VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

INVESTIGADOR ILUSTRE
El científico, inventor y escritor británico propuso que la Tierra es un sistema capaz de autoregularse
Murió justo el día en que cumplía los 103 años de edad, el pasado martes 26
de julio. Una larga vida dedicada a la investigación científica y, en concreto,
al estudio de las relaciones entre los seres vivos y el planeta Tierra.

Químico atmosférico, inventor, escritor, ambientalista denostado por
algunos ecologistas radicalizados (defendía las centrales nucleares y no
quería que se instalasen aerogeneradores cerca de su casa en Cornualla)…
La lista de aportaciones científicas y culturales que deja James Lovelock en
beneficio de la humanidad es larga y trascendental, con un lugar destacado
para la hipótesis o teoría Gaia, con la que este ilustre científico británico
propuso por primera vez -hace más de seis décadas- que la Tierra es un
sistema con capacidad de autoregulación.

Simplificando -y pidiendo disculpas por la vulgarización de una teoría
científica más que sólida-, se podría decir que este planteamiento avanzado
hace más de medio siglo por James Lovelock -con la colaboración de la no
menos importante Lynn Margulis- sugiere que nuestro planeta es algo así
como un ser vivo que se regula para intentar mantener su estabilidad y
supervivencia.

Siguiendo con este intento de explicar la teoría Gaia de forma popular, se
podría decir también que la Tierra padece desde hace algunos siglos
una enfermedad que se llama humanidad (seres humanos).

Una teoría más actual que nunca
James Lovelock visitó en diversas ocasiones Catalunya. En una de estas
estancias, en septiembre de 2010, el creador de la teoría Gaia vaticinó que el
actual cambio climático (y Lovelock no tenía duda de la responsabilidad de
los humanos en esta crisis) estaba -en 2010- muy cerca de llegar a un punto
de no retorno.

Con un tono casi sarcástico, Lovelock afirmó entonces en la capital catalana
que “si los humanos no detenemos las agresiones contra el medio ambiente,
será Gaia –es decir, el planeta Tierra y los seres vivos que lo habitan– quien
se encargará de restablecer el equilibrio”. El problema es que, posiblemente,
para recuperar el equilibrio, Gaia deberá prescindir de algunos de sus
indisciplinados habitantes, sugirió el ya entonces más que vetereno
científico.

Lovelock ha recordado en centenares de ocasiones -como lo hizo en
Barcelona hace 12 años- que los humanos llevamos muchos años
comportándonos como un virus que ataca a la supervivencia del conjunto
del organismo (Gaia). Uno de los síntomas de esta enfermedad es
una fiebre que se llama cambio climático, resultado inequívoco del
incremento de las concentraciones de gases de efecto invernadero (dióxido
de carbono y otros) en la atmósfera provocado por actividades como la
combustión de hidrocarburos.

“Los políticos no dan señales de querer ponerse de acuerdo para detener de
raíz la enfermedad y el estado de salud de Gaia sigue empeorando”, dijo
entonces y ha repetido hasta el último de sus días James Lovelock.

Científico más que destacado
James Ephraim Lovelock nació el 26 de julio de 1919 en Letchworth Garden
City, en el Reino Unido. Se graduó como químico en la Universidad de
Manchester en 1941 y en 1948 obtuvo el doctorado en Medicina en la
Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres. En 1959 obtuvo el
título de Doctor of Science en Biofísica en la Universidad de Londres.
Después de graduarse en Manchester empezó a trabajar en el Consejo de
Investigación Médica del Instituto Nacional de Investigación Médica de
Londres.

Dentro de este periodo, trabajó cinco años –de 1946 a 1951- en la
Unidad de Investigación del Resfriado Común del Hospital Harvard de
Salisbury (Wiltshire, Reino Unido).

En 1954 recibió una beca en medicina de la Fundación Rockefeller
(Rockefeller Travelling Fellowship), que realizó en la Facultad de Medicina
de la Universidad de Harvard, en Boston (EUA). En 1958 fue profesor
visitante en la Universidad de Yale durante un periodo similar. En 1961
renunció a su puesto en el Instituto Nacional de Investigación Médica de
Londres para trabajar a tiempo completo como profesor de química en la
Facultad de Medicina de la Universidad de Baylor en Houston (Texas) donde
permaneció hasta 1964.

Durante su estancia en Texas colaboró junto con
otros colegas en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (Jet Propulsion
Laboratory) de Pasadena, California, en investigación lunar y planetaria. A A
partir de 1964 trabajó como científico independiente, aunque ha
continuado estableciendo asociaciones académicas honoríficas como
profesor visitante, primero en la Universidad de Houston y luego en la
Universidad de Reading.

James Lovelock es autor de más de 200 artículos científicos en revistas de
gran impacto, entre temas de medicina, biología, ciencia instrumental y
geofisiología. Ha creado más de 50 patentes, en su mayoría de detectores
para uso en análisis químicas. Uno de ellos, el detector de captura de
electrones, permitió avances de gran importancia en la protección del medio ambiente,
con la detección de contaminantes como los residuos de pesticidas y los compuestos
químicos que contienen halógenos y provocan el deterioro de la capa de ozono.

Aportación trascendental
Lovelock es el creador de la hipótesis o teoría Gaia y ha escrito cuatro libros pirncipales sobre este tema: “Gaia, una nueva visión de la vida sobre la Tierra” (Oxford University Press, 1979. En español: Hermann Blume, 1983), “Las edades de Gaia” (W. W. Norton, 1988. En español: Tusquets, 1993), “Gaia: una ciencia para curar el planeta” (Gaia Books, 1991. En español: Integral Cop, 1992) y “Homenaje a Gaia. La vida de un científico independiente” (2000. En español: Laetoli, 2005).

   
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