VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

(Reflexiones actuales a la luz de citas de M. Romero tomadas del libro “El Evangelio de Monseñor Romero)
¡Cristo ha resucitado, Cristo vive y ésta es la gran fe y confianza, la gran espiritualidad de los pobres, este es nuestro Dios, e
En los años 65-80 en nuestro continente lo mejor (lo más evangélico) de la Iglesia latinoamericana descubrió que “nuestro Dios es el Dios de los pobres”. O dicho de otra manera: el Dios de Jesús volvió a manifestarse, a revelarse como Dios de los pobres. Millones de creyentes latinoamericanos/as re-descubrieron los relatos del Éxodo de Egipto y de Babilonia, y los entendieron en el contexto de su propia situación de explotación económica y de represión sangrienta.

Así como aquellos hebreos de hace más de 3200 años captaron que su grito por la justicia y libertad era el grito de Dios, del Dios de los pobres. Se hicieron ateos de los dioses del imperio de Egipto representados por el faraón. Siglos después, en los exilios en Asiría y Babilonia, resistieron a los dioses del imperio, y mantuvieron su fe en el Dios de los pobres que los sacó de Egipto, de la esclavitud, de la explotación, de las cadenas, de la represión, de la muerte.

En esos mismos años en El Salvador en las diferentes ramas y formas de comunidades cristianas hemos cantado “Vos sos el Dios de los pobres”, de la misa popular nicaragüense, expresando la profundidad de nuestra fe. Monseñor Romero hoy hace referencia a esa canción popular. En la realidad histórica descubrimos que “Dios invita a todos los pobres a esta mesa común por la fe, donde no hay acaparadores y a nadie le falta el conqué” y tomamos conciencia que “Dios nos manda hacer de este mundo una mesa de fraternidad, trabajando, luchando y orando juntos, compartiendo la propiedad”. Creer en el Dios de los pobres no significaba creer en un dios que desde su trono viene a resolvernos los problemas personales y estructurales. Monseñor nos dijo tantas veces que hay que arrancar de raíz esas estructuras económicas, políticas y sociales injustas. No basta tratar de aliviar síntomas de la enfermedad, sino hay que ir a la raíz, la causante de los problemas.

Monseñor Romero sigue invitándonos a vivir esa profunda espiritualidad evangélica “la gran espiritualidad de los pobres, este es nuestro Dios, el Dios de los pobres”. En el continente y en nuestro pueblo han sido miles de creyentes pobres que pusieron toda su confianza en ese Dios. Se hicieron ateos de los dioses que predicaban bienestar y lujo para los ricos, entendido como premio de parte de su dios. Cuestionaron ritos vacíos y tomaron en serio la letra de la canción “dónde, dónde encontraré al Señor”: ¡en las y los pobres! Anunciaron la buena nueva de Jesús, visitando a otras familias, formando nuevas comunidades, y se integraron en los procesos de organización popular.

Hoy en estos meses de pandemia y de tormentas tropicales, aparece nuevamente esa creencia tradicional de un dios que desea ser suplicado para intervenir y resolver nuestros problemas, que necesita (cadenas de) oraciones y plegarias para detener la pandemia, que espera rogatorias e intenciones de misas para protegernos de enfermedades y tormentas. Esa gran espiritualidad de los pobres, confiar en el Dios de los pobres que siempre está presente y no necesita ser rogado, más bien nos pide que nosotros/as seamos sus manos y sus instrumentos. Dios siempre nos cuida, pero ¿nosotros/as nos cuidamos? ¿Hacemos lo imposible para cuidar a otros/as? El Dios de los pobres siempre es presencia salvadora, pero cuenta con nosotros/as. Confiar en el Dios de los pobres se expresa hoy en nuestra responsabilidad de protegernos y proteger a los y las demás. Confiar en el Dios de los pobres es vivir compartiendo solidariamente, también el drama de la enfermedad y de la muerte. Confiar en el Dios de los pobres es amar, vivir amando, formar comunidad fraterna, y especialmente como nos recuerda siempre Santiago: “siempre hay familias más pobres, más sufridas que la nuestra”. No tengamos miedo. Dios es fiel.

Tere y Luis Van de Velde (escrito el 16 de junio de 2020)

   
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