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Benjamín Forcano1La Navidad, cristianamente hablando, es una NAVIDAD que, abarcando todo el Occidente, se extendió también al mundo entero. Y viene resonando a través de esa cordillera interminable de más de 2.000 años. Perdura, aunque intentos de reemplazarla y cancelarla, no faltan.
Y esto no porque se tratara del nacimiento de un Niño excepcional, según se esperaba con atributos y poderes de un Todopoderoso Mesías Salvador, sino porque ese Niño nació, como uno más, de un hombre y de una mujer, – José y María- en Nazaret, un pueblo de Israel.

Se trataba de un niño, tan igual a todos, que quienes lo conocieron y con él convivieron a través de su cotidiana vida en Nazaret, nunca sospecharon que pudiera ser el Mesías. Hasta sus mismos padres y hermanos estuvieron lejos de alimentar semejante opinión.
Tan es así, que cuando Jesús comienza a mostrarse en público, frecuentando las sinagogas de Galilea y hablando en ellas, arma un gran revuelo.
El evangelista Marcos narra que Jesús, ya con 30 años, deja su pueblo y recorre pueblos y sinagogas proclamando: “Se ha cumplido el plazo, ya llega el reinado de Dios. Enmendáos y creed la buenas noticia” (Mr 1, 14-15).

La gente le va escuchando y estupefactos se preguntan unos a otros: ¿No es este un nuevo modo de enseñar, con autoridad, pues da órdenes a los espíritus inmundos y le obedecen?
Su fama se va extendiendo y al llegar a un pueblo le esperaban agolpados, dejando a todos atónitos: “Nunca hemos visto cosa igual”.
El revuelo armado cundía sobre todo en su pueblo:
-“¿De dónde saca éste ese saber y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¡Si su madre es María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas! ¡Si sus hemanas viven todas aquí! ¿De dónde entonces saca todo esto “ ( Mt 13, 55-5).
El padre de Jesús era José, un vecino corriente, que no le ha deparado carrera, estudios ni títulos especiales. ¿De dónde, pues, que venga ahora mostrándose con sabiduría y misión tan singulares como las que anuncia? No, este muchacho no está bien, debe ser vuelto a su vida normal.

Marcos cuenta que Jesús, en una de esas correrías, va a su casa y “Se juntó de nuevo tanta gente que no lo dejaban ni comer. Sus parientes fueron a echarle mano , porque decían que no estaba en sus cabales” ( Mr 2,20). Y Lucas subraya: “Al oirle en la sinagoga, todos se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del cerro donde se alzaba su pueblo , para despeñarlo” ( Lc4,28-30).
Y, junto a sus familiares opositores, estaban también los Letrados que habían bajado de Jerusalén y decían de él tener dentro a Belcebú (Mr 7,22).
A estos , Jesús los fulmina por su pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo y para el que, dice, no hay perdón.

Los hechos demuestran hasta qué punto la mentalidad judía tenía asimilado que la venida del Mesías Salvador debía producirse con signos externos de enorme grandeza y poder , al estilo como ocurría con otros personajes ilustres de la historia.
El misterio o secreto de este Jesús, es difícil de admitir, pues en nada ha manifestado descollar sobre sus vecinos, su vida ha transcurrido en natural sintonía con los demás, observada en el día a día de su su trabajo y en el convivir con el pueblo. Nada maravilloso que lo señalara como posible Mesías.
Y, de pronto,se da a conocer con poderes sobrehumanos que deja a todos estupefactos por su enseñana, su autoridad moral, su manera de actuar, su crítica y apartamiento de muchas leyes y su gran libertad para anunciar el Reino de Dios, distinto y opuesto a lo enseñado por la clase dominante docente .
¿Será, no será el Mesías? I
Imposible deducirlo desde el contexto familiar y social que le ha rodeado: sencillo, sin ningún relieve, inadecuado a lo que se piensa debe tener un Mesías Salvador: un poder absoluto para dominar y someter a los poderosos que oprimen a Israel y frustran su soberanía nacional. Y, por alargamiento, un poder que ejerza un dominio universal sobre todos los demás pueblos y gobernantes.
El anonadamiento, la sencillez, la insignificancia social y política de Jesús, su identificación con una humanidad simple, libre de todo intento de egoísmo, explotación y dominación, son la prueba tangible – y la más escandalosa para el pensar de los grandes y poderosos de este mundo- de que la peculiaridad de su Mensaje, acompañada de impotencia e invalidez consumada en una crucifixión ignominiosa, le retraen de ser el Mesías por todos esperado.
Justo ahí, en ese vértice de anonadamiento, de fracaso absoluto como poder, surge la transnacional y universal soberanía del amor universal -Dios Padre y todos hermanos y hermanas- que inaugura la soberanía salvadora del que ama y sirve y no del que odia y manda.

Ante el enviado de Dios, la humanidad
con su sistema de relaciones positivas o negativas,
lo acepta o lo rechaza,
viviendo como hijo de Dios o como esclavo
( Jn 1,1-10)

El proyecto de la Palabra ,
que contenía todo el saber y amor de Dios,
fue nombrando todas las cosas,
hasta que, como punto final, fue el ser humano.

Y la Palabra dijo que todo lo creado era muy bueno.  

La Palabra, contenedora de la vida,
estalló  y se expandió
como fuerza original,
impulso creador,
viento poderoso,
agua vivificante,
luz  regocijante.

De la Palabra dió testimonio Juan,
pero fue ella la que,
entrando en este mundo y llegando a todos,
unos no la acogieron
y otros se adhirieron a ella,
mostrando ser nacidos de Dios.

La Palabra acampó entre los humanos,
y pudimos ver y palpar  
su ilimitada misericordia, compasiónn y ternura,
como la de Dios mismo.

Pero, los que se decían ser entendidos  de “dios”
y encargarse de sus asuntos en la tierra,
lo  clavaron en un madero
dejándolo como un hombre sin rostro.

Con Juan todos seguimos gritando:
la Palabra existía antes que nosotros,
de su plenitud hemos recibido su amor,
un amor que es el mismo amor de Dios.

Al contemplarle a él,
es cuando  nos hemos reconocido
hijos e hijas de Dios, hermanos y hermanas
y entendimos
que todos los bienes están para ser compartidos.

Amar y dar como El, es la ley de nuestra vida.  
 

NAVIDAD CRISTIANA
Jesús nació para resucitar

Benjamín Forcano

Aniversario 2018 de Jesús de Nazaret: “Os traigo una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido un Salvador” (Lc 11-12).
Después de 20 siglos de historia, marcada por la presencia de este niño, muchas cosas han cambiado en el mundo. Una de ellas, revertir la cuestión de la salvación a otros centros, el bullicio navideño gira hoy en torno a otros belenes. Las bases de la salvación jesuánica serían cuentos de otra época.
Seguirán los sabios y profetas denunciando a falsos mesías, camuflados bajo el espejismo del consumismo. Ulularán las sirenas de la avaricia de unos pocos, sembrando huracanes de ruina, miseria y llanto en los más.

Asidos a lo cierto, celebramos con gozo el nacer a la vida, no el morir. En el nacer nos viene la vida, en el morir se nos va. Pero, Jesús, el Mesías esperado, representa una novedad: su vida no acaba con la muerte, se erige imperecedera y alcanza toda su grandeza RESUCITANDO.
“El hijo del hombre”, hijo de María y José, vecino del pueblo de Nazaret, profeta, cuestiona a los poderosos guardianes de su sociedad.
Investigado, no hay duda: debe morir crucificado por blasfemo y subversivo. Y lo ejecutan creyendo haber acabado con él.

Pero ese Jesús, de quien hoy celebramos su 2018 cumpleñaos, se muestra completamente vivo. Ingresado cadáver en el sepulcro, sufre una transformación que le hace aparecer con verdadero cuerpo, con propiedades inimaginables.
Hay razón para celebrar este singular nacimiento-muerte y felicitarnos: “Si Jesús de Nazaret no hubiera resucitado, habría quedado reducido a uno de tantos personajes que se estrellaron contra el frio muro de la historia. Tal real como su muerte, fue su resurrección” (A. Torres Queiruga).
De nadie más que de él, se dijo: “Ha resucitado”. La tumba vacia y los encuentros con Jesús aparecido son aconteci- mientos reales sin los que no se pude dar razón del cristianismo.
-Y el hecho de su resurrección se debe a un Dios que Jesús llama Padre.
– Y ese mismo hecho acredita el valor de toda su vida y explica que quede constituido en el centro de la Comunidad cristiana y de la Humanidad: en su resurrección anticipa la resxtauración del mundo.

Hoy, aprovechando que la Navidad es fiesta de enorme repercusión mundial, se la reemplaza por elementos comerciales y consumistas inconmensurables. Casi en todas partes se desea, por todos, una Feliz Navidad, sin conocer la autoría, ni el significado, ni las consecuencias de quien la justifica. Una Navidad vaga, centelleante de color y alegría, utilizada con mil trucos y magias para enajenar, olvidar, entretener y ganar dinero.Y junto a esta navidad, absorvente en el Primer Mundo, el desfile cotidiano, en nuestras pantallas y ondas radiales, de miles y millones de seres humanos que no tienen donde caerse de miseria, enfermedad, hambre, persecución, ruina, sufrimiento y desesperación. ¿Cómo compaginar a la vez extremos tan opuestos, sin que se nos parta el alma y paralicemos tanta locura?

Esta Navidad no es mi Navidad, nos demandaría con razón Jesús.
No hace honor a su nombre, ni anuncia el mensaje de fraternidad, igualdad y liberación por el que le quitaron la vida.En nuestra sociedad , hay un mal supremo que Jesús maldeciría: La soberbia y prepotencia de quienes, por sí y ante sí, se declaran dueños del mundo, como si fuera ese el destino que Dios les señala, y no aspiran sino a explotarlo y dominarlo, despreciando la ley del amor, de la razón y del derecho, artífices del respeto, del diálogo, de la cooperación y de la solución pacífica.

Son muchos los que viven y transmiten el sentido auténtico de la Navidad de Jesús: son los que luchan por transformar esta sociedad tan manipulada y esclavizada, los que no se recluyen en su bienestar y egoísmo, los que tratan de poner la ciencia, la técnica, la economía y la política al servicio del bien y derechos de todos.
Cuantos ejercen el poder con tiranía y se muestran arrogantes con su dinero,no son de Dios, no son humanos, ahondan el abismo entre ricos y pobres, causan los mayores desgracias y nos alertan a no dejarnos arrebatar el secreto del Evangelio de Jesús, camino y clave para resolver la gran crisis que nos envuelve. La NAVIDAD se vuelve Navidad de Jesús si se nos reconocemos en sus palabras: “Dichosos los limpios de corazón, los sedientos de justicia , los que prestáis ayuda, los que trabajáis por la paz” (Mt 5, 1-10).
Estos sí que celebran la Navidad de Jesús, porque se centra en la justicia, el amor, la solidaridad , la libertad y el bien de todos.

   
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