VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Atrio

Con este título ha publicado Luigi Lombardi Vallauri un espléndido libro sobre la “verdad” del cristianismo católico, del que se ha ocupado también su traductor (Antonio Duato, en este mismo foro: La Aventura de un buscador, Atrio 12, Junio 2006). Es un libro que refleja la travesía creyente de muchos de nuestros amigos y compañeros y de esa forma puede servir para situarnos ante la crisis actual de la iglesia. Así lo haré, suponiendo conocido lo que dice ya A. Duato, y proponiendo unos temas para diálogo amistoso.
1. Primera parte: “destruens” o destructora. Expone los escritos críticos del autor sobre el catolicismo, escritos por los que fue expulsado de la Universidad Católica de Milán. Sus conclusiones pueden resumirse así: “Lo específicamente católico… es el primado doctrinal del Papa y, por lo tanto, también el conjunto de lo afirmado solemnemente a lo largo de los siglos, por el Papa. Pues bien, esto específico es hoy –incluso para los católicos – ampliamente inaceptable; el Papa se ha mostrado a lo largo de los siglos mucho más infalible en errar que en acertar”.

a. Conclusión del autor. Lombardi piensa en este campo de un modo radical y cree que la única “solución” está en abandonar la iglesia institucional católica. Desde un punto de vista jurídico y racional tiene toda la razón. El “dossier” de equivocaciones papales que él ofrece resulta impresionante.

b. Propuesta del comentarista (X. Pikaza). Estoy prácticamente de acuerdo con todas las aportaciones históricas de L. Lombardi: en sentido “formal” el Papa se ha equivocada demasiadas veces… Pero eso no me aflige, sino que alegra muchísimo, porque me hace ver que la iglesia es humana. Sin embargo, quiero mantenerme en ella, porque la infalibilidad que le reconozco al Papa (es decir, al conjunto de la Iglesia) es la de proponer el camino de Jesús, que le desborda y sobrepasa. A la iglesia no le pido verdades teóricas. En cuestiones teóricas concretas, la iglesia se ha equivocado como todas las demás instituciones (incluso más veces); pero eso normal, pertenece a la condición de la historia en que está inmersa la iglesia. A pesar de eso, ella sigue manteniendo el evangelio, como “negra luz”, para emplear el lenguaje de Lombardi. Eso le pido (que me recuerde el evangelio), eso le reconozco (ella es una historia de las tareas y equivocaciones del evangelio de Jesús). En su historia me incluyo, de un modo libre y responsable, sin más “dogma” que el de ir descubriendo con ella (pero no sólo con ella, también con los creyentes de otras religiones o “filosofías”) la Vida y Luz de Dios en nuestra vida.

c. ¿Otras propuestas?. Me gustaría que otros lectores del libro propusieran otras formas de entender las “equivocaciones” de la iglesia y otras respuestas al libro de Lombardi. ¿La mejor solución sería hoy abandonar en masa la iglesia, para crear después algo parecido… o para dejar a los hombres y mujeres a la simple intemperie de su búsqueda, sin una referencia social de evangelio? A mí me sigue pareciendo bien que haya iglesia y que ella sea una “negra luz” de evangelio, conforme a un tema clásico (¡negra soy, pero hermosa…!).

2. Segunda parte: “destruens-construens” (destructora-constructora). Lombardi penetra en el tema universal, de fondo, dejando ya de lado lo católico. Se ocupa así de tres conceptos que son: Dios, alma, religión. En el contexto de sus reflexiones anteriores, Lombardi piensa que no se puede seguir aceptando un conocimiento racional de lo que implican esos conceptos; nada se puede demostrar, nada se puede, afirmar: “el estrenuo ejercicio de la razón respecto de las últimas cuestiones conduce a la indecible/irrepresentable y, por lo tanto, culmina en un “noble” ejercicio informado”. Utilizando un término del budismo “zen”, el autor afirma que estamos en un nivel de “koan”: tenemos que dejar el plano racional y pasar a un plano diferente de conocimiento, si es que de conocimiento puede hablarse.

a. Conclusión del autor. Lombardi piensa que la razón no resuelve los temas de Dios, alma y religión. Eso significa que la iglesia debe quedar en silencio, abandonar todo su andamiaje conceptual, sus dogmas, sus declaraciones, para situarse sólo ante la posibilidad de un conocimiento distinto, no racional. Hasta ahora la iglesia ha tenido demasiadas certezas, ha dicho demasiadas cosas. Si quiere “pervivir” debe morir, no decir ya nada en plano conceptual o demostrativo.

b. Propuesta del comentarista (X. Pikaza). La solución de Lombardi no es nueva: ya la propuso de algún modo, en pleno racionalismo europeo, E. Kant: “sólo encontramos razones en la práctica” y no son razones para demostrar, sino expresiones del sentido de una conducta solidaria al servicio del conjunto de los hombres. Es lo que decían nuestros abuelos: “obras son amores y no buenas razones”. Estoy convencido de que nunca, nadie, ha demostrado nada en el plano de Dios, del alma y de la religión… Pero el problema no está en que no hayan demostrado nada, sino en que hayan querido demostrarlo, tomando como guía un tipo de pensamiento filosófico de fondo aristotélico. En esa línea, también yo pienso que la época aristotélica de la iglesia, el tiempo de sus demostraciones o razones “racionales” ha pasado. Por otra parte, admiro el fondo budista de la propuesta de silencio de Lombardi, pero, dentro de mi tradición (¡yo, cristiano!), me siento más a gusto con la propuesta de Jesús que no vino a resolver ninguno de esos problemas (Dios, alma, religión), sino a vivir por y con los demás, en su propio contexto galileo y judío. Pienso que Jesús compartió un tipo de “imaginario” social y religioso con la gente de su tiempo y circunstancia. Pero no es eso lo que le define, sino lo que hizo (lo que fue y vivió) a favor de los que llamamos (en nuestro imaginario) el Reino de Dios. Jesús no demostró que hay Dios, ni demostró la existencia de un alma substancial, sino que amó intensamente a los demás, diciendo que ahí, en el amor activo, se hacía presente lo divino (en un plano no racional).

c. ¿Otras propuestas? Me gustaría que otros lectores del libro… o personas que hayan leído lo que he dicho opinen también, con Lombardi o conmigo… o de formas distintas, pues estamos ante un tema clave de este momento religioso y social. Da la impresión de que Lombadi le pide a la iglesia que demuestre lo que ella dice… pero eso es imposible, según los argumentos del mismo Lombardi.

3. Tercera parte “construens” (constructora). Lombardi dice que “debería trazar caminos hacia una posible utilización sapiencial de la mente, hacia una tierra prometida que empezando justamente en los límites del arribaje apofático de la razón se ofreciera como un Más allá en el que experiencialmente adentrarse”. Pues bien, Lombardi deja esta parte casi vacía “porque quisiera que de ella se ocupara la futura búsqueda que me queda por delante”

a. Conclusión del autor. Lombardi ofrece un minicredo hecho de pequeñas sentencias, como los “haikus” del budismo, pero en sentido muy occidental: “Que mi vida haga aumentar la belleza de la historia del ser… Que mi vida sea una vida según vocación… Lo esencial es vivir en amor…. Lo esencial es poetizar la existencia…Me inclino ante ti, hombre cualquiera, joya de la mente espiritual que brillas en la flor de loto del cuerpo cósmico”. Así queda el autor en silencio ante el silencio, en línea más bien meditativa.

b. Propuesta del comentarista (X. Pikaza). Me inclino ante lo que dice el autor…aunque creo que al final sabe aún muchas cosas y se atreve a ofrecer demasiadas razones… Yo guardaría aún más silencio ante Dios, ante el alma, ante la religión… Guardaría más silencio para emplear las energías de mi vida (y de la iglesia) en un camino como el de Jesús. Sólo se sabe desde dentro del compromiso a favor de los demás; sólo se conoce allí donde se ama de un modo intenso, apasionado, creador…, poniendo la vida al servicio de los que moran fuera del amor. Pues bien, en esa línea, Lombardi me parece más bien budista, lo cual no es nada malo y entra dentro de la mejor tradición italiana (recuerden el final de la novela “En nombre de la rosa”). Por mi parte, yo quisiera ser algo más cristiano: desde ese “no saber teórico”, en el que me sitúo, quisiera suscitar y promover un hacer práctico, como el de Jesús: un hacer de protesta ante los enfermos y expulsados de nuestra sociedad, un hacer apasionado al servicio de la vida… Estoy convencido de que en el fondo de ese “hacer” se alumbra una luz que nos permite incluso comprender, pero comprender haciendo, desde la “verdad del mismo hacer”; nos permite comprender “haciendo juntos” (que eso sería la iglesia, comunidad de personas que siguen queriendo hace lo que Jesús hizo y por lo que le mataron). Por eso, no puedo decir en teoría lo que es esa “verdad del hacer”, sino empezar haciendo y compartiendo, como los discípulos de Jesús, cuando se situaron ante la muerte (ante el asesinato) de su maestro y amigo.

Nadie les demostró nada, pero decidieron seguir haciendo lo que había hecho Jesús, al que mataron precisamente los enemigos de ese “hacer sabiendo” (de ese saber haciendo) y así supieron que estaba vivo. Ahí y sólo ahí puede encontrarse la infalibilidad de una “iglesia”, que no es más que la comunidad siempre frágil de aquellos que quieren vivir al servicio de los demás, en gesto de amor arriesgado, por el que corremos incluso el riesgo de que nos maten. Por eso tengo que callar, no sólo porque el silencio es más que la palabra (¡que no lo sé!), sino porque sólo mis obras (nuestras obras) son capaces de hablar y decir, en una línea de saber más alto, “toda ciencia trascendiendo”. Esta es la seguridad del que no tiene ninguna seguridad racional, como Jesús, que no la tuvo, que no logró demostrar impositivamente nada (por eso le mataron)

c. Propuesta de los lectores. Me gustaría que opinaran sobre este libro de Lombardi, sobre todo si lo han leído. Me gustaría que opinaran sobre el principio y sentido de la “verdad” cristiana, que no está en el saber teórico, ni en el dominio doctrinal, sino en un tipo de confesión que consiste sólo en “amar a Dios” (¡en silencio ante el misterio, sin decir nada!) amando apasionada y creadoramente al prójimo, hasta dejarse matar por amor. Sólo en le medida en que la iglesia sea una comunidad de testimonio de amor podrá ser portadora de una verdad de Jesús, que no es otra cosa que la infalibilidad del amor hacia los hombres. Desde el lugar donde a uno como a Jesús le matan porque ha amado de un modo generoso se plantean de otra manera algunas cuestiones sobre Dios y sobre el alma (incluso sobre la resurrección. Pero éste es el lugar de la palabra para los lectores.

   
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