Moceop

Parece tonto querer simplificar hasta el punto de uniformar el proceso de fe tan rico y personal que estamos recorriendo los componentes del moceop y aledaños. ¡Vivamos!
Sólo diré lo que, sin dejarme llevar de la metafísica, me vaya diciendo la memoria meditada.
HITOS O REFERENCIAS IMPORTANTES EN NUESTRO CAMINAR EN FE:

1.- DIOS CADA DÍA MÁS DESNUDO Y MENOS CONTROLABLE:

No tiene obligación de revelársete cada día ni en cada homilía. Y, sin embargo, con cuánto mimo nos trata. ¿Cómo hablar de Dios cuando uno deja de ser un «profesional» de la Palabra? ¡Como Le sientas!. ¡A veces desde el silencio misterioso y acogedor!. Sería lo del místico de Yepes: «¿Adonde te escondiste, Amado…, «habiéndome herido, salí tras Ti clamando…» Casi siempre desde el «estar con», por aquello de las mediaciones: Dios se expresa en el templo del mundo y de los otros: la alegría de Dios se trasluce en el rostro de los hermanos. LÁSTIMA que Dios tenga esas preferencias tan enigmáticas para el viandante de hoy: los pobres y los «sin»: ese 20% si hablamos de España y ese 70% si nos referimos al ámbito mundial.

2.- EN LA MARGINALIDAD ACEPTADA U OPTADA,

siempre tan gozosa como desconcertante y creativa. Es un «lugar teológico y eclesial» que genera mucha libertad y limpieza de corazón. (Conf. Nº 25 –monográfico- de «Tiempo de Hablar»). Toda Institución genera un centro y una periferia. En el centro están el poder, la visibilidad, el privilegio, la «autoritas» (externa), la lejanía. En la periferia están la servicialidad discreta, el anonimato sencillo, la vida a ras de tierra, la levadura y el grano de trigo, la decisión compartida y la cercanía a la gente en su cotidianidad: sus problemas, sus luchas y sus dichas….En la periferia de la Iglesia residen, con otros es de suponer, aquellos grupos o personas que se resisten a aplaudir muchos criterios y actuaciones de la oficialidad central. Los curas casados quieren situarse lejos del centro, en una distancia (e, incluso, disidencia) parcial y consciente.

3.- LA MUJER COMPAÑERA COMUNICA MÁS QUE LA LEY DEL CELIBATO.

Atención: he dicho “ley”. Porque en la libertad, célibe o no, tanto da: cada uno decide según su psicología, su espiritualidad (sentido del evangelio y del servicio) y la experiencia concreta que la vida le ha venido ofreciendo. Se puede cantar a Dios desde el silencio “monacal”, en el eremo o en la urbe, y desde la penetración-compenetración de la pareja que se extasía porque el amor le ha inundado. Sin nuestras mujeres seríamos menos de la mitad de lo que somos; o sea, que ellas ponen más. ¡Es lástima que esta riqueza no pueda ser reconocida públicamente por los que deciden y regulan el grado y las vías de la santidad tanto laical como presbiteral. !Así resultan de lógico-duros muchos de ellos!

4.- DISTINGUIR LAS VOCES DE LOS ECOS: CUANDO SE HABLA DEL MINISTERIO, NO TODO VALE IGUAL

Lo principal es permanente, mientras que los aspectos secundarios ceden el lugar a lo que la ciencia y la pastoral (psicología, sociología, sexualidad, aprovechamiento de los carismas, obediencia crítica…) descubren e indican. Desde que el moceop y nuestra Federación Internacional se dejaron guiar por teólogos de la categoría de Fernando Urbina, Martín Velasco, Julio Lois, Rufino Velasco y por obispos de la Iglesia como Aloisio Lorscheider, Evaristo Arns, Basilio Hume, Helder Cámara, Pedro Casaldáliga, Alberto Iniesta, Nicolás Castellanos… , hemos saboreado y proclamado que lo fundamental del presbítero –al margen de las circunstancias de estatura, color de la piel y estado de vida- es su triple pasión: por Jesús de Nazaret, por el pueblo con el que compartir vida y búsqueda y por la Comunidad a la que servir cristianamente de la forma que ella indique: desde la limpieza de los locales al discernimiento y a la Celebración de la Palabra y del Sacramento.

Lo del celibato impuesto –“si te casas no puedes ser presbítero de la comunidad”- pertenece al género de lo secundrio y va por otro lado: crea la casta sacerdotal y divide a la Iglesia en clérigos y laicos, prima la virginidad -¡impuesta!- sobre el matrimonio, deja a la comunidad sin pastores que le den el Pan-Vino de caminante y comporta gran sufrimiento a muchos sacerdotes llamados al ministerio, pero a quienes Dios no quiso dar el carisma del celibato. ¡No se puede obligar a Dios para que se cumplan nuestros proyectos!.

Por otra parte ese tipo de celibato no tiene soporte en la Biblia, ni en la Tradición que es contraria a esta práctica, ni en la Teología ya que hay muchos teólogos de mucha categoría en una postura y otra, ni en una hipotética mayor madurez espiritual del pastor porque contradice la experiencia existente, ni en un mayor servicio a la comunidad cristiana descentralizada ya que hay testigos muy serios en uno y otro lado, ni en la voluntad del pueblo creyente como demuestran las encuestas, ni en la mayor o menor santidad ya que “tan santo y tan pecador puede ser el cura casado como el célibe…, todo depende del amor que uno y otro profesen al Padre y a los hermanos…

¡Desde este ángulo de reflexión es correcto afirmar que la CELIBATO-CRACIA (el culto al celibato) es un pecado que nos recuerda aquel título del franciscano Alvar Maduel: “Si el celibat fos un pecat..”

5.- PRIMERO EL REINO Y DESPUÉS LA IGLESIA, EN FUNCIÓN DE AQUEL.

Entendemos como Reino de Dios la vida real amplia -la personal, la local y la universal- a cuyo servicio ha de estar, por fideli-dad, la Iglesia de Jesús. Por un lado, el Reino engloba a la Iglesia que no puede mostrarse como algo “aparte” ni alternativo, ni puede plantear una especie de división de trabajo entre los que se ocupan del Reino y los que se ocupan de la Iglesia. Por otro lado, admitimos que no todo lo que afecta al Reino le viene de la dinámica de la Iglesia, sino que hay otras instancias que, aunque no estén “bautizadas”, convergen en la misma dirección. No somos los cristianos los únicos que trabajamos por el Reino.

En todo caso, su papel específico le viene a la Iglesia, no de trabajar más que los otros a favor del Reino, sino de su misión de explicitar su raíz fundante: Jesucristo, servidor del ser humano, ya que es en la Iglesia donde Jesucristo es reconocido, celebrado y proclamado. De ahí que valoremos a la Iglesia y queramos seguir dentro de ella, sin caer en la tentación de aspirar a otra: la “Iglesia paralela”.

El problema se presenta cuando esta Iglesia se convierte en una referencia ausente de los problemas reales y, además, sin afán por explicitar la memoria de Jesús que queda neutralizado en base a una práctica anodina y autoritaria; explicitación de Jesucristo y preocupación por el Reino, lógicamente, han de ir unidas.

   
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