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África

Áfrioca1Estamos en plenas elecciones vascas que, en esta ocasión, la fecha coincide con el aniversario de alguien que a buen seguro pasaría desapercibida, difuminada por la omnipresencia electoral: hace cuatro años en esta misma fecha, fallecía Wangari Maathai conocida sobre todo porque fue la fundadora del Movimiento Cinturón Verde (1977), su gran obra ecologista con la que logró levantar un verdadero cinturón de cuarenta y siete millones de árboles que uniría África desde el Indico al Atlántico.

Los resultados fueron espectaculares, siendo ella la responsable directa de la plantación de más de veinte millones de árboles en Kenia, su país. Y lo hizo involucrando a mujeres provenientes de zonas rurales para mejorar su calidad de vida, visto que la degradación ambiental y la pobreza eran inseparables, pero no invencibles. Su tesón la hizo merecer el apelativo cariñoso de Tree Woman (Mujer Árbol) además de ser la primera mujer africana en recibir el Premio Nobel de la Paz, en 2004.

Otra noticia más reciente sobre África ha pasado bastante desapercibida, a pesar de su importancia: La ONG “Amref Salud África” ha logrado introducir un rito alternativo a las ablaciones en algunas comunidades africanas que venían practicando la mutilación genital femenina cuando celebraban el paso de la mujer a la edad adulta. El nuevo rito consiste en el corte de pelo y el derramamiento de un poco de leche por la cabeza afeitada. Tras varios años de esfuerzos se ha logrado que unas 11.000 mujeres hayan realizado este cambio con el visto bueno de los líderes indígenas y las parteras tradicionales, que son las que ejercen el corte durante la mutilación.

De nada sirve que el Parlamento Panafricano de la Unión Africana apruebe la mutilación genital si no es un órgano legislativo sino consultivo. En Kenia se abolió esta práctica en 2011 pero el efecto ha sido pequeño, apenas un 11%. Hace falta algo más, a personas comprometidas que trabajen en lo que los Estados no buscan: soluciones que no vulneren los derechos fundamentales de la vida, la salud y la educación de las mujeres. Es tremendo que este arraigo ancestral de la extirpación total o parcial de los genitales externos femeninos busque mitigar el placer sexual para asegurarse la fidelidad, en la creencia de que son órganos sucios y antiestéticos. Y pensando además que llevar a cabo esta práctica aumenta la fertilidad y hace el parto más seguro.

La realidad es que hace el parto más difícil y con riesgo de sufrir hemorragias, infecciones, la obstrucción del tracto urinario o el contagio del SIDA. En Eritrea y Malí la ablación se realiza a niñas con menos de un año. Casi está abolida en la República del Congo pero la sufren el 98% de somalíes. Tanto enredar en África los países ricos en busca de sus materias primas, no hemos tenido tiempo de preocuparnos de estas “minucias” ¿Será el tercermundismo parte de los daños colaterales del colonialismo actual, menos ruidoso pero con mayor capacidad depredadora que el de las dos pasadas centurias?

Que el recuerdo de la señora Maathai nos anime a concienciarnos de que el desarrollo verdadero funciona trabajando la dignidad de las personas y la armonía con la naturaleza, con las inversiones necesarias para el cuidado del medio ambiente, en lugar de seguir con un crecimiento insostenible carente de una cultura del bien común. Resulta bien triste parecer un soñador cuando se afirma que la sostenibilidad exige cierta equidad social que logre en los países más pobres el derecho a expandir su huella ecológica (sus necesidades de tierra, agua, energía…) para atender sus demandas, mientras que los más ricos deben reducirla o controlarla. Es asegurarte el descrédito en los foros de resabios. Pero ahí está la realidad mundial y el tratado de libre comercio que atiende a las siglas ITTP, acechando con estas o nuevas siglas.

   
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