la misericordia y el perdón porque: “oiga, mire usted”, nosotros también sabemos perdonar, pero “como Dios manda”: que esa infame hubiera pedido perdón, humillándose ante los guardianes de la Ley y aceptando la penitencia conveniente, y habría sido perdonada…

Pasado el primer día de sábado, la manifestación tuvo lugar en la gran explanada del Templo, con asistencia de Anás y Caifás, y de casi todos los miembros del Sanedrín (a excepción de algunos como Nicodemo que eran considerados bastante cobardes…). En ella se escucharon gritos como: “Jesús Nazareno, eres un carpintero” o “rabí Rabgoy, es nuestro salvador”. El rabino desechó con gesto de modestia todas esas aclamaciones y apareció sonriente en el atrio del Templo, sólo para decir: “esperamos que ese falso profeta escuche el clamor de todo un pueblo; yo estoy dispuesto a dialogar con él y ayudarle, si hace lo que yo quiero…
Cuando los discípulos llevaron a Jesús la noticia, el Maestro se limitó a comentar, pensando en la mujer que le habían presentado pocos días antes: “siempre hay razones para no entender la misericordia. Por eso Dios molesta tanto a los buenos como a los malos”.

(Del evangelio apócrifo del rabino Ben Xalom, hallado en el desierto cucufatense, en las ruinas del monasterio windosix. Su datación por el carbono 14 está por hacer todavía).

   
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